Los informadores de los diferentes medios que cubren información parlamentaria denuncian amenazas y extorsiones de una pandilla de abusones nostálgicos del régimen anterior
§ UGT denuncia que el auge de los falsos informadores pone en
riesgo la democracia
Marcos López 03/03/2025
Desde hace tiempo, ultras disfrazados de periodistas pululan por el Congreso de los Diputados para agitar, crispar y
degradar el sistema todo lo que se pueda. No son profesionales de los medios de
comunicación, son lacayos enviados por grupos y partidos nostálgicos del
régimen anterior para desprestigiar el parlamentarismo, las instituciones, la
democracia, en fin. También el periodismo. Acabar con ellos sería fácil, ya que
todos los diputados saben quiénes son. Bastaría con prohibirles el paso al
hemiciclo. Sin embargo, se les ha dejado hacer, se les ha concedido
acreditaciones, se les ha tratado como a uno más, cuando ellos estaban allí
única y exclusivamente para hacer la “guerra cultural” desde
dentro.
Hablamos de auténticos saboteadores, conspiracionistas, guerrilleros de la
causa franquista. Los periodistas que habitualmente cubren información
parlamentaria, hartos ya de ese comando de peligrosos friquis, se plantaron la
pasada semana en las escaleras de las Cortes Generales para exigir tolerancia
cero contra quienes no tienen otro objetivo que la desestabilización. O sea,
poner el granito de arena de las webs de la caverna para reventarlo todo desde
el corazón mismo de la democracia. “Señalar no es periodismo”.
Bajo este lema, la gran mayoría de profesionales de todas las líneas
editoriales han firmado un manifiesto contra las prácticas “mafiosas” de esos
matones de extrema derecha que, travestidos de periodistas, se pasean por el
Congreso de los Diputados con una acreditación. El asunto es grave, ya que los
profesionales que se dedican a informar a la opinión pública dicen sentirse
amenazados en un paso más hacia el Estado totalitario. Los infiltrados los
señalan, los desprecian y hasta les auguran que les harán la vida imposible.
El lema “Señalar no es periodismo” ha sido coreado por redactores de casi
todos los medios de comunicación para denunciar la persecución que están
sufriendo mediante amenazas, insultos y señalamientos en las redes sociales. Lo
han hecho representados por la Asociación de Periodistas
Parlamentarios (APP), que exige a las mesas del Congreso y el Senado que
“adopten las medidas necesarias”, puesto que estos comportamientos “dificultan
el trabajo de los medios de comunicación”.
Unas actitudes procedentes de miembros de la extrema derecha que se
disfrazan de informadores, llegando incluso a amenazar con dar a conocer los
domicilios de los periodistas en distintas ocasiones: “Los vamos a exponer. Y
esperad que no expongamos su dirección”, asegura uno de los trompeteros de la
extrema derecha. También acosan a redactores con los que coinciden en las
instalaciones del Congreso sin respetar las normas de convivencia más
elementales.
Un matonismo que políticos, como el eurodiputado de Vox Hermann
Tertsch, utilizan para amplificar sus ataques a los periodistas. Por
ejemplo, en una ocasión dedicó una publicación en su perfil de la red social X
a una periodista de La Sexta: “Con lo que trinca como comisaria y censora la
'Intxahurraco', toda la patulea de gacetilleras rojas quiere ser ella. Al
antifascismo miliciano. ¡No le grabes! Salen de la facultad ya preparadas para
la checa”.
Sin embargo, no se queda aquí la cosa porque también siembran el miedo
entre los operadores de cámara. Sin ir más lejos, uno de ellos –a raíz
del golpe fortuito que la pareja de Isabel Díaz Ayuso se
dio contra un técnico de esa cadena privada a su salida del Juzgado de Plaza
Castilla–, aseguró que “hay que encontrar a ese cámara, queremos su cara, y
vamos a empapelar Madrid”. Incluso hace “un llamamiento: se busca, la cámara y
la identidad del cámara”. Todo organizado como una cacería de amenazas y bulos
contra quienes solo hacen su trabajo, que no es otro que el de informar a los
ciudadanos. Mal va la democracia española cuando una panda de gamberros y
abusones se hace fuerte en el sagrado templo de las libertades sin que nadie
les ponga coto y freno.
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