El sector de defensa vive su mejor momento desde la II GM, gracias al apoyo de la Comisión Europea y al impulso del eje franco-alemán, que ve una tabla de salvación al declive de sus economías
Rubén
Juste de Ancos 26/03/2025
Más allá de la posición de Trump en la posible paz en Ucrania, Europa
parece haber tomado ya de manera indiscutible la senda de aumento del
presupuesto militar. La Comisión Europea, presidida por la exministra de
Defensa alemana Von der Leyen, y que integra la gran coalición formada por la
ultraderecha, socialistas y conservadores, ha prometido la movilización de
800.000 millones de euros. “Estamos en una era de rearme y Europa está
dispuesta a impulsar masivamente su gasto en Defensa”, dijo a principios de
marzo la presidenta de la Comisión, tras la congelación de la ayuda de EEUU a
Ucrania decretada por Trump. El nuevo plan, denominado “Rearmar Europa”,
plantea romper reglas tradicionales de la Unión, como congelar las reglas de
déficit fiscal para autorizar el endeudamiento si es para gasto militar; o la
compra mancomunada de material militar, para evitar sobrecargar los precios y
las cadenas de suministros; y préstamos por valor de 180.000 millones para
estas compras. El objetivo es “la adquisición de sistemas de defensa aérea y
antimisiles, los sistemas de artillería, misiles y munición, drones y sistemas
antidrones, pero también para abordar otras necesidades, desde el ciberespacio
a la movilidad militar”, según aseguraba Von der Leyen. Ante esta espiral
incuestionable, cabe preguntarse qué actores se pueden beneficiar de esta
carrera.
El declive económico del eje franco-alemán
Macron y la industria francesa de defensa son uno de los grandes
beneficiados de este plan de rearme. Desde la convocatoria de elecciones
anticipadas el año pasado, y el frustrado gobierno de su delfín, el conservador
Michel Barnier, las malas noticias se le han ido acumulando. En unos pocos
meses ha perdido a su socio alemán Olaf Scholtz, y principalmente al
estadounidense Biden, con quienes compartía objetivo estratégico en Ucrania.
Más allá, la economía sigue una senda de estancamiento, con un tímido
crecimiento del 1,1% en 2023 y 2024. Tras la crisis de gobierno y los datos
económicos de fin de año, las agencias rebajaron la calificación de la deuda,
cuyos intereses están en máximos históricos desde la crisis de 2011.
Macron ha abrazado con fervor el plan de rearme europeo y cuestiona las
reglas de déficit
Una situación que ya hace mella en las familias. Según una encuesta
de IPSOS, el 32% de los
franceses afirma que apenas puede satisfacer sus necesidades esenciales (+2
puntos en un año) y el 13% que no lo hace (+1 punto en un año). En
total, casi uno de cada dos franceses se encuentra, por tanto, en una
situación económica incómoda (45%, una proporción que ha aumentado 3
puntos respecto a 2023).
En enero, otra encuesta
situaba a Macron como el presidente con menos popularidad desde François
Holland en 2015. Bajo este aguacero, Macron ha abrazado con fervor el plan de
rearme europeo y cuestiona las reglas de déficit. Ya en enero decía que estaban
“caducas”, con una deuda del 113,7% y un déficit del 6%, muy por encima del resto
de países, y el doble de lo que marca el Pacto de Estabilidad y Crecimiento
(PEC), que limita el déficit público al 3% y la deuda pública al 60% del
PIB.
Con el rearme europeo, Macron fía su futuro al desempeño de la industria
gala en el sector. Tras casi tres años de guerra en Ucrania, Francia se ha
convertido en el segundo exportador de armas a nivel global, sólo por detrás de EEUU. Cinco de
sus empresas se sitúan entre las 50 mayores del mundo (Thales,
Dassault, Naval Group, Safran y CEA). Estas empresas se caracterizan, dentro
del ecosistema global, por tener una participación estatal de control por parte
del gobierno francés y el Ministerio de Defensa. Esto beneficia a ambas partes
de la carrera armamentística, pues asegura un crecimiento de pedidos por parte
del Estado y aumenta su recaudación. Sólo en 2024, los beneficios por la venta
de armas de Thales aumentaron un 45%.
La locomotora parada
Alemania es otro de los países que encuentra una salida económica con esta
guerra. La locomotora industrial de Europa no ha levantado cabeza tras la
crisis del covid y el final del gas ruso barato: su producción industrial sigue
10 puntos por debajo del nivel precrisis, y en 2024 cayó un 3%. La economía
alemana arrastra dos años de crecimiento negativo, en 2023 y 2024, una
situación que no se producía desde el inicio del milenio.
