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Comentario:
Cómo me gustaría saber el potencial de Rusia, que hay quienes dicen que es
superior al de los EEUU. Y, por supuesto, el de China. |
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¿Quién puede creer que su seguridad está realmente amenazada por una isla
con apagones crónicos y 110 millones de dólares en defensa? |
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Llevo semanas sin poder dormir desde que he
descubierto que vivimos al borde del abismo. Pete Hegseth, secretario de
Defensa de los Estados Unidos, tuvo la valentía de alertarnos hace unos días:
Cuba supone una amenaza a la seguridad nacional de la Estados Unidos, primera
potencia militar del planeta. Y debió decirlo en serio porque el secretario
de Estado, Marco Rubio, lo acaba de confirmar nuevamente hace unas horas. Es impresionante. Se necesita respirar hondo y
procesar bien lo que nos están diciendo. Estamos hablando de la seguridad nacional de Estados
Unidos, un país que ha presupuestado 1,5 billones de dólares para gasto
militar en 2026; que tiene casi 1,5 millones de personas alistadas en todos
sus ejércitos y 800.000 reservistas; casi 800 bases o establecimientos
militares distribuidos en 80 países; 11 portaaviones nucleares operativos;
370 buques de combate, entre ellos 48 submarinos nucleares de ataque y 14 con
misiles balísticos; 13.000 aeronaves militares entre todas las ramas; más de
5.500 ojivas nucleares, de las cuales, unas 1.700 están desplegadas y listas
para su empleo; y 400 misiles balísticos intercontinentales.
La seguridad nacional de semejante potencia militar
se encuentra amenazada, según nos dicen, por Cuba. Una isla cuyo presupuesto militar es casi 9.000
veces menor que el de Estados Unidos; que tiene 26 veces menos personal
activo en el ejército; que dispone de un avión militar por cada 500 de
Estados Unidos; que no tiene portaaviones, ni submarinos y sólo unas decenas
(quizá 60 o 70) de patrulleras y buques ligeros, frente a los 370 de Estados
Unidos. Y, por supuesto, que no dispone ni de ojivas nucleares, ni de ninguna
base en el extranjero. Un país cuyo PIB total es 14 veces menor que el gasto
que Estados Unidos realiza sólo en sus ejércitos. A ver: ¿Puede ser verdad que una isla con esos
recursos militares tan menguados, cuyo ejército carece de suministros de
repuestos rusos desde 2022; que, sin moneda extranjera y sometida a un
bloqueo brutal, no puede importar material militar nuevo; sin industria de
defensa propia capaz de producir armamento mayor, constituye una amenaza para
la seguridad nacional de la gran potencia militar, económica y financiera del
planeta, según afirman los máximos responsables del ejército y la política
exterior estadounidenses? ¡Basta ya de mentiras! Hay que ser muy torpe para
dejarse engañar. Lo que ocurre en realidad es que Estados Unidos
necesita crear enemigos artificialmente (en Cuba, en Irán, en Venezuela o en
cualquier lugar del mundo) para robarle su riqueza y para mantener un gasto
militar billonario que no es sino el ingreso contante y sonante de las
grandes corporaciones: del complejo militar-industrial de cuyo peligro ya
advirtió el propio presidente Dwight D. Eisenhower en su discurso de
despedida en 1961. Los responsables de la administración que gobierna
Estados Unidos necesitan recurrir al miedo y a decir que su seguridad está
amenazada para justificar el expolio a otras naciones que cada día reconocen
más abiertamente y para que nadie le pregunte en su propio país por qué no
gastan ese dinero ingente en sanidad, educación o vivienda. Ya está bien de
mentiras: si no existiera Cuba, tendrían que inventarla. Llevan décadas haciendo lo mismo y por eso Cuba ha
estado entrando y saliendo de la lista de estados patrocinadores del
terrorismo al ritmo de los intereses electorales de cada administración, no
al de algún tipo de evidencia. Lo reconoció el propio gobierno de Biden
cuando la retiró de la lista al confesar que "no tenía información que
respaldara la designación", como ya ocurrió antes con Obama. Detrás de las declaraciones de Washington afirmando
que Cuba constituye una amenaza "inusual y extraordinaria", sólo
hay mentiras que revelan la extraordinaria inseguridad que sobre sí misma
siente una potencia como Estados Unidos que precisa robar y asesinar para
sobrevivir como tal. ¿Quién puede creer que su seguridad está realmente
amenazada por una isla con apagones crónicos y 110 millones de dólares en
defensa? Lo mismo que dije hace unos días cuando escribí
sobre la acusación de la fiscalía estadounidense a Raúl Castro, digo ahora
que no tengo necesidad de defender a Cuba ni a su régimen. Es otra cuestión
la que se plantea. Si Estados Unidos afirma que su seguridad nacional está
amenazada por esa isla es porque sabe que su hegemonía no descansa en la
superioridad de su modelo, sino en la capacidad de impedir que las demás
naciones del planeta sean soberanas y elijan vivir de otro modo. Lo que Trump y su administración le están diciendo
al mundo cuando declaran que Cuba es una amenaza existencial para una
potencia gigantesca como Estados Unidos es que su miedo no viene de los
misiles, ni de los ejércitos enemigos, sino de las ideas que sean diferentes
a las que defienden para ocultar para qué intereses trabajan. Y de ahí viene
su principal problema: se pueden bombardear y destruir barcos, aviones,
escuelas, hospitales... como suele hacer Estados Unidos, pero no las ideas,
los ideales y la voluntad de los pueblos. A Cuba podrán doblegarla con con la
fuerza y el terror de un ejército 9.000 veces más poderoso y con una economía
más de 250 veces más grande, como han hecho con otros países semejantes. Pero
nada podrá impedir que, antes o después, un imperio basado sobre el poder y
la fuerza de los pocos termine sucumbiendo ante la razón y la fuerza de los
muchos. |
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