Comentario:
¿Qué hacemos con este narciso degenerado?
Nos
engañó con las armas de destrucción masiva y con el 11M lo que les costó a los
del PP perder las Elecciones Generales y ahora nos quiere meter en la sesera que
no existe un GENOCIDIO CLAMOROSO reconocido por la mayoría de las naciones del
mundo civilizado para defender lo indefendible. El PP, con gentuza como “el
muñeco Luciano” diciendo -más bien lanzando exabruptos impropios de una persona
y propios de una mente corrompida- mentira tras mentira volverá a perder las
Elecciones… ¡afortunadamente!
¡¡¡Fuera
de los medios este fantoche trasnochado de una puñetera vez!!!
Mientras Feijóo se esconde tras la ambigüedad, el expresidente reaparece para marcar la línea dura del Partido Popular con un discurso calcado al de la ultraderecha internacional: Israel tiene derecho a todo, incluso al exterminio
Eva Maldonado
18/09/2025
La tibieza de Alberto Núñez Feijóo ante el
genocidio en Gaza contrasta con la claridad con que José María Aznar ha salido
en defensa del Gobierno de Netanyahu. El expresidente, que ya condujo a España
a una guerra ilegal en Irak, reaparece como referente ideológico de un Partido
Popular cada vez más escorado a la derecha. Su respaldo a los crímenes del
Ejecutivo israelí no solo es una toma de postura internacional, sino también un
gesto interno de autoridad frente a un líder del PP desorientado, sin brújula y
temeroso de perder el favor de los halcones.
Aznar reaparece: ideología dura y memoria
de barro
El apoyo de José María Aznar al Gobierno de Benjamin Netanyahu no es una
anécdota ni un desliz de viejo estadista retirado. Es una declaración política meditada que busca ocupar
un vacío de liderazgo que Alberto Núñez Feijóo ha dejado abierto con su permanente
ambigüedad. En un momento en el que el mundo asiste horrorizado al castigo
indiscriminado que Israel está infligiendo a la población palestina —con
bombardeos sobre hospitales, escuelas y campos de refugiados—, el expresidente
español elige ponerse sin matices del lado del agresor.
La defensa de Netanyahu no sorprende viniendo del mismo hombre que se sentó
en las Azores junto a George W. Bush y Tony Blair para justificar una guerra en
Irak basada en mentiras fabricadas. Pero el
paralelismo va más allá del simbolismo: una vez más, Aznar se alinea con los sectores más ultras del tablero geopolítico,
aquellos que reducen la política exterior a una cruzada moral entre
“democracias” y “terroristas”.
La diferencia es que hoy el coste humano es aún más brutal, más documentado
y más evidente. Más de 30.000 muertos, la mayoría mujeres y niños, no bastan
para que el expresidente se pregunte siquiera por la proporcionalidad, por el
derecho internacional o por los crímenes de guerra. Le basta con repetir el
mantra de “Israel tiene derecho a defenderse”, una frase que en boca de la
derecha ha dejado de ser un argumento para convertirse en un cheque en blanco
para el exterminio.
Un Feijóo irrelevante ante el radicalismo
que lo tutela
Mientras Aznar pisa fuerte en los foros internacionales para bendecir la
estrategia del “ojo por miles de ojos”, Feijóo calla o
balbucea. Su indefinición sobre Gaza no es casual, sino consecuencia
de una estrategia política diseñada para no molestar a nadie,
pero que termina no representando a nadie. Ni a los
votantes que esperan humanidad y justicia, ni a las élites que reclaman firmeza
y alineamiento con los sectores más beligerantes.
La actual dirección del PP no solo ha cedido a Vox la bandera de la
agitación interna, sino que ha delegado en Aznar el
discurso internacional, como si no fueran ellos —como si no fuera
Feijóo— quienes deben responder ante una Europa que empieza a dar pasos
(tímidos) hacia el aislamiento de Israel. La foto es clara: mientras líderes
progresistas exigen alto el fuego, ayuda humanitaria y mecanismos de rendición
de cuentas, la derecha española tuerce el gesto, mira a otro
lado o aplaude. En cualquier caso, se desmarca de los valores
democráticos que dice defender.
Aznar no representa una voz nostálgica del pasado, sino el presente más incómodo del PP, ese que sigue fijando
posiciones sin pasar por las urnas ni por los órganos del partido. Su defensa
del Gobierno israelí es también una defensa de su legado, el de una política
exterior unilateral, subordinada y dispuesta a justificar lo injustificable si
quien bombardea se sienta en Washington o Tel Aviv.
En un momento de clamor humanitario global, la derecha española elige la complicidad o el silencio. Aznar pone palabras
a lo que muchos en el PP piensan, pero no se atreven a decir: que los derechos
humanos son negociables si quien los vulnera es “uno de los nuestros”. Y
Feijóo, lejos de corregir el rumbo, se deja arrastrar por quienes
ya decidieron hace décadas que las vidas árabes valen menos.
La historia juzgará a Netanyahu por sus crímenes, pero también juzgará a quienes desde Europa y España han preferido mirar hacia
otro lado o justificar la barbarie con retórica de salón. El PP, por
acción o por omisión, se está retratando. Y Aznar, una vez más, lo hace sin matices.
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