Ana García Díaz
Desgraciadamente, miles o millones de españoles sentimos una absoluta
indignación y vergüenza al escuchar, un día tras otro, la falta de respeto, la
mala educación y la cantidad de calificativos de la peor calaña y de los más
bajos instintos que se dedican algunos de "nuestros representantes"
en el Congreso de los Diputados.
La mayoría de los ciudadanos estamos cansados y asqueados de escuchar
insultos, falsedades, mentiras, calumnias, bulos... en lugar de tomar decisiones
que mejoren la vida de los ciudadanos a los que se supone representan.
Hace una semana, hasta su Santidad el Papa les sacó los colores al
hablarles del comportamiento tan bochornoso y el mal ejemplo que están
transmitiendo a los ciudadanos del mundo en general y a los españoles en
particular.
Señores diputados, ustedes NO nos están representando. A ustedes no les
elegimos para darnos clases de odio, de mala educación, de falta de respeto y
de valores. Les votamos y les pagamos su sueldo para que trabajen en mejorar
nuestra vida, para hacer una sociedad más justa, más equitativa, una sociedad
donde todos los ciudadanos progresen y tengan derecho a vivir en condiciones
humanas básicas: alimentación, vivienda, trabajo digno, sanidad y educación
para todos.
Qué bajo han caído ustedes con su conducta; es sonrojante y vergonzante.
Su Santidad el Papa les recordó hace unos días que, en el pasado,
personajes muy importantes, científicos, historiadores, escritores... gente
inteligente, culta y educada, como Miguel de Unamuno, Gregorio Marañón,
Valle-Inclán, Ortega y Gasset, Benito Pérez Galdós, Castelar, Menéndez Pelayo,
Emilia Pardo Bazán, Ramón y Cajal, José Echegaray o Manuel Azaña, entre otros,
estuvieron sentados en los escaños que ustedes ocupan hoy.
¿Qué pensarían de ustedes si pudiesen escucharles?
REFLEXIONEN TODOS USTEDES.
No son dignos de ocupar esos sillones.
Hoy (17/06/2026), el Papa, desde su residencia de verano, ha vuelto a
hablar del escandaloso comportamiento que está ejerciendo la oposición en
nuestro país.
¿Qué entienden ustedes por prioridad nacional? ¿Tratar a los inmigrantes
como esclavos, sin derecho a sanidad, educación, transporte público o vivienda?
Los inmigrantes son seres humanos que huyen de sus países por guerras,
hambre y penurias, buscando para ellos y sus hijos una vida mejor y haciendo
aquellos trabajos que los españoles no quieren: en los invernaderos sufriendo
temperaturas de más de 40 grados, en el campo de sol a sol cobrando sueldos de
miseria, y en las casas cuidando a nuestros ancianos y a nuestros niños, a
veces sin contrato y sin derecho a vacaciones ni descanso.
¿Acaso ustedes harían esos trabajos en las mismas condiciones?
Y la mayoría de ustedes dicen que son cristianos. ¿Creen que Jesucristo
dejaría morir en el mar a los inmigrantes que vienen en pateras? ¿Creen que
Jesucristo quemaría sus casas, pegaría, insultaría e incluso mataría a esas
pobres gentes; les dejaría sin comida, sin sanidad, sin transporte, sin
vestimenta; que les devolvería de nuevo al mar en las mismas pateras?
Yo estoy segura de que NO.
Permítanme que les diga que yo, como muchos otros, entiendo que toda África
no cabe en España ni tampoco podemos dar trabajo a todos los que llegan. Pero,
en vez de insultarlos y maltratarlos una vez que están en nuestro país, ¿por
qué no les damos una formación y les preparamos para trabajar en España o
regresar a su tierra con habilidades que les puedan ser de gran utilidad,
especialmente a los jóvenes?
¿Por qué a los chicos (llamados MENAS) no se les da formación en jardinería,
albañilería, protección y cuidado de bosques, hostelería, electricidad o
informática? Muchos de ellos son hábiles e inteligentes; pueden integrarse
entre nosotros y otros volver a sus países con esos conocimientos.
Estos chicos no son responsables de las guerras ni de las hambrunas de sus
países, sino víctimas de los malos gobernantes y de las mafias que les engañan
y les quitan el poco dinero ahorrado para embarcarse en unas pateras. Estas
embarcaciones muchas veces les llevan a la muerte en el mar o a "campos de
concentración" donde sufren todo tipo de vejaciones, en lugar del paraíso
que les prometen.
Por tanto, hay que combatir y terminar con esas mafias y con esos gobiernos
que oprimen y matan de hambre a sus ciudadanos.
Europa, que se aprovechó de las materias primas y de los recursos naturales
de estos países, tiene la obligación de ayudar a estos pobres desgraciados a
los que algunos políticos, injustamente, acusan de robos, violaciones y de
quitar el trabajo a los españoles.
Por último, quería agradecer la visita del Papa —el representante de
Jesucristo en la Tierra— a nuestro país y que nos recuerde a los cristianos
seguir el ejemplo de Cristo, que protegía a los pobres, enfermos, ancianos,
niños, mujeres y a las personas más vulnerables que vienen en pateras, no en
aviones, yates o embarcaciones de lujo.
En cuanto a los políticos, les pido que no sean tan hipócritas y
desvergonzados; que tengan el mismo comportamiento, la misma educación y el
mismo respeto que tuvieron el día que su Santidad presidió el Congreso de los
Diputados.
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