Poco antes de la Primera Guerra Mundial, cuando el olor de la guerra estaba
en el aire, uno de los defensores más prolíficos de la paz, el escritor Romain
Rolland, Premio Nobel de Literatura en 1915, escribió que la urgencia del
momento ya no permitía la circunspección analítica de la complejidad de los
factores que impulsaban la guerra. La guerra podía comenzar en cualquier
momento, incluso antes de que termináramos nuestras reflexiones. Puede que esté
completamente equivocado, pero hoy siento la misma perplejidad que asombró a
Rolland en los meses previos al inicio de la Primera Guerra Mundial. Por eso,
este texto desagradará a mis lectores habituales. Y, para complicar las cosas,
deseo ardientemente estar equivocado al escribir, a continuación, sobre la
inminencia de la guerra.
A diferencia de lo que ocurrió en guerras anteriores, menos gente en el
mundo puede declararse sorprendida cuando estallen las noticias de la próxima
guerra mundial. Es que las señales son muy evidentes y muy conocidas. Al igual
que ocurrió con los imperios anteriores, el declive del imperialismo
estadounidense será lento y violento hasta que una guerra precipite su fin. En
1914 había cuatro grandes imperios: el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el
otomano. Ninguno de ellos sobrevivió a la Primera Guerra Mundial. Quedaron los
imperios basados en colonias (británico, francés, italiano, japonés, portugués,
holandés, belga y español). Ninguno de ellos sobrevivió a la Segunda Guerra
Mundial, aunque agonizaron durante algún tiempo (el portugués, hasta 1975).
¿Qué imperios existen hoy en día? Si entendemos por imperio toda unidad
política a gran escala con un poder central que ejerce control sobre pueblos
distintos tratados de forma discriminatoria como resultado de la conquista
militar, la colonización o la presión económica, podemos afirmar que hoy en día
existen los siguientes imperios: Estados Unidos, China, Rusia, Israel y la Unión
Europea. Puede sorprender incluir a Israel en la lista, debido a su menor
escala. Pero, por otra parte, es el país que asume más directamente las formas
más antiguas de dominación imperial: la conquista militar y la colonización.
También puede sorprender que la Unión Europea sea considerada un imperio. Es un
cuasi-imperio, un imperio en formación. No lo era en sus orígenes, pero se ha
ido constituyendo como tal a medida que aumenta la asimetría política entre los
pueblos que la componen (relaciones imperiales entre países supuestamente
iguales en el reparto de la soberanía) y se prepara para agresiones militares
(aunque justificadas como defensas militares). La nueva rivalidad imperial
puede definirse así: por un lado, EE. UU., la UE e Israel; y por otro, China y
Rusia. Cada grupo tiene un líder que define una estrategia colectiva. En la
actualidad, los líderes son EE. UU. y China.
Cada grupo imperial defiende la idea de la multipolaridad mientras le
conviene para su fortalecimiento. Sigue conveniendo a China, pero ha dejado de
convenir a EE. UU. Es esta asimetría la que conducirá a la próxima guerra. Pero
los rivales evitan enfrentarse directamente durante el mayor tiempo posible.
Para ello, utilizan guerras por poder (proxy wars) con el
objetivo de debilitar al rival. La primera guerra por poder es la guerra entre
Rusia y Ucrania, una guerra alentada por EE. UU. para neutralizar a uno de los
principales aliados de China: Rusia. Mientras necesite a EE. UU. para terminar
la guerra con Ucrania, Rusia no interferirá en ninguna otra intervención
imperial estadounidense.
La segunda guerra por poder fue la guerra entre Israel y Palestina, con el
objetivo de consolidar la histórica derrota del Islam que se remonta a las
Cruzadas. Debido a esa derrota, los países islámicos siempre han estado bajo
sospecha porque su lealtad a las potencias cristianas que históricamente los
derrotaron siempre se considera una cuestión de conveniencia. La forma en que
se han comportado ante la guerra entre Israel y Palestina muestra al grupo
imperialista EE. UU.-UE-Israel que el Islam está bien neutralizado. Con una
excepción, Irán, el único Estado que se define como teocracia y que, como tal,
ve la herida de la derrota histórica como una hemorragia permanente. Irán no
puede ser neutralizado. Debe ser destruido. Lo mismo puede decirse de Cuba,
pero Cuba no tiene para China o Rusia la importancia que tiene Irán.
Por esta razón, estoy convencido de que la guerra comenzará y que Irán será
el centro de esa guerra. El problema es que Irán es mucho más fuerte que
Ucrania o Palestina, por lo que una guerra por poder contra Irán tendrá
consecuencias imprevisibles. Entre ellas, la menos imprevisible es la
generalización de la guerra cuando China concluya que, con la derrota de Irán
(que es muy probable), ya no podrá disponer de los recursos energéticos
esenciales para su expansión. Hay que tener en cuenta que China acaba de sufrir
una enorme derrota en Venezuela y que los países latinoamericanos son para
China lo que los países de Oriente Medio son para Estados Unidos. Su lealtad se
debe a la conveniencia y, además, están sometidos a una presión estadounidense
cada vez mayor para que reduzcan sus relaciones con China.
Por lo tanto, es muy probable que comience la Tercera Guerra Mundial. Como
he dicho, las señales son evidentes, pero eso no significa que no vaya a ser
una sorpresa. Al igual que Cuba es lo mismo que Gaza, pero sin bombas, la
Tercera Guerra Mundial puede comenzar por cualquier eslabón débil del
imperialismo estadounidense-europeo-israelí. Sospecho que ese eslabón débil es
el dólar como moneda de reserva mundial. La guerra comienza con la pérdida del
poder económico a escala mundial y se amplía con el colapso del capital
financiero basado en el dólar. Las bombas pueden utilizarse como causas o como
consecuencias. Solo se evitará si las reservas de oro que los países han estado
acumulando frenéticamente lo impiden. Lo dudo mucho.
¿No podemos hacer nada para evitar la
Tercera Guerra Mundial?
Sí podemos.
1-Una petición internacional, pidiendo al secretario general de la ONU,
António Guterres, que dimita inmediatamente ante la alta probabilidad de que se
produzca la guerra y la impotencia de la ONU para evitarla.
2- Salir a la calle en defensa de Cuba e Irán, como lo hicimos en defensa
de Palestina.
3-Organizar protestas frente a las embajadas de Estados Unidos, Israel y
las representaciones de la UE.
4- Teniendo en cuenta que el eslabón más repugnante (aunque no el más
débil) de la tríada EE. UU.-UE-Israel es Israel, boicotear a Israel a través del
movimiento BDS.
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