Comentario: No voy a entrar en el análisis de José Antonio Gómez, que, sin lugar a dudas, es muy ilustrativo y les recomiendo que lean detenidamente. Pero, lo del penalti de Julián Álvarez es algo que requiere una sencilla aclaración: Esa regla que el Real Madrid, por medio de su entrenador, está tergiversando (salvo que se refiera a que los madridistas tienen como las mujeres “la regla” periódicamente… siempre a su favor) dice -resumiendo el extracto del artículo 14- así: “el balón estará en juego en el momento en que se golpee y se desplace con claridad”. De tal modo pues, en el de Julián Álvarez el balón no se desplaza nada. ¡¡¡Aclarado el atraco!!! Como ya ha ocurrido en múltiples ocasiones, la última con el gol en fuera de juego en el partido de ida que supuso la victoria madridista, y que de haber sido anulado habría supuesto su eliminación. ¡¡¡Hala Madrid!!!
Los últimos movimientos del PSOE en distintas materias han dejado solo al principal partido de la coalición de gobierno, lo que deja abierta la puerta a ejecutar la acción política que los socialistas no quieren pero que es lo que necesita España
José Antonio Gómez
21/03/2025
Pedro Sánchez se encuentra en la situación más
comprometida de sus años de gobierno. No se trata de las presuntas tramas de
corrupción que se están dirimiendo en los tribunales, sino de una cuestión
meramente política. Está en la misma soledad que el lanzador de penaltis en la
tanda final. Como Julián Álvarez en el partido
de Champions League antes de que su lanzamiento fuera anulado por un claro
doble toque que el mismo jugador argentino reconoció a sus compañeros con un
evidente «puede ser».
La realidad es que el PSOE y Sánchez se están quedando solos. De momento sólo
les salva sacar la chequera para aumentar los activos del partido de un prófugo
de la justicia. Sin embargo, el dinero no lo paga todo.
Hay demasiados asuntos en los que el Partido Socialista (ahora ya sólo
Sanchista) se halla en la más absoluta soledad. En primer lugar, tiene el
enfrentamiento con todo el arco parlamentario por la decisión de la ministra de
Hacienda de que los trabajadores que perciban el salario mínimo paguen IRPF
cuando, hasta ahora, estaban exentos.
Más allá del infame castigo tributario que supone atacar a los que menos
cobran mientras no se atreven a atacar la evasión y la elusión fiscal de las
grandes fortunas y las grandes empresas, esta decisión ha dejado solo al PSOE
en su defensa e, incluso, llegó a provocar que se haya recurrido de manera
unilateral a un privilegio del gobierno de vetar iniciativas y evitar que se
debatan y se voten. Esto iguala al PSOE con el
movimiento ultra MAGA de Donald Trump.
Esto ha provocado que los propios socios de gobierno hayan afirmado, a
través de la vicepresidenta Yolanda Díaz, que
«cuando alguien acude a un veto es que ha fracasado en su política». Además, ha
señalado que su formación levantará ese veto a través de los órganos
democráticos para que el Congreso pueda debatir y decidir sobre si los
perceptores del SMI deben o no deben tributar. «Si la Cámara después dice que
los trabajadores con esta renta exigua tienen que tributar, lo ha dicho el
pueblo español. Pero nosotros vamos a levantar ese veto», ha señalado Díaz.
Por otro lado, se encuentra la cuestión migratoria, en la que el PSOE
también se ha quedado en minoría. La cesión ilegal, porque la soberanía de
fronteras es exclusiva de la Unión Europea, de las competencias de migración y
control de fronteras a Cataluña ha provocado que la izquierda haya anunciado su
voto rotundo, sobre todo porque el pacto se realizó con la formación de extrema
derecha supremacista catalana que ha reivindicado la superioridad del catalán
sobre el resto de los ciudadanos.
A esto hay que añadir, además, que se haya pactado el reparto de migrantes
menores no acompañados y que a Cataluña se le haya dado el menor número
mientras a las comunidades del Partido Popular se les haya repartido el mayor
número.
Otra cuestión que deja a Sánchez solo es todo lo relacionado con el
incremento presupuestario para defensa que está estudiando la Unión Europea y
que exige Donald Trump a sus socios de la OTAN. En este punto, sólo cuenta con
el apoyo muy condicionado del Partido Popular. Todos los socios parlamentarios
se oponen a ello. A esto hay que añadir la alergia a debatir en el Congreso que
tiene Pedro Sánchez, más allá de sus participaciones de media hora en las
sesiones de control que, por cierto, cada vez son menos porque la agenda
internacional del presidente suele estar muy ocupada en los días en que tiene
que acudir al Parlamento. Nada es casual, aunque pueda serlo.
