Lo más doloroso, Felipe, no es la dureza de tus palabras, sino la pérdida del papel que la historia te había reservado.
Quim González
Muntadas 26/03/2025
Cuenta la historia que August Bebel, uno de los
fundadores del socialismo alemán, se detuvo en seco tras un discurso en el
Parlamento. La derecha lo aplaudía. Se miró a sí mismo,
desconcertado, y murmuró: “¿Qué has dicho, viejo imbécil, que la canalla te
aplaude?”
Esa frase, mezcla de lucidez y autocrítica, resume una alerta
hoy muy vigente: cuando los enemigos históricos te aplauden, quizá has dejado
de representar lo que fuiste.
Hoy, Felipe, muchos nos hacemos esa misma pregunta al verte convertido en
referente moral de la derecha, la misma que te despreciaba en los 80 y 90. Hoy
te llaman “estadista”, “hombre de Estado”, y te exhiben como la voz sensata
frente a Pedro Sánchez, a quien atacan con un odio visceral que nos resulta
tristemente familiar.
No critican, acosan. No discrepan, deslegitiman. No hacen oposición, hacen
desestabilización. Y tú, con tu experiencia, con tu historia, deberías saberlo
mejor que nadie
Pero, ¿quiénes te aplauden ahora? Los mismos que te insultaron sin piedad,
que te acusaron de “indigno”, de “dirigir el terrorismo de Estado”, de ser un
“estanciero tropical” con un “rostro contrario a la libertad”. Aquellos que te
describieron con un “historial de defenestraciones, decapitaciones, traiciones,
engaños, ardides y marrullerías sin cuento”, como “maestro en trapacerías”,
“carente de escrúpulos ideológicos” y de “descarada mendacidad”, cercano a “las
ínfulas totalitarias de otras épocas”.
Los mismos que llamaron a Zapatero “perfecto imbécil”,
“bobo solemne”, “grotesco”, “indigno”, “insolvente”. Que lo acusaron de
“entregar el Estado de derecho a los terroristas”, de “rendir España”, de ser
“rehén” y “cómplice” de nacionalistas y etarras. Todo eso lo dijeron con la
misma saña que ahora descargan sobre Pedro Sánchez. Y tú lo sabes.
Porque lo viviste. Porque lo sufriste. Porque lo combatiste.
Pedro Sánchez,
¿un líder vulnerable?
Y, sin embargo, ahora te presentas como telonero de José María
Aznar en sus conciertos de crispación, insulto y desestabilización. Y
lo que nos provocas es una profunda tristeza. Te dejas entrevistar por los
mismos medios que ayer te demonizaban, y que hoy —como entonces— cruzan todas
las fronteras de la ética democrática en su empeño de derribar al Gobierno,
como sea, al precio que sea, desde tierra, mar y aire.
Has elegido una trinchera. Has preferido una bandería. Has invocado tu
libertad individual por encima de tu responsabilidad histórica. Pero eso no es
ejercer liderazgo: eso es empequeñecer tu figura
No critican, acosan. No discrepan, deslegitiman. No hacen oposición, hacen
desestabilización. Y tú, con tu experiencia, con tu historia, deberías saberlo
mejor que nadie.
Lo más doloroso, Felipe, no es la dureza de tus palabras, sino la pérdida
del papel que la historia te había reservado: el de consolidar nuestra
democracia y modernizar nuestro país, el de una voz ponderada incluso en
la discrepancia. En lugar de eso, has elegido una trinchera. Has preferido una
bandería. Has invocado tu libertad individual por encima de tu responsabilidad
histórica. Pero eso no es ejercer liderazgo: eso es empequeñecer tu figura.
·
Felipe González,
¿el ‘Darth Vader’ de la derecha?
Y por eso, viejo Felipe, lo de Bebel vuelve con fuerza: ¿Qué has dicho,
viejo imbécil, que la canalla te aplaude? Si no te lo preguntas tú, si
nos lo preguntamos muchas personas que sin haber militado en tu partido e
incluso no haberte votado nunca, hoy te podemos decir que te hemos respetado
más que lo que hoy te respetas a ti mismo porque hay líneas que no se cruzan
sin perder algo esencial: la memoria, la dignidad y el compromiso con aquello
por lo que tantos luchamos… incluido tú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario