Dijo Eurípides de Salamina: “Habla si tienes palabras más fuertes que el silencio; si no, guarda silencio”. Claro que tengo palabras más fuertes que el silencio, por eso hablo, y lo comprobarán si leen este escrito.
Como les prometí en mi comunicación del pasado 20 de
julio, “¿Es la UCO un cuerpo al servicio del PP?”, hoy voy a cumplir esa
promesa relatándoles, en la primera parte (la segunda la dejamos para la
Justicia), un caso en que esa división de la UCO, el Grupo de Investigación y
Análisis de Tráfico (G.I.A.T.) estuvo implicada y del que fui testigo directo
al tratarse de un familiar. Sencillamente, para que vean que no siempre actúan
esos “Cuerpos de Seguridad del Estado” (en este caso un Cuerpo, como la UCO,
dependiente del Ministerio del Interior que está enfocado en la investigación
de delitos relacionados con el tráfico, incluyendo tanto el tráfico de drogas
como otros tipos de contrabando) con la suficiente imparcialidad que se les supone.
Y es una lástima, porque la inmensa mayoría de los Agentes de la Guardia Civil
son un claro ejemplo de sacrificio y honradez profesional, como estamos viendo
estos días con los múltiples incendios que asolan parte de España y cómo
muestran su arrojo sin titubeos para ayudar a la gente y a los que tratan de
apagarlos. En primera línea, como debe ser y como, generalmente, es lo habitual
en la Guardia Civil de la actualidad.
Bien, vamos con el relato:
Un chico joven, aconsejado por su familiar para que
pusiera en Castuera un Centro de Reconocimientos de Conductores y Cazadores en
razón de que ya sólo exigía la ley dos facultativos en lugar de los tres de
antes, un médico y un psicólogo, se tiró “al barro”. Y tras pasar tres largos
meses para poder legalizar su negocio y tener que “entramparse” hasta la
médula, comenzó su andadura que duraría ¡siete años! Siete larguísimos años de
penurias y máximos esfuerzos trabajando sin descanso sábados, domingos y
fiestas de guardar para sacar adelante el negocio. Reitero, haciendo un gran
esfuerzo, no sólo humano sino económico, había conseguido meterse en el
“bolsillo” a la mayoría de los clientes de la comarca. Era el Centro que mejor
funcionaba y más clientes tenía de la zona, y uno de los mejores -dicho por un
inspector de Tráfico- de la provincia, sino el mejor. El que más
certificaciones emitía, y eso -como podrán ver, quedó claro luego- no gustó
demasiado a ciertos Sres. de la Jefatura Provincial de Tráfico y del G.I.A.T.,
que, presuntamente, obligados, posiblemente, por imperativo político de
intereses, “protegían”, presuntamente, a una Clínica ILEGAL de Castuera y a un
Centro del dueño de una Auto Escuela de Zalamea de la Serena, al parecer, muy
amigo del Subjefe provincial de Tráfico, por aquel entonces, Primitivo Adame
Perera.
Pero, el chico no contaba con que había “eschafado”
el negocio de esa Clínica-Hospital (así se llamaba entonces, luego cambiaría)
que atendía, además de a gente mediante iguala, a funcionarios, y donde pasaban
consultas -y otros menesteres- algún especialista del Hospital de Don
Benito-Villanueva y de otros lugares del país. Una Clínica que funcionaba con
una licencia del Ayuntamiento de, ¡no se lo pierdan!, Centro de Formación
Ocupacional, con la que estuvo hasta el año 2013 desde el año 2000 (luego,
en el 2013, el Ayuntamiento le dio otra licencia, también ilegal, de Clínica
Médica sin que cumpliera los requisitos legales establecidos para un negocio de
actividades “molestas, insalubres, nocivas y peligrosas”, con la que, por
cierto, lleva funcionando desde entonces hasta hoy día; es decir, el caciquismo
perpetuado). Clínica Ilegal a todas luces (construida sin proyecto de
arquitectura, en terrenos de equipamiento público vendidos a bajo precio por el
Ayuntamiento, con tres plantas sin ascensor y sin posibilidad de eliminación de
residuos tóxicos según el informe negativo del Arquitecto municipal, además de
otras circunstancias que, para no
explayarme, voy a omitir), pero protegida, como he señalado antes, por la
política y, como pudimos comprobar más tarde, por ese miembro de la Jefatura
Provincial de Tráfico (el Subjefe entonces, reitero, Primitivo Adame Perera) y
dos agentes del G.I.A.T., los números: L-…90-Q y X-…86-A, de los que, por
motivos de seguridad, no doy completamente sus códigos, pero que,
evidentemente, los tengo al completo para cualquier reclamación.
Pues bien, intentando ser lo más breve posible para
no agobiar, les diré lo siguiente: Mi familiar, antes de tirar la toalla en
mayo del año 2018 (había tenido que contratar, si mal no recuerdo, a siete
facultativos desde enero de ese año) sin que hubiera razón alguna conocida para
que estos se marcharan -algunos en cuestión de días- en tan sólo un mes
trabajando. Cuando supo la razón, tras un sinfín de inspecciones de Tráfico, no
daba crédito a lo que había estado pasando y que por fin supo: El antes citado
Primitivo Adame Perera y los dos agentes del G.I.A.T. que le acompañaban en las
inspecciones habían estado literalmente amenazando a los facultativos con, en
caso del mínimo error en las deficiencias que señalan los carnets de conducir
cifradas, ponerles una multa de hasta ¡20.000 €! y ¡diez años de inhabilitación
para ejercer la profesión! Con estas visas, ya me contarán que médico o
psicólogo -chicos jóvenes y algunos extranjeros- aguantaba en un Centro Médico
de Conductores y Cazadores jugándose su futuro.
Sólo añadir a este caso que, mi familiar incluso fue
detenido acusado de un delito sobre la protección de datos que él tenía
totalmente legalizada. Pero, qué curioso: cuando tiró la toalla y cerro
VOLUNTARIAMENTE -nadie lo obligó ni ninguna ley lo hizo- su Centro de Trabajo,
el Subjefe de Tráfico y sus acompañantes del G.I.A.T. retiraron esa falsa
denuncia de la protección de datos. El “intruso” había sido derrotado: la
Clínica ILEGAL de Castuera y un Centro de Zalamea, presuntos “colaboradores”,
ya podían seguir funcionando con total impunidad; y, si viene al caso, también
presuntamente, pagando sus correspondientes comisiones a estos ejemplares
funcionarios del Ministerio del Interior. Y la política a vivir con la total
tranquilidad que da quitarse de en medio a alguien que le ha sacado los colores
al rampante caciquismo de la localidad, en este caso, de Castuera (Badajoz).
En definitiva, por ahora: va a resultar -lo
terminaremos sabiendo a ciencia cierta- que sí, que es, presumiblemente,
axiomático eso de que hay en el Ministerio del Interior ciertas “cloacas” que
alguien maneja magistralmente para beneficios de las derechas del PSOE y del PP
valiéndose, presuntamente, de una posible, quizás cierta “chusma interna”, de
esos Cuerpos tan considerados y eficientes como son la UCO y su división del
G.I.A.T.
Perdón por lo que me alargado, en unos días lo de la
Justicia. Que, aviso, es sumamente interesante que conozcan dada su directa
relación con la UCO, el G.I.A.T. y, quizás, algún funcionario -o algunos- de
Justicia del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Castuera (Badajoz).
No hay comentarios:
Publicar un comentario