A pesar de esto, Sánchez está ante la gran oportunidad de su vida política
que sólo será posible hacerla efectiva si se pone a trabajar de la mano
de Alberto Núñez Feijóo. En el escenario actual, es
fundamental tomar ejemplo de lo sucedido en Alemania. Ni Sánchez va a dejar de
ser socialdemócrata ni Feijóo abandonará el conservadurismo liberal. Se trata
de elevar las expectativas y comenzar a explorar el terreno de la política con
mayúsculas.
Los hombres de Estado hacen eso: primero España, luego los partidos y
después las personas.
Uno de los principales puntos positivos de una coalición entre el PSOE y el
PP sería la estabilidad política, sobre todo en un momento en el que la
fragmentación política dificulta la formación de gobiernos sólidos. Una
coalición entre los dos partidos más grandes proporcionará una mayoría
parlamentaria robusta, lo que facilitará la aprobación de leyes y la
implementación de políticas, reformas y pactos de Estado a largo plazo. Esta
estabilidad, evidentemente, será muy beneficiosa tanto para la economía como
para la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.
Además, se alcanzarán consensos en políticas clave que
requieren soluciones a largo plazo. Temas como la educación, la sanidad, las
políticas sociales y las reformas económicas se abordarán de manera más
integral y eficiente. Además, se hará más fácil la implementación de políticas
que reflejen un equilibrio de intereses y valores, beneficiando a una mayor
parte de la población y acabando con la crispación.
La entrada de los extremos ideológicos en el Parlamento con una importante
presencia y siendo claves para la gobernabilidad ha derivado en un fenómeno
como la polarización política. Una coalición entre el PSOE y el PP contribuirá
a reducir esta polarización, promoviendo, si se hacen bien las cosas, un clima
de diálogo y cooperación. Esto no solo beneficiaría al sistema
político, sino también a la sociedad española en su conjunto, fomentando un
mayor entendimiento y respeto entre ciudadanos con diferentes inclinaciones
políticas. Además, en el caso de que este pacto se implemente de manera
adecuada, el incremento progresivo de la prosperidad de las economías
familiares derivará en la pérdida de apoyos de las fuerzas populistas de extrema derecha y de extrema izquierda.
Las reformas estructurales son esenciales para el crecimiento y desarrollo
de cualquier país, pero a menudo resultan difíciles de implementar debido a las
divisiones políticas. Por eso, en el momento actual, es crucial la conformación
de la coalición entre el PSOE y el PP, para superar estos obstáculos, permitiendo la
implementación de reformas necesarias en áreas como el mercado laboral, la
fiscalidad y la administración pública. La colaboración entre ambos partidos
garantizará que las reformas se lleven a cabo de manera efectiva y con el
consenso necesario para su sostenibilidad. Se logró en el pasado, ¿por qué no
se puede conseguir en el presente?
Es evidente que no es una tarea fácil poner de acuerdo a los dos grandes
partidos a la hora de conformar una coalición de gobierno. Nunca se ha hecho
desde la restauración de la democracia en 1977, pero tampoco se había
implementado un gobierno de coalición y, a día de hoy, España lleva contando
con un poder Ejecutivo formado por dos fuerzas políticas desde hace 5 años.
Las diferencias ideológicas y de políticas entre ambos
partidos podrían generar tensiones y dificultades en la gestión de gobierno.
Además, la base electoral de cada partido podría ver con desconfianza una
alianza con su oponente tradicional. Para que una coalición tenga éxito, sería
necesario un compromiso genuino y un enfoque pragmático hacia la cooperación
absoluta durante lo que resta de legislatura.
Alguien podrá pensar que las diferencias actuales son insalvables. Sin
embargo, un análisis de los programas electorales indica que hay muchos puntos
de encuentro como para conformar un buen pacto de gobierno.
Ambos partidos reconocen la importancia de fomentar el crecimiento económico y la creación de empleo. En sus programas, tanto el PP como
el PSOE proponen medidas para apoyar a las pequeñas y medianas empresas
(PYMES), que son el motor de la economía española y la mayor fuente de creación
de puestos de trabajo.
La educación es otra área donde los programas del PP
y el PSOE muestran coincidencias significativas. Ambos partidos abogan por una
mejora en la calidad del sistema educativo español, con el objetivo de
garantizar una formación integral y equitativa para todos los estudiantes. Los
cuestionamientos que pueda haber sobre quién gestiona esa educación es un
obstáculo perfectamente salvable.
A pesar de sus diferencias ideológicas, el Partido Popular y el PSOE tienen
importantes puntos de encuentro en sus programas electorales para llegar a un
acuerdo de gobierno. Estas coincidencias reflejan un compromiso común para
abordar cuestiones fundamentales que afectan a la sociedad española, como la
economía, la educación, la sanidad y la transición ecológica. Reconocer y
aprovechar estas áreas de convergencia puede
facilitar el diálogo y la cooperación entre ambos partidos, contribuyendo así a
la estabilidad y el progreso del país. La colaboración bipartidista en temas
clave es esencial para el desarrollo armonioso de España y para atender las
necesidades de sus ciudadanos y, sobre todo, mejorar sus vidas.

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