DAVID TORRES 01/09/2025
Dicen
que está de moda ser un canalla, un desalmado, un malote, pero lo cierto es que
la auténtica sensación, lo último de lo último, consiste en ser idiota. Es
difícil saber que vino antes, si el huevo de la gilipollez o la gallina de la
depravación, una discusión que se remonta por lo menos a Sócrates, quien ya
advertía que no se podía ser malo a sabiendas, que la maldad no es más que una
consecuencia de la ignorancia. Sócrates hubiese flipado mucho en nuestra época,
cuando, en lugar de una pregunta desde el Ágora, le habría caído un chaparrón
de memes, insultos, collejas virtuales y videos de gatitos. Sócrates es que no
conocía a Abascal, a Milei, a Trump o a Ayuso, y eso que salió ganando. Llega a
conocerlos y, en vez de beberse la cicuta, se corta el cuello con una piedra y
se tira desde lo alto de la Acrópolis.
Hablando
de Sócrates y de la Acrópolis, conviene recordar que el término
"idiota" proviene del griego "idiotes" y servía para
catalogar a aquellos ciudadanos que preferían no involucrarse en política, como
si la cosa no fuese con ellos. El concepto ha ido ampliándose con el tiempo y
hoy día ha triunfado en muchos otros ámbitos, aunque la periodista Sarah
Santaolalla volvió a emplearlo con su significado original en un comentario
referido a los votantes de derechas que no se molestan en contrastar
información sobre los incendios y que se tragan las mierdas dobladas. El
adjetivo molestó mucho a los académicos del PP, gente muy educada, siempre
respetuosa y precisa con el lenguaje que, en los últimos años, ha calificado al
presidente del gobierno sucesivamente de "traidor",
"cobarde", "felón", "etarra" e "hijo de
puta".
Puesto
que las discusiones etimológicas no llevan a ningún sitio, resulta más
esclarecedor analizar la conducta de un idiota y observar los mecanismos
psicológicos que lo conducen al éxito. Sospecho que el principal, si no el
único, es la confianza ciega, la absoluta seguridad en una idiotez que no
conoce vacilaciones, dudas ni desánimos. Por ejemplo, una noche iba yo con un
amigo a La Fontana de Oro, una taberna histórica cercana a la
Puerta del Sol donde todavía sirven Guiness de
grifo, cuando un tipo que subía las escaleras me preguntó a voces si sabía por
qué se llamaba así. "Claro", respondí, "es el nombre de una
novela de Galdós". El tipo, que era un Cayetano de antología, pijo desde
el rizo de la gomina hasta la punta de los mocasines, se echó a reír
estruendosamente y soltó: "De Valle-Inclán, hombre, de Valle-Inclán".
Lo
dijo con tal convicción que me hizo recular, pese a que yo estaba convencido de
que se trataba de Galdós: como que en un rincón de la taberna hay no una sino
dos figuras de cera que recuerdan al insigne escritor. Sin embargo, aquel
botarate hablaba tan imbuido de certidumbre, tan impermeable al titubeo, que
consulté el dato en el móvil para corroborar lo que ya sabía: que La
Fontana de Oro es el título de la primera novela de Galdós, publicada en 1870, donde
sale una descripción de una fonda sita en el mismo lugar que ya tenía casi un
siglo de existencia. Esa es la auténtica señal del idiota a las tres, el idiota
pata negra, el idiota a la enésima potencia: que está tan seguro de sus
gilipolleces, tan repleto de imbecilidad, que no le cabe la menor duda.
Entre
los grandes éxitos de esta moda de ser idiota destacan las vacunas, la Tierra
plana, la no llegada del hombre a la Luna, el socialismo de Adolf Hitler y la
invasión subrepticia de Europa a través del top manta. Abascal, un auténtico
especialista en el tema, soltó una idiotez tan tremenda la semana pasada que
contenía tres o cuatro idioteces más, como una carga de profundidad con varias
minas dentro estallando una detrás de otra. Que hay que hundir el Open
Arms porque es un barco negrero. Que esos negros que vienen a invadir
Europa a base de collares y camisetas están financiados por multimillonarios.
Que esos barcos negreros atraen a las multitudes de inmigrantes que se lanzan
alegremente a una patera, convencidos de que el océano es una charca y que al
otro lado les espera una paguita. No es fácil saber si detrás de estas
afirmaciones está la idiotez, la ignorancia o la maldad, quizá todo junto,
aunque dada la gran cantidad de mala gente que está compartiendo el meme
del Open Arms hundido en el fondo del mar, de lo que
no cabe duda alguna es de que ser idiota está de moda.
Comentario: A mí no me cabe la
menor duda, incluso pienso que lo de ser idiota lleva ya tiempo de moda. Para
seguir votando al PSOE o al PP se necesita ser bastante idiota. Aunque, eso sí,
los del PSOE algo miran por la gente, pero poco. En cambio, los del PP no miran
nada más que por ellos mismos, va a unas elecciones y no dicen nada de lo que
van a hacer, piensan como los tontos que el mundo lo arregla todo, que no hace
falta prometer nada, que se gana por la cara bonita (mal lo de la cara en la mayoría
de sus dirigentes pues tienen la provocación y la “mala gerol” pintada en sus
expresiones diarias). Hay tantos idiotas en este país que una gran parte de
ellos no se han enterado de que quién manda en España son los Florentino Pérez
y los del Ibex. Y en el fútbol, mejor no hablar: ahora va a resultar que los árbitros
favorecen al Atlético de Madrid … con la que llevan formada y sólo van tres
jornadas de la liga tanto el Real Madrid como el Barcelona, por este orden.
Para terminar: las vergüenzas de madridistas (todos del PP) y de culés
(todos fachillas escondidos) no paran de manifestarse, hasta el punto de que
hay que ser muy … sí eso, para llamar al presidente del gobierno con un taco de
lo más ruin y cobarde de un idiota.
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