Ocurrió también en Castuera (Badajoz), donde vivo y desde donde escribo. Un caso muy curioso del que salieron ilesos unos cuántos implicados por esas cosas que nadie que esté en su sano juicio se puede explicar. O cómo, en ocasiones, la Justicia se da por desaparecida y las penas irremediables se quedan en el limbo de lo inexplicable.
Sucedió que la Guardia Civil de Tráfico, en un
control rutinario, preguntó a un conductor, un hombre entrado en años (se
supone que porque no circulaba muy correctamente), dónde había renovado su
Permiso de Conducir. El Sr., sin conocimiento de que su respuesta sincera
traería cola, respondió: ¡En el Ayuntamiento! Y claro, rápidamente, los Agentes
de la Guardia Civil, totalmente sorprendidos se supone, pusieron el caso en
conocimiento del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de la localidad al
principio señalada y, es de suponer, de la Jefatura Provincial de Tráfico.
La Jueza, creo, si mal no recuerdo, que era una
Sra., titular del Juzgado -de los dos que hay en Castuera- al que correspondía
la denuncia, mandó, según tengo entendido, detener a tres personas: un
funcionario del Ayuntamiento, la titular de un Centro Médico de Reconocimientos
de Conductores y Cazadores de Quintana de la Serena (a muy pocos kilómetros de
Castuera) y a su marido que trabajaba en una Asesoría Fiscal y Laboral de
Castuera regentada por el hermano de un político muy destacado del PSOE, que,
evidentemente, conocía lo que estaba sucediendo en su negocio debido a que el
trabajador implicado en el caso era alguien de su total confianza con muchos
años de servicio en la Asesoría.
La Jefatura Provincial de Tráfico de Badajoz (se
supone acompañada de los correspondientes agentes del G.I.A.T. que velan -no
siempre, como expuse en la primera parte de esta “pieza”- por el tráfico),
cuando tuvo conocimiento del caso, mandó requisar un montón de Permisos y sus
portadores (no sólo de Castuera, sino de otros pueblos de la comarca) se vieron
obligados a hacer de nuevo los trámites para su renovación. Algo que entra
dentro de lo lógico puesto que esas personas no habían pasado el preceptivo
reconocimiento médico y, en parte, eran cómplices del “chanchullo”. Pero,
¿había más cómplices y de relevancia pública? Ahora veremos: Cuando hablé con
el funcionario del Ayuntamiento, conocido mío, que imagino estaba en libertad
provisional, éste me dijo que sabía que iba a ir a la cárcel, pero que una
administrativa de la famosa Clínica-Hospital ILEGAL de Castuera, es posible que
lo tuviera que acompañar, lo cual demuestra que no sólo en el Centro de
Quintana había “sus cosas”, sino que en Castuera también había quien cortaba el
“bacalao” del mismo modo y manera. ¡Menudo disgusto se llevaría alguien de la
Jefatura Provincial de Tráfico al saber esto!, pues ya les expliqué, en la
primera parte, que, presumiblemente (o presuntamente, si les gusta más), esa
Clínica era “protegida” por el Subjefe de Tráfico de Badajoz, Primitivo Adame
Perera, quizás, cumpliendo con el mandato político de quién lo había “colocado”
en ese puesto privilegiado de la Jefatura “sacándolo” de funcionario de
prisiones, que, al decir, era su destino hasta el cambio. ¿Cierto esto último?,
parece ser que sí, aunque difícilmente demostrable.
Poco tiempo después, cosas de la vida, me encontré
con el trabajador de la Asesoría esperando mientras se le pasaba un
reconocimiento médico a una hija suya en el Centro de mi familiar; y, como él
sabía que yo estaba enterado del caso, me contó algo que, seguramente, fue lo
que salvó a todos de ira a la trena (él, su esposa, el funcionario, y pudiera
ser, el dueño de la Asesoría y algunos otros funcionarios, estos de Justicia):
cuando la Jueza -o el Juez- lo mismo da, lo interpeló, este hombre reconoció su
culpa y dijo a Su Señoría: sé que voy a ir a la cárcel, Señoría, pero sepa Vd.
que en estos Juzgados hay quienes han renovado sus Permisos haciendo lo mismo
que las otras personas beneficiadas por el mismo sistema, y yo le diré a Su Señoría, durante el
Juicio, cuántos y quiénes son, ... y que nos expliquen el porqué de su
complicidad.
En fin, que el negocio se había beneficiado con
cómplices que no eran los simples ciudadanos normales, sino con gente de
cargos, quizás, más relevantes que el del simple funcionario del Ayuntamiento.
¿Algún Oficial del Juzgado? ¿Algún Juez o Jueza? ¿Algún Secretario/a del Juzgado?
¿Algún político de importancia Local, Provincial o Autonómico? Lo hubiéramos
sabido a no ser que pasara lo que pasó: nada de nada se volvió a saber del
posible Procedimiento Judicial. El caso, no sabemos si se archivó, se
traspapeló o se “escondió” en algún armario de esos que no se miran nunca por
los motivos que, obviamente, se pueden imaginar. De hecho, tras la jubilación
de un Oficial del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción Número Uno
(condecorado con la Orden de San Raimundo de Peñafort; increíblemente, por
cierto, pero esa es otra historia), no hace mucho tiempo, hay rumores que, de
ser ciertos, podrían aclararnos algo de este caso, pues, presuntamente, parece
ser que han aparecido sin haberse tramitado -y, por lo tanto, ya prescritos- muchos
Procedimientos, más de los debidos por el retraso judicial conocido, entre los
que pudiera estar el caso que tenemos entre manos. Aunque de poco iba a servir
ya, evidentemente.
Ha pasado el tiempo suficiente para la prescripción
de los inculpados, ya nada ni nadie los puede llevar a ese mal destino de la
cárcel (que servidor no desea a nadie que no sea merecedor de ella por algo más
que simples “irregularidades”, aunque en este caso lo de simples es un
“poquito” dudoso). Una declaración sincera puso punto y final a un delito grave
o menos grave, depende de cómo se mire, de varias personas que, incluso,
podrían haber sido otras más. Y uno se pregunta cómo siendo tan eficaces, como
parecían serlo en otros casos: ¿dónde estaban esos Agentes del G.I.A.T. y ese
Subjefe de la Jefatura Provincial de Tráfico que no se dieron cuenta de que la
denuncia de otros Agentes -cumpliendo con su obligación- se había quedado en
papel mojado?
Sí, ciertamente, ocurrió en Castuera (Badajoz). ¡Y qué
Justicia! … a veces, ¿no?
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