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La guerra en Irán ha reavivado el temor a una nueva sacudida en los
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La guerra en Irán ha reavivado el temor a una nueva
sacudida en los mercados financieros internacionales. Sin embargo, el
verdadero riesgo puede no estar en el propio conflicto (aunque este ya sea
grave de por sí), sino en algo más profundo: la acumulación silenciosa de
fragilidades muy peligrosas en el sistema financiero global. En los últimos años se han ido formando
desequilibrios que comentaré enseguida que recuerdan a patrones observados
antes de crisis financieras anteriores; y no sería la primera vez que una
crisis financiera aparece cuando aparentemente todo sigue funcionando con
normalidad. Señales de alarma recientes
En los últimos días, diversos medios de comunicación
han informado de que el mayor gestor de activos del mundo, BlackRock, que
administra unos 14 billones de dólares, ha limitado temporalmente la cantidad
de dinero que algunos inversores pueden retirar de ciertos fondos cuando las
solicitudes superan los límites preestablecidos. Y algo parecido ha ocurrido
con otros fondos gestionados por gigantes del crédito privado como Blackstone
o Blue Owl Capital. En términos sencillos, esto significa que un número
significativo de inversores ha solicitado retirar dinero al mismo tiempo y
que los fondos no pueden devolverlo inmediatamente porque los activos en los
que invierten no son líquidos (no se pueden vender rápida y fácilmente). Esto plantea dos preguntas relevantes. La primera, por qué muchos inversores desean salir
de estos fondos. La segunda, cómo es posible que instituciones tan grandes
tengan dificultades para atender esas retiradas. La respuesta a la segunda pregunta es relativamente
sencilla. Los fondos de crédito privado invierten sobre todo en préstamos a
empresas que duran años y que no pueden venderse con rapidez para obtener
liquidez, a diferencia de lo que ocurre con acciones o bonos cotizados.
Cuando las solicitudes de reembolso aumentan rápidamente, los gestores pueden
encontrarse con dificultades temporales para obtener efectivo. Esto no significa necesariamente que los fondos
estén en peligro inmediato. De hecho, esos límites de retirada forman parte
de su funcionamiento normal. Hay que estar atentos, sin duda, por si
aumentaran las retiradas, pero lo preocupante, lo que merece mayor atención,
es el hecho de que la demanda de reembolsos haya sido lo suficientemente
elevada como para activar esos mecanismos. Ahí está la cuestión clave:
demasiados inversores están anticipando que se pueden producir problemas y
tratan de ponerse a salvo. El crecimiento del crédito privado En las últimas dos décadas, los fondos de inversión han
ido ocupando parte del espacio que antes correspondía a la banca tradicional
en la financiación de empresas. Ha surgido así un mercado de crédito privado
muy rentable, pero también menos transparente, menos regulado que el sistema
bancario y, por tanto, muy peligroso. Para financiar sus préstamos, estos fondos captan
capital de inversores institucionales y particulares y, además, utilizan
apalancamiento, es decir, se endeudan para ampliar su capacidad de préstamo.
Si reúnen, por ejemplo, 1.000 millones de capital de inversores, piden
préstamos ellos mismos, quizá por el doble o triple de esa cantidad (a veces,
mucho más) para prestar en mucha mayor cuantía. Mientras las empresas que reciben los préstamos del
fondo paguen y los inversores no retiren su dinero de forma masiva, el
sistema funciona bien y da altos beneficios. Pero cuando las condiciones
económicas se deterioran, el sistema se vuelve más frágil y se pueden generar
tensiones comparables con las observadas en crisis financieras anteriores. Un sistema financiero en la sombra Tras la crisis de 2008 se endureció la regulación
bancaria, lo que redujo el riesgo dentro de los bancos. Aunque no se fue todo
lo lejos de lo que se debía, se produjo un efecto perverso y previsible. Para escapar de las restricciones, buena parte de
las operaciones más arriesgadas (y rentables) se desplazó hacia el llamado
sistema financiero no bancario o shadow banking, en el que operan muchos de
los vehículos de inversión utilizados por los grandes fondos. Estas entidades
se dedicaron a dar préstamos a las empresas que no lo obtenían en el mercado
convencional. Según estimaciones del Financial Stability Board,
este sector alcanza los 240 billones de dólares a escala global y descansa en
tres pilares que generan una gran vulnerabilidad: – Préstamos a medio y largo plazo que son activos
muy difíciles de vender y que se financian, como he dicho, con capital de
inversores que puede retirarse en cualquier momento. – Apalancamiento (endeudamiento) muy elevado de los
fondos que, además, es ajeno al control de las autoridades reguladoras y en
muchas ocasiones no se refleja en sus balances. – Interconexión con el sistema bancario tradicional,
a través de líneas de crédito y financiación, que no siempre es transparente,
de modo que una crisis en el crédito privado no sólo afectaría a los fondos
de inversión, sino también a bancos y otros intermediarios financieros. Un riesgo añadido Otro elemento que está mostrando signos de
fragilidad y riesgo elevado es la evolución del mercado de financiación a muy
corto plazo que se conoce como repo (repurchase agreement). Un repo (repurchase agreement) es un préstamo entre
instituciones financieras que se concede a muy corto plazo, incluso a un día,
usando bonos como garantía (en la jerga financiera se dice que se usan como
colateral): un banco necesita efectivo inmediatamente, entrega bonos del
Tesoro, recibe dinero hoy, y mañana recompra esos bonos con intereses. En este mercado se negocian operaciones por valor de
unos 16 billones de dólares diarios y de él depende buena parte de la
financiación del sistema financiero global. Allí se mueven y de él dependen
todos los grandes bancos y fondos de inversión del planeta. Si se bloquea,
son todos ellos los que se ven afectados. Pues bien, diversas instituciones como el Bank for
International Settlements y el propio Financial Stability Board vienen
advirtiendo que las vulnerabilidades que se están acumulando en este mercado
es muy grande, precisamente como consecuencia de lo que he apuntado, el
elevado apalancamiento de algunos participantes, y a lo que se une la
utilización del mismo bono en varias operaciones y la fuerte concentración de
operaciones en unos pocos grandes intermediarios financieros Si el mercado repo se tensionara seriamente —algo
que incluso algunos reguladores consideran ya como un riesgo más que
potencial— la liquidez del sistema podría deteriorarse rápidamente. Y una
señal de que eso puede estar sucediendo en estos momentos es el creciente uso
de apalancamiento por parte de los llamados hedge funds o fondos de cobertura
que utilizan estrategias de inversión de alto riesgo, justo en el mercado de
bonos del Tesoro estadounidense que sirven de garantía. No hay colapso en ese mercado, como algunos
analistas están empezando a señalar, pero las muestras de peligrosa
fragilidad estructural son cada vez más visibles y parecidas al patrón que
precedió a crisis anteriores. Un indicador silencioso: las subastas de deuda del
Tesoro Justamente otro indicador relacionado con lo
anterior está dando también señales de alerta: las subastas de deuda del
gobierno estadounidense organizadas por su departamento del Tesoro. Cuando la demanda en estas subastas se debilita o se
vuelve más irregular, el Tesoro debe pagar rendimientos más altos para
colocar su deuda y esto puede provocar subidas de tipos de interés que
afectan a todo el sistema financiero global. Lo que se viene observando es que, en algunas
subastas recientes, la demanda ha sido más irregular que en años anteriores,
y justo cuando la emisión de nueva deuda de Estados Unidos aumenta sin cesar.
Hay menor participación de compradores extranjeros y más grandes bancos
tienen que quedarse con más bonos en las subastas. Un patrón conocido Nada de esto significa que una crisis financiera
global sea inevitable o inmediata. Pero ahora hay una coincidencia de
factores que recuerda claramente a los patrones que han precedido a crisis
financieras: activos poco líquidos financiados con capital que se retiran,
alto apalancamiento, creciente interconexión entre el sistema bancario y el
financiero en la sombra, tensiones y burbujas de crédito en sectores
importantes, como la construcción y la vivienda antes de la crisis de 2008 y
ahora de exceso de inversión y expectativas en la inteligencia artificial. Y cuando todo eso produce fragilidades que se
acumulan, cualquier shock inesperado -como la guerra de Irán que va a afectar
a variables tan influyentes en el conjunto de la economía como los precios
del petróleo- puede actuar como detonante inmediato |
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