Los efectos de la recesión se han dejado ver en los recientes cambios
políticos en el país. Las encuestas electorales
destacaban la economía y la inmigración como los principales problemas que
preocupaban a la ciudadanía, y acabaron provocando el cambio de gobierno. Otro
de los elementos es la disparidad creciente entre ricos y pobres, muy común en
el resto de países europeos. Las condiciones de vida de muchos ciudadanos han
ido empeorando, y Alemania figura entre los países líderes en indicadores como
pobreza energética, con un 8,2% de su población pasando problemas para mantener
caliente su hogar, frente al 20,8% en España, que lidera el ranking; y por
encima de países como Polonia (4,7%), Finlandia (2,6%) o Austria (3,9%), lo que
apunta directamente al incremento de precios de la energía tras el inicio de la
guerra de Ucrania (el porcentaje era del
2,5% en 2019).
Elementos que ha sabido canalizar la ultraderecha para su propio interés, y
que figuran entre los factores que influyen en la buena prensa de esta carrera
armamentística. La crisis de gigantes como Volkswagen contrasta con el
crecimiento de la industria alemana de defensa. Las icónicas empresas Thyssen y
Rheinmetall AG han encadenado años de beneficios y la última está en
conversaciones para adquirir la planta de Volkswagen en Osnabrück para la
construcción de tanques. A diferencia de las empresas francesas, son compañías
de capital abierto, con fondos norteamericanos como sus principales accionistas
(Blackrock, Vanguard o FMR) y, en el caso de Thyssen, con la familia Krupp como
accionista mayoritario que acompaña a dichos fondos.
Los británicos, los grandes beneficiados del plan europeo
Otro de los beneficiados por la espiral belicosa es Gran Bretaña. Tras un
turbulento periodo de crisis abanderado por el partido conservador y el fin de
la era brexit, los laboristas, liderados por Keir Starmer, han congeniado con
los intereses europeos respecto a Ucrania. El primer gesto de acercamiento fue
premiar a Zelensky con la primera asistencia en treinta años de un líder
extranjero a la reunión del nuevo gabinete, en julio del año pasado.
Starmer pasa en estos momentos por ser el socio más fiel del presidente
ucraniano. Ha apoyado el envío de tropas, aviones de combate y soldados. Se
acerca así a lo que Rusia asocia a una declaración directa de guerra.
Recientemente sorteaba la amenaza rusa ante estas propuestas adoptando una que
incluyera un contingente de “paz”. Keir Starmer afirmaba su compromiso de
alcanzar el 2,5% del PIB en gasto militar. Como asegura el partido en su
página web, “los laboristas
pararán el caos, pasarán página, y volverán a los cimientos de seguridad
nacional, fronteras seguras y estabilidad económica”.
Siete de las cien mayores empresas de defensa en el mundo son británicas.
Entre ellas destaca BAE Systems, líder en ámbitos clave del plan de rearme
europeo, como misiles, sistema de defensa, vehículos de combate y transporte, o
sistemas de comunicación. Aporta el 17% del total de ventas de
la industria militar y de defensa europea. Eso ha hecho que Bruselas modifique
la estrategia de “comprar más, mejor y más europeo” e incluir a empresas de
armamento y defensa británicas en la ecuación, y a otros países como
Turquía.
Al igual que la industria alemana, las empresas británicas tienen como
principales accionistas a los fondos norteamericanos. Tras las privatizaciones
de Margaret Thatcher, no obstante, el gobierno británico se reservó la llamada
acción de oro, que concede a este las facultades de vetar la toma del consejo
de administración por parte de inversores, o la facultad de que sea un
británico el presidente del consejo.
Las empresas de EEUU han sido las favorecidas de la guerra de Ucrania. Su
posición en el mercado ha crecido del 35% del total de exportación de armas a
un 43%
El capital financiero estadounidense: adalides de la industria militar
A pesar de la gran importancia de la industria europea, la dependencia de
las empresas norteamericanas de seguridad y defensa es un hecho, y más después
de la invasión de Ucrania. Entre 2015 y 2019, los países de la Unión Europea
importaban un 52% del material de defensa de EEUU, y esta cifra ha subido al
64% en el periodo posterior (2020-2024), beneficiándose del incremento de
importación de armas del continente europeo (aumentó un 155%), según el
Instituto de Estocolmo de Investigación de la
Paz. Las empresas de armamento de EEUU han sido las grandes
favorecidas de la guerra de Ucrania y su posición sigue siendo dominante en el
mercado internacional. Desde su inicio, su posición en el mercado ha crecido
desde el 35% del total de exportación de armas a un 43%, acercándose a
controlar casi la mitad del mercado internacional, según datos del instituto
sueco.
Los datos recabados por CTXT no dejan lugar a dudas: de las 523 empresas de
armamento a nivel global, 185 son norteamericanas. Sus compañías facturan
574.716 millones de dólares, muy lejos del segundo país, Francia, con 97.513
millones. Su principal baluarte actualmente es la corporación RTX, que se queda
un poco por detrás del total de la factura de las empresas francesas, con
80.738 millones. Su división Raytheon Missiles & Defense produce los
famosos misiles Patriot, tan demandados en la guerra de Ucrania. Es, a su vez,
uno de los principales suministradores de
armas de Israel, ya sea por venta directa, o a través del programa
de financiación de armas del gobierno norteamericano con este país.
