El presidente de la Generalitat Valencia se va a Murcia en medio de otra alerta por inundaciones en Valencia
José Antequera
29/09/2025
Como cada otoño, tras un verano asfixiante, vuelven las lluvias
torrenciales al Levante español y los
valencianos miran al cielo con el miedo en el cuerpo y con el oscuro recuerdo
de la dana de hace un año. Desbordamiento de ramblas y barrancos, cortes de
luz, colegios cerrados, calles y carreteras anegadas. Lo propio, en fin, del
nuevo escenario distópico al que nos enfrentamos por culpa del cambio climático
que algunas mentes cerriles y fanatizadas, pese a las evidencias, aún siguen
negando. La historia se repite como una maldición bíblica, la naturaleza se
empeña una y otra vez en demostrar al ser humano que va por muy mal camino, por
mucho que este año la Dana (antes gota fría) está haciendo menos daño que aquel
fatídico 29 de octubre que jamás podremos olvidar.
En las últimas horas se ha puesto en marcha el dispositivo de Protección
Civil ante la amenaza de las fuertes precipitaciones. Las autoridades estaban
avisadas y todos han vuelto a estar en sus puestos, tal como ocurrió hace un
año. Los científicos de la AEMET lanzando
sus partes meteorológicos y alertas, la Confederación midiendo el nivel de las
aguas, los bomberos y abnegados soldados de la UME con
sus cascos puestos y sus camiones calentando motores para salir pitando, la
delegada del Gobierno en el gabinete de crisis y Óscar Puente frente al monitor, con los dedos de
una mano cruzados para que la riada no se lleve por delante las vías del tren y
los de la otra tuiteando. Todo están donde tienen que estar. Todos menos él, el
hombre del Ventorro, Carlos Mazón. El domingo, el presidente de la Generalitat Valenciana decidió irse otra vez de
bares, esta vez con los demás prebostes del PP reunidos en Murcia en nueva cumbre de la demagogia contra el sanchismo.
Allí, mientras Feijóo nos
dejaba con la boca abierta con eso de que los inmigrantes son personas y no hay
que regularizarlos a todos ni tampoco “echarlos al mar” (lo dice el señor que
pacta con Vox, el partido que quiere llevar a
los barcos de la Armada al Estrecho para hundir las pateras a bombazo
limpio), Mazón se escaqueaba por segunda vez de sus responsabilidades ante una
emergencia climática. ¿Qué le pasa a este señor, le tiene miedo al agua? ¿Sufre
hidrofobia o algún trauma infantil que le lleva a salir por patas cada vez que
caen cuatro gotas? ¿Siente un pánico irrefrenable ante la idea de mojarse o
simplemente es que es un indolente, un caradura que pasa mucho de las
desgracias de su pueblo? Cada año por estas fechas, cuando llega el temporal,
él se pierde, se ausenta, se larga a alguna parte para meterse a buen
recaudo. Missing. Durante la Dana del pasado año se refugió en
la venta El Ventorro en compañía de la periodista Maribel Vilaplana. El olor a carne bien hecha y a
buenos caldos de la tierra (o sea, el aroma de la dolce far niente, la dulzura de
no hacer nada o el placer de la ociosidad) lo hechizó mientras sus paisanos se
ahogaban porque a él se le pasó darle al botoncito de la alerta roja a los
teléfonos móviles. Esta vez se piró a Murcia (200
kilómetros), otra meca del buen yantar con sus zarangollos, michirones y
marineras. Es mucho más agradable andar de juergas y francachelas al calor de
la chimenea de una venta murciana que en el frío Cecopi rodeado de funcionarios, bomberos y
policías que huelen a sudor y a bocata de atún de dos días.
Mazón no tiene la obligación legal de estar en el puesto avanzado para
coordinar las tareas de salvamento y asistencia. Y bien mirado, casi es mejor
que no vaya, que no haga nada, que no toque nada. El año pasado el exhonorable
quiso ponerse una medalla (además del chaleco fosfi) y ya sabemos cómo terminó
la cosa. Dijo a los valencianos que el temporal se alejaba hacia la Serranía de Cuenca cuando el cielo descargaba
tropecientos litros por metro cuadrado, la mundial, el Diluvio Universal. No, mejor que este hombre desmañado
no se deje caer por el Cecopi este año, ni siquiera al caer la noche, cuando ya
era tarde. Mejor que se quede en Murcia, en la Manga,
en las montañas de Moratalla, bien
lejos, donde no pueda romper nada, planificando con Feijóo un nuevo estropicio
climático como la ruina ecológica del Mar Menor y el
trasvase contra la sequía, la guerra del agua que el PP pretende recuperar con
las viejas pancartas de “el PSOE nos roba” (borrando el nombre de Zapatero y escribiendo encima el de Sánchez).
Lo mejor que le puede pasar a los valencianos es que Mazón se pierda por
las carreteras murcianas, como se perdió hace un año por las autopistas
valencianas sin que sepamos aún dónde estuvo metido mientras los vecinos
de L’Horta Sud estaban ya con el agua al cuello. Hay
muchas cosas que hacer en Murcia mientras la gente de Valencia pasa por el
trance de otro diluvio de proporciones nilóticas. Irse a las soleadas playas
de Cartagena a degustar un caldero, o a darse unos
barros al plácido Balneario de Archena, o incluso
puede darse una vuelta por Torre Pacheco y
verse con sus amigos los ultras para enterarse de la próxima cacería contra el
inmigrante. Su amigo López Miras estará
encantado de presentarle a los líderes de Vox en la Región, que ya son los
putos amos y van camino de sorpasar al PP en las encuestas y en las urnas.
Murcia es la antesala de lo que va a pasar en Valencia en poco tiempo. El
triunfo de la antipolítica y la decadencia de la democracia por culpa de unos
señoritos incompetentes que como él se van de comilonas en el momento más
trágico de la historia. El año pasado no apretó el botón rojo de la alerta a la
población. Esta temporada de lluvias, para parecer que hace algo, la ha
activado doce horas antes, cuando un sol radiante lucía sobre Valencia. La
plaga no es la Dana, es Mazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario