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A principios de 2002 el gobierno de Estados Unidos
comenzó a decir que el régimen de Sadam Husein disponía de armas de
destrucción masiva y con esa justificación comenzó un año después la invasión
ilegal de Irak para derrocarlo. La guerra provocó la muerte de 4.400 soldados
estadounidenses y de unos 300.000 iraquíes, costó entre uno y tres billones
de dólares, según las diversas estimaciones, y muy poco después se pudo
comprobar que el argumento utilizado para desencadenarla era mentira: en Irak
no había ese tipo de armas. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, el
primer ministro inglés, Tony Blair, y el presidente del gobierno español,
José María Aznar, lideraron el gran engaño. Mintieron a sabiendas a sus
pueblos para justificar la invasión y una guerra que no tuvo otro resultado
que el de poner la enorme riqueza petrolera de ese país en manos de las
grandes corporaciones estadounidenses, destruyendo para ello las
instituciones iraquíes e instalando otro régimen aún más corrupto que el de
Husein (en el plano geoestratégico, muchos analistas han dicho que quien
realmente la ganó fue Irán).
En las últimas semanas, el gobierno de Estados
Unidos difunde con especial intensidad por todos los medios que el presidente
de Venezuela, Nicolás Maduro, lidera el «cartel narcoterrorista» denominado
Los Soles. Para combatirlo, Donald Trump ha ofrecido 50 millones de dólares a
quien ofrezca información que permita detenerlo, y ha ordenado desplegar
buques de la armada estadounidense alrededor de ese país. La portavoz de la
Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró hace unos días que «Estados Unidos
está dispuesto a usar todos los elementos de su poder» para detener el flujo
de entrada de drogas procedentes de Venezuela y nadie puede descartar que,
antes o después, se lleve a cabo una invasión. Al parecer, ya no sirven los argumentos que hasta
ahora se habían utilizado para combatir al régimen venezolano. A Estados
Unidos le debe resultar complicado atacar a Maduro por ser un dictador cuando
el propio presidente de Estados Unidos prometió serlo en campaña electoral y,
desde que ganó las elecciones, ha desobedecido a los tribunales e ignorado
las leyes para despedir de sus puestos de trabajo, perseguir y castigar a quienes
lo critican o se oponen a sus políticas, ha purgado a responsables de
agencias independientes por razones ideológicas, ha desplegado las fuerzas
armadas para controlar ciudades sin base legal, ha establecido la censura en
centros de enseñanza, museos y medios de comunicación, ha atacado y
extorsionado a universidades y despachos de abogados, ha amenazado a medio
mundo, y ha sido declarado inviolable para que no pueda ser condenado por sus
delitos por un Tribunal Supremo conformado por jueces fieles nombrados por él
mismo. Ahora se recurre a este otro argumento del
narcoterrorismo para atacar a Venezuela que es mucho más endeble, aunque más
peligroso, que los demás. Como tantas veces antes, parece que el gobierno de
Estados Unidos vuelve a mentir. Según la DEA (Administración para el Control de
Drogas de Estados Unidos) «Colombia
produce alrededor del 90 % de la cocaína en polvo que llega a Estados Unidos»
y «la mayor parte de la cocaína que entra a Estados Unidos pasa por México».
Y en el último informe del Departamento de Estado sobre operaciones
antidrogas en el mundo, publicado en el pasado mes de marzo, no se
menciona al cartel de los Soles, ni el presidente Maduro aparece como
directamente relacionado con el narcotráfico. Por otro lado, si el tráfico de la cocaína produce
terrorismo y negocios ilegales, parece que lo más lógico para evitarlo sería
frenar su consumo. Sin su venta, no habría negocio, y es evidente que donde
principalmente se consume y donde habría que actuar es en Estados Unidos. Y,
por supuesto, la forma más contundente para luchar contra el daño que produce
el narcotráfico sería bloquearlo como negocio, inmovilizar el dinero que
genera, originariamente y en su gran mayoría depositado en los bancos
estadounidenses, suizos y británicos (beneficiarios, por tanto, del
narcoterrorismo), e impedir su blanqueo, igualmente realizado a través del
sistema financiero. Y, por último, no se puede olvidar que las
mafias que realmente controlan y hacen posible el negocio de la droga que
tanto parece preocupar a los líderes de Estados Unidos están allí, en su
propio país. No en Venezuela y ni siquiera en Colombia. ¿Por qué se acusa entonces ahora a Venezuela, sin
demostrar lo que se dice sobre su presidente? Mi opinión es clara. El gobierno de Estados
Unidos ha mentido siempre para defender los intereses de sus grandes
corporaciones y mafias. Lo hizo en Irak para ponerles en bandeja su petróleo
y lo hace ahora con Venezuela por la misma razón. No les preocupa que Maduro
sea un dictador (¿a cuántos otros mucho peores y más sanguinarios ha
defendido y defiende y han estado o siguen en el poder sólo gracias a su
apoyo?). Y las autoridades de Estados Unidos saben perfectamente que el
presidente de Venezuela no es un narcotraficante (o, al menos, no han podido
demostrar que lo sea), como así lo indican sus propios informes, según he
señalado más arriba. Atacan a Maduro y están empeñados en entrar a saco
en aquel país porque en Venezuela se encuentran las mayores reservas de
petróleo probadas que hay en este planeta, la cuarta mina de oro más grande
del mundo y la décima reserva de gas, entre otros recursos de gran valor. Vuelven a mentir y debes tener cuidado. No te creas
lo que te dicen (sí, empezando por lo que yo acabo de escribir aquí, si hace
falta). No te dejes engañar, infórmate, investiga y piensa por tu cuenta, y
no olvides lo que decía Francis Bacon: la duda es la escuela de la verdad. PD. Quedo a la espera del inevitable comentario que
me diga que lo que hago con este artículo es defender la dictadura de Maduro. |
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