El partido ultraderechista convierte la tragedia de una agresión en munición xenófoba, desoyendo la legalidad, desinformando a la ciudadanía y alimentando una peligrosa espiral de odio racial y sexista
En un nuevo alarde de desprecio por la legalidad y los derechos
fundamentales, Vox ha protagonizado una concentración prohibida ante el Centro
de Primera Acogida de Hortaleza para exigir el cierre de “todos los centros de
ilegales”. Aprovechando un suceso aún bajo investigación, el partido de extrema
derecha ha lanzado un discurso violento y cargado de bulos, en el que se
criminaliza la migración, se manipula el dolor de una víctima y se sustituye el
rigor por el populismo más abyecto.
Una concentración prohibida y una
estrategia conocida
Lo que sucedió este martes ante el centro de menores de Hortaleza no fue
una protesta, fue una puesta en escena planificada.
Vox eligió un escenario delicado –el entorno residencial de menores en
situación de vulnerabilidad–, una causa sensible –una presunta agresión sexual
aún no aclarada– y un lenguaje beligerante, racista y sexista para su propio
beneficio político.
La Delegación del Gobierno había prohibido la concentración por razones
evidentes: proteger a los menores residentes y evitar posibles altercados. Pero
a Vox, más preocupado por los titulares que por la ley, le bastó con comparecer
ante las cámaras para convertir un acto ilegal en una campaña propagandística.
La presencia de Rocío de Meer y de Isabel Pérez Moñino,
dos rostros conocidos del discurso ultra, confirmó que el objetivo no era
denunciar un delito, sino fabricar un enemigo, alimentar
el miedo y reforzar un relato xenófobo que asocia migración y violencia de
forma absolutamente irresponsable.
Porque cuando la portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid asegura que “las
agresiones sexuales han aumentado un 275% desde que gobierna Sánchez” o que “la
mayoría las cometen hombres extranjeros”, no solo miente sin rubor, sino que contribuye a construir una
idea del extranjero como amenaza, del migrante como depredador, y del menor no
acompañado como delincuente en potencia.
Lo que hay detrás de ese discurso no es la seguridad de las mujeres.
Es la manipulación cínica del sufrimiento real de las víctimas,
usadas como instrumento para reforzar una ideología profundamente reaccionaria.
Violencia de Estado: criminalizar la
infancia, atacar al diferente
La retórica de Vox no es nueva, pero sí cada vez más peligrosa.
Esta vez, ha sobrepasado una línea especialmente sensible: la criminalización
de menores. Menores que, en su mayoría, han cruzado fronteras huyendo de
guerras, abusos, pobreza o abandono. Menores sin familia, sin red, sin
protección. Y a ellos se les señala en mítines, se les acusa desde el estrado,
se les llama “ilegales” como si esa palabra, usada como sustantivo, no cargara
con siglos de deshumanización.
¿Qué significa pedir el cierre de todos los centros de
acogida? ¿Dónde propone Vox que vayan esos niños? ¿Qué ocurre con sus derechos
como menores?
El partido no responde. Y no lo hace porque su estrategia no está basada en
soluciones, sino en agitación. Si puede asociar a un menor extranjero con una
agresión, lo hará. Si puede utilizar un hecho aislado –todavía no juzgado– para
justificar políticas racistas, lo hará. Si puede sembrar odio desde un
micrófono, lo hará. Porque el negocio político de Vox es
el miedo.
Y si además consigue confrontar a la sociedad española contra sí misma,
dividir a barrios enteros y estigmatizar a colectivos vulnerables, todo eso
será un éxito para quienes entienden la democracia como un terreno de conquista
ideológica, no como un pacto común de derechos y deberes.
Mientras, los agresores reales –los que ejercen violencia estructural,
machista y cotidiana– siguen contando con la complicidad de quienes niegan su
existencia, de quienes, como Vox, pretenden borrar la palabra
“machismo” del diccionario, pero multiplican sus efectos en la realidad.
El Congreso, los parlamentos autonómicos y hasta las
aceras frente a los centros de acogida no deberían ser el teatro donde se
normalice el discurso del odio. Pero eso solo será posible si la
respuesta institucional, judicial y social está a la altura. Si no se actúa, si
no se denuncia con firmeza esta deriva autoritaria y deshumanizadora, no habrá
centro de menores que esté a salvo, ni democracia que no se resienta.
Comentario: A esa escoria de VOX
sólo se la puede combatir con un argumento: ¡¡¡Ignorarlos, ignorarlos e
ignorarlos!!! No yendo ningún medio de información a sus actos o
concentraciones, desaparecerán en cuatro días. Lo que se hizo, en este caso por
mandato capitalista asqueroso, con la gente de Podemos para anularlo y
recuperar sus seis millones de votos, algo que nadie había conseguido antes en
una primera convocatoria electoral. Pero, Podemos está ahí todavía. VOX no lo
aguantaría, porque viven de los medios y de los imbéciles que los publicitan
intencionadamente.
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