David Márquez 23/03/2025
Ucrania ya no es objetivo como granero, sino como depósito de tecnomateria
prima: qué realidad más elocuente: prioridad del chip frente al pan: doctrina a
sangre de ese grupo de industriales y «grandes empresarios» pertrechados con
bombas, medicinas, paneles solares y marionetas disfrazadas de dirigentes
políticos, que está tomando el control del planeta, de las tierras, para su
inmisericorde explotación, porque el Mercado, su Sagrada Escritura, así lo
ordena, y puesto que la coyuntura comercial reclama toda clase de metales
pesados y demás basuras como elementos valiosísimos, que cotizan de lo más
alto, ya que son la materia prima de las prótesis y pantallas que el ganado
humano cree precisar para la supervivencia, otorgándole infinita mayor atención
que a la calidad del aire, el agua, la comida, sin conocer siquiera el
mismísimo fin de todo ese neurótico protocolo de insanas maniobras de
autorretrato, comentario, desplazamiento y demás «obligaciones» sociales
auto-cretinamente-impuestas.
En último y primer término, tú, ciudadano, que no das descanso a la
pantallita en veinticuatro horas, al igual que tu pareja y tus niños y tantos
millones de consumidores desesperados por actualizar sus prótesis para todo,
sus «dispositivos inteligentes», inquietos ante la idea de «no disponer aún» de
otra pantalla lo suficientemente grande, otra conexión, más y más prótesis
auxiliares; tú y el resto, sois responsables, con vuestra colaboración, del
pico en bolsa de los productos cuya materia prima descansa en «tierras raras».
Y ya veis a dónde conduce la glotonería de esos gigantes industriales sin alma
ni tripas: guerra, neocolonialismo, saqueo, envenenamiento del aire, el agua y
la comida, procesada o no, que os metéis en el cuerpo, todo convenientemente
aceptado gracias a la apropiada y constante dosis de opio-tele: series
adoctrinadoras, telediarios basura, tecnociencia para tecnoidiotas (más idiotas
que el tonto con su tiza), idiotez artificial para burros (I.A); todo aceptado
en paralelo a una merma galopante de integridad, análisis, na-tu-ra-li-dad y valentía,
en oposición al desenfrenado aumento de egolatría, ceguera consumista, yoísmo
conservador de lo mío para mí y los míos y punto. Los estudiosos del Mercado y
sus ingenios tecnológicos analizan conductas de consumo para adaptarse a tu
navegación compulsiva y machacar hasta que comulgues: «este es el camino, lo
estoy haciendo bien, como todo el mundo, no hay otra».
Las pantallas, la atención privilegiada que millones de consumidores
otorgan a sus jetas, a sus «perfiles», los cuales han de actualizarse inmediatamente
bajo pena de… no sé (¿por qué lo hacéis?); la continua tensión por lo que otros
ven, dicen, tienen, comentan, la indignación incluso (¡de locos!) por lo que
alguien «parece insinuar», la idea, exitosamente inculcada de que «hay que»
viajar, adquirir un nuevo dispositivo, actualizar los «antiguos», renovar
incansablemente las posesiones y el look y el «outfit», tragarse y creer TODO
lo que un mal llamado «informativo» (financiado por el Mercado) quiera
vomitarte encima para que aceptes, calles y compres, todo lo anterior, en
definitiva: tus hábitos y «necesidades», mo-de-lan tu conducta, y piden, para
ti, los tuyos y los industriales dirigentes, en este momento de la historia, en
primer y último término, tierras raras.
A cuatro patas y trabadas las manos a la espalda, los ponía yo, a esos
grandes empresarios «modelo de éxito», en el hoyo más tóxico de sus minas, a
tragar hasta hincharse, con todas sus bombas, sus guerras, sus «medicinas», sus
satélites: con toda su irracionalidad: Koyaanisqatsi es la palabra.
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