Comentario:
Yolanda Díaz nos
engañó a todos, sobre todo, a los trabajadores, y ahora miren lo que está
ocurriendo en Sumar, todas están peleando por coger un sillón en el Congreso de
los Diputados y es posible que no lo coja ninguna. Traicionaron a Podemos y el
destino siempre hace justicia: ¡al carajo Sumar!
Las declaraciones de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, afirmando que el
papa León XIV es "el mejor defensor del trabajo digno en el mundo"
deberían hacernos reflexionar sobre una cuestión de fondo: ¿quién tiene la
responsabilidad de garantizar los derechos de la clase trabajadora? ¿Un líder
religioso o los poderes públicos elegidos democráticamente para hacerlo?
Resulta difícil comprender que quien ocupa el Ministerio de Trabajo, quien
dispone de instrumentos legales, presupuestarios y administrativos para
combatir la explotación laboral, mejorar las condiciones de trabajo y
garantizar el cumplimiento de los derechos de los trabajadores, presente a una
autoridad religiosa como la principal referencia en la defensa del trabajo
digno.
La afirmación recuerda inevitablemente a aquel episodio de 2012 cuando la
entonces ministra de Empleo, Fátima Báñez, agradeció a la Virgen del Rocío su
ayuda para mejorar los datos del paro. Aquellas palabras provocaron críticas y
burlas porque parecían trasladar a la intervención divina una responsabilidad
que corresponde a la acción política. Hoy ocurre algo parecido. Cambian los
protagonistas, cambia el color político, pero el mensaje de fondo es
sorprendentemente similar.
Ni la Virgen del Rocío creó empleo en 2012 ni el papa León XIV garantizará
hoy salarios dignos, jornadas justas o el cumplimiento de los convenios
colectivos. Esas responsabilidades corresponden a los gobiernos, a las
administraciones públicas y, especialmente, al Ministerio de Trabajo.
Los derechos laborales no se defienden con
sermones. Se defienden con leyes, con inspecciones, con sanciones a quienes
incumplen la normativa y con una voluntad política firme de enfrentarse a los
abusos empresariales.
Se defienden aumentando los recursos de la Inspección de Trabajo para
perseguir las horas extraordinarias no pagadas, los falsos contratos a tiempo
parcial, los salarios por debajo de convenio, la cesión ilegal de trabajadores
o los fraudes en la contratación.
La realidad cotidiana de miles de trabajadores demuestra que todavía existe
una enorme distancia entre los derechos reconocidos sobre el papel y los
derechos que efectivamente se disfrutan en los centros de trabajo. Hay
trabajadores que continúan realizando jornadas superiores a las legales,
trabajadores que cobran menos de lo que establecen los convenios colectivos y
trabajadores que siguen encontrando enormes dificultades para organizarse
sindicalmente y defender sus intereses.
Frente a esta realidad, lo que se necesita no son elogios a líderes
religiosos, sino más medios públicos para hacer cumplir la legislación laboral.
Porque los derechos no caen del cielo. Los derechos se conquistan, se legislan
y se hacen cumplir.
Además, en un Estado que constitucionalmente se define como no confesional,
resulta especialmente cuestionable que representantes públicos presenten a
dirigentes religiosos como referentes fundamentales para resolver problemas que
pertenecen al ámbito de la política y de la gestión pública. Cada ciudadano es
libre de profesar la religión que considere o de no profesar ninguna, pero las
instituciones deben actuar desde la neutralidad y desde la responsabilidad que
les corresponde.
La dignidad del trabajo no depende de la voluntad de Dios, de la Virgen ni
del Papa. Depende de la capacidad de los poderes públicos para garantizar que
la ley se cumple y de la fuerza de una clase trabajadora consciente y
organizada para defender sus derechos.
Si realmente queremos trabajo digno, menos rezos y más inspecciones. Menos
apelaciones a las autoridades religiosas y más voluntad política para
enfrentarse a quienes vulneran los derechos laborales. Porque la justicia
social no llegará por intervención divina. Llegará cuando quienes tienen la
responsabilidad de construirla decidan ejercerla plenamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario