Ilustres purgados por la cúpula firman un manifiesto reclamando un congreso extraordinario para refundar el partido
Los purgados de Vox están hartos. Espinosa de los Monteros,
Macarena Olona, Ortega Smith… Son demasiados los cadáveres en el
armario, los laminados por el jefe Abascal, y todos ellos han decidido pasar a
la ofensiva. Exdirigentes ultras defenestrados, encabezados por el
propio Espinosa, han hecho circular un manifiesto en contra de la dirección
nacional. Reclaman más libertad interna y un congreso extraordinario “con
plazos suficientes y reglas claras”. Los animosos purgados, sin embargo, no han
caído en la cuenta de un pequeño detalle: los estatutos del partido impiden
congresos extraordinarios sin un 20 por ciento de votos de la militancia (unos
60.000 afiliados, según las estimaciones de la organización). Es la forma de
blindar al caudillo. El autoritarismo neofascista era esto.
“Es hora de abrir el debate sobre el futuro de Vox”, aseguran los firmantes
del manifiesto, entre los que además están el exvicepresidente del
partido Víctor González Coello de Portugal y el expresidente en Murcia
José Ángel Antelo (otro ejecutado). También están en la lista
de disidentes Rubén Manso, Víctor Sánchez del Real, Juan Luis Steegmann, Malena
Nevado y Francisco José Contreras.
Las críticas internas están adquiriendo tintes de auténtica revolución
dentro del partido. Y la lucha es encarnizada, sangrienta, feroz. Ahí está Juan
García-Gallardo, exlíder de la formación en Castilla y León también purgado,
quien ha llegado a asegurar que antes de su dimisión descubrió que Abascal “se
estaba embolsando un tercer sueldo en la cuenta corriente de su mujer”, según
informa La Sexta. En una entrevista para El Mundo, García-Gallardo ha afirmado que ese fue el momento
en el que perdió la “confianza” en él: “Conocí que se estaba embolsando un
tercer sueldo, a través de un proveedor del partido, en la cuenta corriente de
su mujer, por unos presuntos servicios de consultoría en materia de redes
sociales a una sociedad mercantil que está en pérdidas y en causa de
disolución. 60.000 euros por unos servicios que nos tendrán que explicar”.
El abogado ha ido más allá y ha asegurado que “hay enormes cantidades de
recursos públicos a los que accede el partido para beneficio último de muy
poquitas personas”, y que existe una “galaxia de sociedades” a priori externas
a Vox, pero que acaban formando una “especie de parapartido que está
parasitando los recursos económicos de Vox”, añade La Sexta. Y remata: “A este paso, Vox quedará como el plan de pensiones de Abascal”.
Desde el partido se echa balones fuera. Fuentes internas invita a los
disidentes a que “dejen en paz” a Vox, que lo único que necesita son “grandes
constructores de equipos” y “grandes líderes”. Que se metan “el ego donde les
quepa”, espetan.
Entre los impulsores del manifiesto también está el primer presidente de
Vox y concejal en Madrid, Ignacio Ansaldo; la vicealcaldesa de Toledo por Vox,
Inés Cañizares; la exlíder del partido en Madrid, Rocío Monasterio; la diputada
autonómica de Cataluña y expresidenta provincial de Tarragona, Isabel Lázaro
Pina; el diputado regional de Cantabria y exportavoz del grupo, Cristóbal
Palacio; y quien fue vicepresidente de Movilización Rubén Garrido.
Bajo el título Por la apertura del proyecto y
la preparación para gobernar, los firmantes del manifiesto se
presentan como militantes y exdirigentes del partido comprometidos con Vox
desde su origen y aseguran que lo hacen público con la convicción de que “la
lealtad política es a las ideas, no a las personas”. Denuncian que durante años
han asistido en Vox a un proceso de reducción y empobrecimiento interno, en el
que no se ha tratado de cerrar formalmente el proyecto sino de estrecharlo en
la práctica, “concentrando decisiones en muy pocas manos, debilitando el
debate, eliminando contrapesos y apartando a quienes mantenían criterio
propio”.
“El resultado es un partido más pequeño por dentro, menos plural y menos
ambicioso”, alegan, a lo que suman las “salidas o apartamiento” sin
explicaciones suficientes y “por la vía de los hechos consumados” de mandos
históricos y perfiles que han demostrado capacidad organizativa y compromiso
con el proyecto.
El escándalo político llega cuando Vox obtiene los mejores resultados
electorales y tiene al PP comiendo de su mano. Sin embargo, el manifiesto y la
bomba que acaba de soltar Gallardo Frings puede ocasionar un daño definitivo al
partido ultra. Ecos de corrupción y guerras entre facciones y banderías pueden
llevar al votante a quitarse la venda de los ojos y a ver la realidad: que Vox
no es un partido de honrados trabajadores, que es la élite de siempre, la
casta. La herida que se ha abierto promete ser letal. Y no solo porque Vox es
un partido autoritario sin un atisbo de democracia interna. Sino porque ya son
muchas, quizá demasiadas, las filtraciones desde dentro que hablan de falta de
transparencia y de supuestas irregularidades en la financiación del partido. La
Fiscalía y los jueces deberían tomar cartas en el asunto.
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