Comentario: “El muñeco Luciano” al
poder. ¡¡¡Da asco!!!
Vicente Mateos Sainz de
Medrano
La incertidumbre caótica en la que ha sumergido al mundo el zar que habita en la Casablanca con sus delirios y
ocurrencias, es el caldo de cultivo perfecto para que vuelvan a chapotear en el
barro con más persistencia de la habitual, los personajes que encarnan la
desfachatez, la insolencia y la mentira, que sermonean a los demás situándose
en el pedestal de oráculo, como si nunca hubieran roto un plato. Como si sus mentiras
y baboseo vergonzoso y humillante con el mandamás en USA no hubieran costado
centenares de vidas inocentes.
Ver y oír Aznar como se inviste de una autoridad moral—que nunca tuvo—
y de una arrogancia y gravedad impostada en el gesto cada vez que abre la
boca para lanzar al aire sus admoniciones y profecías, siempre interesadas y
falaces, no solo son una infamia, sino una afrenta a la verdad verificada y a
la ciudadanía; porque este trampantojo en el que oculta sus vergüenzas no nos
hace olvidar que fue el ser servil que rindió pleitesía al presidente
norteamericano—que se jactaba de no haber leído nunca un libro— a costa de
arrastrar a España a una guerra injusta orquestada sobre una mentira, que no
quería y rechazaba el noventa por ciento de la ciudadanía española.
Resulta indignante y produce vergüenza ajena que hable ex catedra a los
españoles como si fuera un docto sobre la vida, la política, el orden social,
la tecnología, como cualquier todólogo de los que pululan en las tertulias
mediáticas afines, cuando no solo no se ha disculpado por ser partícipe de una
mentira global que causo miles de muertos—tardo diez meses en rendir cuentas en
el Congreso—; sino que defiende su actuación cuando dice ahora, rematando su
infamia, que lo hizo por el bien de los españoles. Demostración palmaria de una
mente aberrante empapada de un ego tan superlativo, que le impide reconocer el
error y pedir perdón como hicieron hace ya años sus conmilitones causantes de
la tragedia: George Buch y Tony Blair.
En este contexto donde todo vale, vuelve a asomar la patita con más fuerza,
acompañado por otros fantasmas del pasado, Jaime Mayor Oreja, para reiterar su
estrambótico nuevo vaticinio de que España se enfrenta al abismo institucional
del que solo la salvará una mayoría absoluta del PP en las próximas elecciones
generales. Proclama que sube de grado la tesis que la derecha pepera liderada por Feijóo viene expandiendo: la
teoría del caos y de que nada funciona, que solo está en su imaginación, en la
realidad paralela en la que vive la derecha desnortada y sin proyecto para los
españoles, más que el remedo del lema de ¡váyase señor González! con
el que Aznar atacaba a Felipe González, que ahora se llama Sánchez y el sanchísmo.
Viejos lemas para un nuevo tiempo que muestra la oquedad mental de sus
dirigentes que siguen actuando conforme a los dictados de Aznar, que vuelve a
ser el influencer de la derecha con el que Rajoy cortó
por los sano—algo bueno hizo—, pero que ahora vuelve ante la abrumadora falta
de liderazgo en el PP, que permite que Aznar recobre el papel de referente
áulico que marca el paso de la derecha nacional: el que pueda hacer que haga.
Y con Aznar vuelven a reverdecer los mensajes obsesivos, tozudos, malignos
y desvergonzados: el atentado criminal del 11M fue obra de un contubernio entre
ETA y el Estado profundo de Francia y una red paralela de servicios
secretos no oficiales y masones, como escribe Mayor Oreja, sin
rubor y sin prueba alguna, en el libro que le presentó Aznar titulado: Una verdad incómoda. Testimonio de una época: contra el silencio y
la mentira. Personajes sin escrúpulos que vuelven a aflorar
desde las catacumbas mentales amparados por el contexto de desvergüenza creado
por Trump, al que lógicamente rinden pleitesía defendiendo su política de
matonismo y de saltarse todas las reglas y derechos internacionales, para
cumplir sus deseos arrasando vidas y haciendas de inocentes. Patriotas que
siempre andan con la palabra España en la boca, pero que nunca escuchan, ni han
escuchado, el clamor de la ciudadanía: ¡No a la guerra!
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