Estoy terminando "El 23F que me tocó vivir y los dos MASUFAS" y
tengo también medio pensado el primer párrafo de "Sánchez con Cercas mucho
mejor que Felipe VI con Calvo" cuando, de repente, regresan imágenes de
bombardeos que, cuando los ordena Trump y no sé si a usted le ocurre lo mismo,
aunque tenga en silencio el ruido de lo que está enseñando la pantalla, escucho
las explosiones y los gritos de dolor de unas víctimas que me imagino, pues se
habla muy poco de ellas cuando es Trump quien ordena matar, aunque, no me
duelen prendas, esta vez sí que he visto algún titular con decenas de niñas
asesinadas, una tragedia que, por sí sola, habría justificado la condena
inmediata y sin paliativos de una Ursula Von der Leyen que sí tuvo la suerte de
alcanzar la mayoría de edad.
Quizás el mensaje de Rufián preguntando si las 80 niñas asesinadas estaban
enriqueciendo uranio sirva para que más de una y de uno piensen que también les
puede pasar a sus hijas y a sus hijos.
Más preguntas: ¿Se sabe ya el número exacto de venezolanos y cubanos que
fueron asesinados, a las órdenes de Trump, por supuesto, durante el secuestro
de Maduro? ¿Ha visto alguien sus fotos sin tener que buscarlas? ¿Y las de sus
seres queridos destrozados por la tristeza?
Lo reconozco, cuando hay víctimas inocentes me da casi vergüenza hablar de
dinero, pero soy de los que piensan que Trump tiene dos objetivos: dominar
Europa y destruirla, y que nos está concediendo una prórroga para que sea lo
primero lo que nos "suceda" primero.
Por eso, estos nuevos asesinatos ordenados
por Trump, para los que está contando con la complicidad activa del genocida
Netanyahu que no duerme tranquilo desde que tuvo que reducir en más de un 90%
el número de asesinados diarios en Gaza gracias a la Flotilla (por si las
dudas, consultar las cifras antes y después), tienen como principal objetivo
debilitar aún más a unos mandatarios de este lado del Atlántico que ya no saben
qué inventar para que olvidemos las muchas maldades disfrazadas de errores que
han cometido desde que el amigo de un tal Epstein regresó a la Casa
Blanca.
¿Qué me importan las vidas de 80 niñas, o de 80.000, si consigo que el
petróleo suba únicamente en Europa, donde millones de imbéciles culparán a sus
gobiernos del precio de la gasolina votando a mis títeres en las elecciones que
se irán celebrando en sus cultas democracias?
Sí, esta es la pregunta retórica que Trump construye en su cabeza mientras
ríe por dentro, y quizás también por fuera, tras golpear una bola más en ese
Mar-a-Lago desde donde, mientras descansa bebiendo, señala en un mapamundi el
país en el que ordenará cometer los próximos asesinatos.
(Tengo que llamar a Elon para que dispare el precio de sus coches en Europa
porque, sí sigue vendiendo muchos, la subida de la gasolina no tendrá las
consecuencias políticas que me interesan) también se estará diciendo mientras
abre un paréntesis entre bola y bola el matón más mundial de todos porque sabe
que podríamos ser como él, pero hemos decidido no serlo, aunque sepamos que no
existe el Infierno.
Si cuando Hitler hubiera existido Internet, lo más probable es que la única
inteligencia que seguiría funcionando en todo el mundo sería la artificial, y
puede que unos cuantos arbustos, resistentes a cualquier intemperie, fueran el
único rastro de vida que quedaría sobre la faz de nuestro planeta. Por tanto,
la principal duda que nos falta por resolver ahora es la cantidad de parecido
que pueda existir entre aquel genocida y un Trump que siempre tendrá a su favor
al Elon Musk capaz de hacer el saludo nazi ante miles de millones.
