No hay nada mejor que pensar en caos y pastillas de yodo para aceptar con naturalidad que el ambulatorio de la esquina cierre para que una base militar abra
Gerardo Tecé 26/03/2025
En la cocina de casa tengo un altillo que provocaría una ovación con toda la Comisión Europea puesta en pie. Ya era preparacionista antes de que el tema se pusiera de moda, así que el asunto me pilla con los deberes hechos. Veinte o treinta litros de agua almacenados en garrafas compradas de una en una y con gran disimulo en el supermercado, no se fuese a pensar la cajera que estaba ante un puto zumbado. Algunas docenas de latas de comida no perecedera, poco apetecibles de aspecto en la vida civil, pero un manjar en una posible vida nuclear. Una batería solar, una linterna como las que usan los Navy SEAL cuando echan un finde con la familia en el campo, cajas de cerillas, una radio transistor o pilas como para alumbrar a toda mi calle componen un kit de supervivencia que cabreó a mi novia cuando lo descubrió hace ya un año. Eres un neurótico, me dijo, y como es psicóloga clínica no me atreví a llevarle la contraria. Hay que dejar hablar a quienes saben.
Hoy Bruselas presenta su guía de supervivencia para los hogares europeos.
Un inventario de productos básicos que, en caso de grave crisis climática,
nuclear, sanitaria o energética, permitiría a las familias sobrevivir las
primeras 72 horas desde la llegada del caos sin necesidad de ayuda externa. No
hay mayor gusto en la vida que poder decir “te lo dije”. Sin embargo, al leer
la noticia me acerqué a mi pareja y le dije que acertó de lleno en su
diagnóstico: claramente es neurosis. La historia nos recuerda que, cada vez que
desde el poder se nos pide sin disimulo que pensemos en un futuro de
apocalipsis, es para evitar que pensemos en el presente. Hoy mismo podríamos
empezar a diseñar un kit de emergencia que nada tendría que ver con latas de
comida o paquetes de pilas, sino con tomar el control inmediato de las grandes
empresas contaminantes que provocarán el caos mañana. Hoy mismo podríamos
empezar a redactar leyes para encerrar bajo llave a los responsables del
deterioro medioambiental. Hoy mismo deberíamos exigir un nuevo modelo de
consumo que no se sostenga sobre macrogranjas de animales hacinados que
provocarán las futuras crisis sanitarias y pandémicas.
Hoy mismo podríamos salir a las calles para decirles a nuestros gobiernos
que se pongan a trabajar en escenarios de paz y se dejen de distopías
nucleares. Hoy mismo deberíamos pararnos a pensar en que son precisamente los
amigos europeos y norteamericanos de Putin quienes con más entusiasmo se
abrazan al incremento de un gasto militar que los malpensados sospechamos que
tiene bastante que ver con ese kit de supervivencia que hoy se presenta en
Bruselas. Nadie puede decirte cómo pensar, pero sí en qué pensar. Y no hay nada
mejor que pensar en caos y pastillas de yodo para aceptar con naturalidad que
el ambulatorio de la esquina cierre para que una base militar abra. Hoy los
ciudadanos deberíamos estar pensando en armarnos hasta los dientes, pero para
defender un futuro sostenible en el que el ser humano trabaje menos y tenga más
tiempo libre. Hoy no deberíamos estar pensando en búnkeres físicos y mentales
en los que encogernos de hombros y aceptar con resignación lo que venga. Mejor
dicho, lo que nos traigan. La historia nos recuerda que el miedo y la
resignación siempre han sido las mayores fuentes de riqueza de los que más
tienen. Y los que más tienen han apostado por seguir aumentando su riqueza en
la próxima década dando el salto a la industria armamentística. El caos y
penurias que provocará en las familias que buena parte del gasto social se
destine en los próximos tiempos a armamento que resulta inútil frente un
escenario de potencias nucleares no lo va a solucionar ningún kit doméstico de
emergencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario