Comentario: "al padre le sacaron un ojo, delante de sus hijos, a la madre le cortaron los pechos, a la niña la amputaron un pie, al niño le cortaron los dedos antes de ejecutarlos. Y luego sus verdugos se sentaron a comer". Este relato era mentira. No hubo decapitaciones de niños, ni mujeres violadas, ni mutilaciones, tal y como la investigación de Al Jazeera pone de manifiesto. En realidad, los ojos de Blinken muestran el abismo necesario para el ejercicio del poder. Los forenses o los rescatistas mintieron...pero su testimonio era necesario para capitalizar un ataque en ciernes.
Javier López Astilleros 22/09/2025
La opinión se divide, con calculada fiereza, entre quienes alegan legítima
defensa tras los ataques del Hamás el 7 de octubre y los que recuerdan el
origen delictivo del sionismo. Estos últimos son los menos, pero ejercen la
violencia con la libertad del vaquero presto a la aniquilación de toda vida
original.
Sobre Palestina se ha aplicado el mismo principio. Un ejército extranjero
experimenta con la necesidad de los "indígenas", mientras alumbra la
división política del país. Adeptos a la fracción, el resultado suele ser el
mismo desde la descomposición del califato otomano; los palestinos son férreos,
resistentes, héroes y heroínas, aunque se enfrentan a un oponente dividido y
multiplicado en unidades más pequeñas prestas a la rapiña.
Lo sucedido el 7 de octubre fue el penúltimo grito de la esquilmada
dirigencia del Hamás. Contaban con escasas horas antes de que los machacaran
desde el aire. Mientras tanto, toda la ira y la represión alucinaron sobre las
bases sionistas. Los milicianos del Hamas se dirigían a la muerte, o al menos
tenían ese convencimiento. En sus memorias aparecen los fantasmas de sus hijos,
esposas o madres asesinadas por el régimen durante estas últimas décadas. La
desesperación alimentaba la acción suicida. Sin embargo, sucedió lo improbable.
Entraron en las guarniciones con facilidad al grito de: ¡Dispáralo, por tu hermano, dispáralo! Era un
grito ahogado, preñado de ira, en una de las bases atacadas cercana a la rave.
El ataque de las milicias palestinas (Hamás y Yihad Islámica) fue por
tierra, mar y aire y pretendía humillar por unos minutos a uno de los ejércitos más dopados del mundo. Cuando se agujerearon
los muros, algunos gazatíes atravesaron los socavones con el fin de alcanzar
sus prometidas tierras expoliadas por los kibutzin desde
hace décadas. Los que alcanzaron el Parán fueron despedazados desde el aire
junto a algunos rehenes.
Esta masacre se salda con un vil crimen desde el cielo donde los palestinos
y sus rehenes son pulverizados. Hamás no iba a conquistar Yaffa (Tel Aviv).
Pretendía llamar la atención internacional, pero el sionismo aprovechó ese
agujero premeditado de seguridad para iniciar un camino que permuta su propia
ruina moral por una tierra incierta y vindicada hasta la locura. Una vez
apretado el gatillo de las milicias llegaron los medios para apuntar a
los terroristas palestinos: Han torturado a uno de los nuestros; una vez más, la civilización democrática es atacada.
Los medios adictos a la guerra y a la mentira como i24 anunciaban
el asesinato de 40 niños en el Kibutzim Kfar Azza, mientras que la clásica desinformación anglo
sionista preñaba sus portadas con imágenes de los kibutz atacados.
Biden balbuceaba como un muñeco movido por un
ventrílocuo: nunca pensé ver esto...niños decapitados...Antony Blinken, el hombre de ojos negros y
transparentes como los de un animal triste y asustado, repetía el mantra; "al padre le sacaron un
ojo, delante de sus hijos, a la madre le cortaron los pechos, a la niña la
amputaron un pie, al niño le cortaron los dedos antes de ejecutarlos. Y luego
sus verdugos se sentaron a comer". Este relato era mentira.
No hubo decapitaciones de niños, ni mujeres violadas, ni mutilaciones, tal y como la investigación de Al Jazeera pone de manifiesto.
En realidad, los ojos de Blinken muestran el abismo necesario para el ejercicio
del poder. Los forenses o los rescatistas mintieron...pero su testimonio era
necesario para capitalizar un ataque en ciernes.
La victoria estratégica alcanza a El Líbano, Siria, Irán y los
Estadillos del Golfo y la vía está expedita para la
autodestrucción: los cimientos de Al Aqsa están impregnados de
sionismo: solo falta volar su dorada cúpula junto a sus cuatro
paredes.
La arquitectura militar americana sueña con alcanzar las estepas de Asia
previa destrucción de Irán, y una pequeña franja no se puede interponer en sus
deseos. Lo sucedido en Gaza es un crimen inmenso porque la guerra no es entre
dos ejércitos, sino contra los civiles, pero en esencia, no difiere de otros
muchos crímenes cometidos por los Estados democráticos en Corea, Vietnam,
Argelia, Afganistán, Irak, Líbano y otros inciertos lugares. Palestina es el
último reducto que se interpone entre la modernidad y la fascinante nocturnidad
de los campos de petróleo y gas, de los espectros de la droga, de las noches
libanesas amenazadas con un saxo y té rojo.
Todo el orgullo de la civilización tropieza en Gaza mientras China, Rusia y
los BRICS observan la decadencia moral y la inoperancia de un ejército
completamente dopado, con toda la tecnología del crimen organizado puesta a su
disposición e incapaz de derrotar a 40.000 milicianos del Hamás. No nos
engañemos: no es posible destruir una ideología relacionada con la resistencia.
Miles se unirán al Hamás en breve.
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