La vida es lo principal y vuelvo a preguntarme cómo es posible que no nos
demos cuenta que siempre mueren menos personas en una guerra local que en una
internacional, y no digamos si nos embarcamos en una mundial. Si los
venezolanos o los iraníes tienen problemas con sus gobiernos, que se organicen
y los resuelvan, porque mucho peor será el resultado de una intervención
extranjera, que nunca se sabe cómo puede terminar, y es en momentos como este
cuando no podemos evitar el recuerdo de uno o varios ejércitos exteriores
que no intervinieron en cierta guerra civil, pero debieron hacerlo, pues
habrían respondido a la de otros ejércitos, también ajenos, que estaba ayudando
de manera cruel y decisiva al bando golpista. Para qué seguir con los
detalles, pues usted sabe que con su inacción en el 36 se convirtieron en
cómplices, por omisión, de unos nazis que a partir del 39 asesinaron a millones
de inocentes de sus propios pueblos.
Pensando en los poderes que dominan el mundo, siento en ocasiones que
cuando no asesinan, son cobardes y, en el mejor de los casos, se confunden.
Regreso al principio para ir terminando. Además de los dos borradores que
espero terminar algún día, con permiso de Trump, para este finde tenía unas
encuestas en papel para pasar a la Excel y también preparar el dossier de un
asunto que se remonta a las elecciones del 20D de 2015 pero que para mí sigue
bajo sospecha y que implicaría, presuntamente, por supuesto, a ese ex ministro
llamado Fernández Díaz y que, por fin, pronto será juzgado. Y no sé cuántas
cosas más en una agenda que dejo de cumplir casi todos los días desde que
Trump regresó a la Casa Blanca tras amenazar a su propio electorado con un
nuevo Capitolio si no le entregaban su confianza, ciega por supuesto, en las
urnas de noviembre del 24.
Entonces pienso que en todo el mundo debe haber cientos de miles de
personas con agendas parecidas a la mía y a quienes Trump les gusta tanto como
a mí, es decir, menos que nada, por lo que deduzco que, a muchas de ellas, los
excesos criminales con los que tanto disfruta él les provocan la misma desazón
y consiguen lo mismo: agarrotar por un tiempo nuestros cerebros, el suficiente
para que en este "campo de batalla" potencial en el que está
convirtiendo a todos los países del mundo, su "ejército" mundial de
admiradores consiga conquistar nuevas posiciones. Sí, me refiero a los
neofascistas que tanto proliferan y que declaran que harían "lo
mismo" que él y a quienes, por tanto, les gustaría que Trump repitiera en
sus países incursiones asesinas como las que ha ordenado contra Venezuela e
Irán con menos de 60 días de diferencia.
Ahora que termino, siento ganas de borrar todo lo que usted acaba de leer,
no vaya a ser que lo vea también alguno de esos patriotas de boquilla
entregados a Trump para ver si les financia sus campañas electorales y
consiguen ganar las próximas elecciones para quedarse con todo y después
destruir esas urnas que, en ocasiones, dan disgustos, incluso a quienes se los
tienen más que merecidos.
"Ese cabronazo de Trump ha decidido morir matando, pues la sangre de
sus víctimas le hace disfrutar y sabe que fabricar cualquier otro placer exige
mucho más tiempo, y más a su edad", escucho que dice uno en un pub de
Washington mientras lanza dardos contra una diana que dibuja la cara del mismo
que acaba de salir por la tele recordando, de nuevo, lo de Groenlandia, para
que nadie pueda acusarle de atacar por la espalda.
Quizás mañana consiga yo terminar los dos artículos que tenía empezados y
así "derrotar" a Trump en la intimidad, pues estoy convencido que con
sus excesos también busca que aplacemos las acciones para mejorar la calidad de
nuestras democracias, una lucha que practicamos empleando la libertad de
expresión para denunciar también a quienes, como a él le gustaría ser con todas
las de la peor ley, disfrutan del privilegio que les permite cometer delitos
con total impunidad en reinos que vienen de un pasado terrible pero donde él
todavía no manda.
Por mi parte, hoy he decidido no afeitarme la barba, que no es de un día, y
tampoco me ducharé, que tanto esfuerzo no merece la pena si de lo que se trata
es de parecer más guapo tras morir asesinado.
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