Los ultras le echan las cruces a Felipe VI por haber reconocido "abusos" de los españoles durante la conquista de América
Las palabras de Felipe VI sobre
los “abusos” cometidos por los españoles durante la conquista de América han enervado a las derechas españolas.
Tanto es así que, en PP, Vox y Falange ya hay quien pide el derrocamiento de la
actual dinastía por demasiado “roja”. En el mundo conservador se han
pasado años acusando a las izquierdas de querer acabar con el Régimen del 78 y resulta que van a ser ellos, los
supuestos patriotas, los más antimonárquicos y sediciosos con el actual sistema
político, los revolucionarios que finiquiten ese invento de la Restauración que
ni les va ni les viene. Ver para creer.
Cuando Podemos llegó al poder con el
primer Gobierno de coalición de Sánchez, PP y Vox se llevaron las manos a la cabeza. Pablo Iglesias, el líder de los indignados, comunistas
y bolivarianos era, sin duda, el hombre que iba a liquidar la Constitución que los españoles nos habíamos dado
en la Transición. Y fueron ellos, los prebostes del mundo
reaccionario, quienes se postularon como los auténticos defensores de la Carta Magna frente a la amenaza del bolchevismo
republicano. Poco a poco vimos que en Podemos no había nadie con rabo y cuernos
y que de estalinistas tenían más bien poco. Ellos no pasaban de ser un grupo de
profesores, universitarios y funcionarios con inquietudes, pero escasos bríos
revolucionarios, y ellas estaban a sus cosas del feminismo, o sea mucho Simone de Beauvoir y mucha discusión teórica
bizantina sobre el movimiento queer, pero Marx ni
catarlo.
Fue así como el diablo podemita se fue disolviendo entre la frustración de
jóvenes y trabajadores que ahora, escarmentados ya de las promesas de
cambio de la formación morada, se entregan desesperados a la extrema
derecha. Hoy Podemos, por mucho que Ione Belarra se resista a aceptar la realidad y
siga disparando cainitamente contra Sumar y Yolanda Díaz, ya no es nada. Apenas una reminiscencia
del pasado, un recuerdo de lo que pudo ser y no fue, y poco más. Quienes
llegaban para asaltar los cielos del bipartidismo se han quedado en una
cuadrilla de antiguos alumnos de la Complu que se juntan en el Parlamento para
jorobar a Sánchez y aparentar que siguen
en la brecha. Jamás estuvieron a punto de darle el sorpasso al PSOE. Jamás tuvieron intención de liquidar el Régimen
del 78 para avanzar hacia la Tercera República. Y
en cuanto a sus pretendidas soflamas antimonárquicas, quedaban muy típicas como
efímeros titulares para los escasos periódicos digitales izquierdistas de
Madrid, pero en ningún momento supusieron amenaza alguna para la dinastía
Borbónica española. Todo fue un gigantesco bluf que Sánchez supo rentabilizar políticamente
y con habilidad estratégica.
La revolución antisistema de Podemos fue una cosa utópica, naíf, de patio
de colegio, nada que ver con lo que estamos escuchando en las últimas horas por
boca de destacados dirigentes de la extrema derecha de Vox y también de ese PP de Feijóo dócil, sumiso y entregado al nuevo fascismo
sin complejos. En uno y otro partido ha sentado a cuerno quemado que Felipe VI
haya reconocido los “abusos” cometidos por los españoles durante la conquista
de América. En realidad, la declaración del rey se queda más bien corta, ya que
el drama colonizador de las Indias supuso mucho más que unos cuantos “abusos”,
tal como dice el monarca: fue un genocidio en toda regla cometido por una
potencia invasora contra pueblos tecnológicamente menos avanzados (los últimos
estudios hablan del exterminio de hasta el noventa por ciento de la población
indígena original, es decir, varias decenas de millones de muertos por las
guerras, el trabajo forzoso al que fue sometida la comunidad nativa y las enfermedades
que les transmitimos). Todo ello (más el expolio del oro y las riquezas
naturales) es razón más que suficiente para que, en algún momento, el rey de
España pida perdón a nuestros países hermanos y lo haga sincera y honestamente.
Sin embargo, y aunque esa disculpa oficial de la Casa Real por las atrocidades
cometidas al otro lado del Charco no ha llegado aún ni llegará, la tímida
asunción de culpa del monarca por los “abusos” perpetrados ha quemado la sangre
patriotera de las derechas españolas. Y ya le han echado las cruces a Felipe
VI.
La portavoz de Vox, Pepa Millán,
mordiéndose la lengua para no entrar en conflicto institucional con Zarzuela, salió al paso para calificar la conquista de
América como “la mayor obra evangelizadora y civilizadora de la historia
universal”, reivindicando la labor de la Corona española y su “respeto a los
derechos y la dignidad de todos los súbditos de entonces”. La mujer debe
haberse dado tal atracón de Pío Moa y César Vidal, o sea los revisionistas al servicio de la
versión imperial y franquista del pasado, que ha perdido el contacto con la
realidad de la historia. La versión de que la conquista fue una especie de
excursión solidaria de los padres jesuitas al Nuevo Mundo, un
desembarco de alegres y fraternales oenegés a bordo de la Pinta, la Niña y la Santa María –la flotilla de la paz de aquellos
tiempos–, no se la cree ni ella. Más bien fue al contrario: hubo guerras,
crímenes horribles, violaciones, mutilaciones, ejecuciones sumarísimas, mucha
sangre y la sumisión de varios pueblos precolombinos ante el poderío militar de
la fuerza invasora.
Más duro aún que Millán fue el ultra Hermann Tertsch,
quien aseguró sentirse “estupefacto” por la versión histórica del rey alineada
con quienes “solo buscan daño y desprecio para la historia de España”. El
siempre exaltado eurodiputado tiró de demagogia barata y añadió: “Mucho abuso
hay ahora por parte de un Gobierno criminal que saquea a los españoles”.
Mientras todo eso ocurría en el Parlamento español y en Bruselas, Feijóo se
subía al carro de los patriotas indignados y calificaba de “disparate” el
discurso autocrítico del monarca, así como su presentismo al analizar los
hechos del siglo XVI con la perspectiva del siglo XXI, mientras reivindicaba su
“orgullo” por el “legado español”. Casi al mismo tiempo, Falange (faltaba Falange para completar el déjà vu guerracivilista) publicaba un meme que
daba la vuelta al mundo: un retrato de Felipe VI vestido como un rey inca o
maya sobre un letrero durísimo: “Próxima estación, exilio”. El montaje iba
acompañado de un tuit hiriente para la Casa Real: “Felipe, vete al Machu Pichu”. Tanto a unos como a otros, ya metidos en
el mismo tanque, ya perfectamente alineados y en perfecta comandita, solo les
faltó poner el retrato de Felipe VI boca abajo, tal como hacen los indepes con
los odiados Borbones.
Solo el PSOE aplaudió las palabras del rey. El PSOE siempre más papista que
el papa. Todo lo cual nos lleva a concluir que, en este momento trascendental
para el país y para el mundo, las derechas ibéricas echadas al monte ya han
roto política y sentimentalmente con la monarquía, pensando quizá en un
caudillo como sustituto, en plan Franco. Y estos no
van de broma ni son los utópicos podemitas. Hablan en serio, muy en serio, y en
cuanto puedan mandan a Felipe VI a esparragar a las ruinas de Tenochtitlán.
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