El país norteamericano es líder no sólo a través de sus empresas de
armamento, sino también a través de sus tentáculos financieros. Los fondos
norteamericanos controlan la mayor parte de empresas globales de armamento.
Blackrock es el principal inversor en el sector, con 542 empresas participadas.
Le siguen entidades como Invesco, Fidelity o Vanguard, con centenares de
participaciones en empresas clave de la industria armamentística.
Otras de las empresas importantes es Lockheed Martin, productor del popular
F-35 que usan la mayoría de países occidentales. Tras el anuncio de Trump de
aumentar los aranceles, Canadá y varios países europeos plantean sustituir la
compra de estos por otros similares como el Eurofighter de Airbus. Su
accionista de referencia es State Street, otro de los bancos estadounidenses
que domina la industria, y que es a su vez el primer accionista de RTX
Corporation.
El rearme europeo: qué se ha hecho hasta ahora
Ante el nuevo escenario de competencia entre bloques productores, la
Comisión Europea ha puesto sobre la mesa la posibilidad de compras conjuntas
para los países miembros, y un fondo común para evitar problemas de suministro
como sucedió en la pandemia. La posibilidad de mancomunar el presupuesto es uno
de los primeros pasos hacia la interoperabilidad, es decir, que puedan
generarse sinergias entre los distintos ejércitos europeos con el objetivo de
alcanzar la autonomía estratégica deseada. Pues, como ya se ha puesto en
evidencia, no es el gasto militar lo que diferencia a Europa de su entorno
(sólo por detrás de EEUU), sino la autonomía respecto al suministro de bienes
militares, y la operatividad entre los distintos ejércitos de los Estados
miembros.
Así, el 6 de marzo, tras la reunión del Consejo Europeo y el lanzamiento
del plan Rearmar Europa, se ponía énfasis en la “firme voluntad de reducir sus
dependencias estratégicas y aumentar sus capacidades. La base tecnológica e
industrial de la defensa europea debe reforzarse en consecuencia en toda la
Unión”. El plan incluye las ya citadas compras conjuntas, e incentivar a la
industria europea de defensa a través de los presupuestos nacionales y
préstamos del Banco Central de Inversiones, el organismo presidido por Nadia
Calviño.
Como menciona un informe del Instituto Elcano, bajo
estos relatos (Rearmar Europa), “la defensa pasa a ser otro instrumento de
competición y se utilizan las inversiones en defensa como un instrumento para
potenciar la resiliencia del tejido industrial, el empleo y la prosperidad de
las poblaciones”.
Una de las fórmulas ensayadas se puso en marcha tras la invasión de
Ucrania, a finales de 2021, con la creación del Fondo Europeo de Defensa. Según
el Instituto DELAS, uno de los
problemas de este fondo ha sido la opacidad en las adjudicaciones y el
desarrollo de programas como los aviones no tripulados dirigidos por IA. Este
fondo se dedica a Innovación y Desarrollo en programas militares y, según el
Instituto, más del 30% de los fondos han tenido cinco beneficiarios (Leonardo,
Thales, Airbus, Saab e Indra). Un proceso de adjudicaciones y desarrollo que
pone en cuestión el instituto DELAS al ser estas empresas parte del panel de
expertos que ayudó a la Comisión a erigir este fondo.
Otros, en cambio, ven estas sinergias entre
empresas privadas europeas o semipúblicas y el Estado como una estrategia
necesaria para el desarrollo de la autonomía. Así pues, esta conexión entre
oferta y demanda sería propia de una industria oligopólica por definición con
un solo comprador (los estados), que premiaría a aquella industria que
desarrolla productos bajo la supervisión y dirección del Estado.
Uno de los ejemplos de esta estrategia lo tendríamos en la empresa pública
Airbus aerospace y Airbus Military, cuya matriz EADS (fundada por la francesa
Matra, la alemana Daimler, y la española CASA) es controlada por los
gobiernos de España (4%), Francia (10,83%) y Alemania (10,82%). Sería la más
beneficiadade en estos fondos, y uno de los principales contratistas de los
Estados miembros (como España).
Tras el anunciado plan de rearme de Von der Leyen, Sánchez
quiere reformular el programa Rearmar Europa y dirigirlo hacia la
seguridad, y no sólo a las armas
España: un conglomerado tecnológico-militar afín
Se ha puesto el énfasis en que España estaría en la cola europea en gasto
en defensa en relación al PIB. El Gobierno de Sánchez se comprometió tras la
cumbre de Madrid de 2021 a alcanzar el 2% del PIB en 2029. Una cifra muy
relativa, como muestra un informe de Felix Arteaga, investigador del Instituto Elcano (organismo
público de estudios internacionales), pues “España cumple con creces (30,3%) el
objetivo del porcentaje de inversión en equipamiento sobre el total de gastos
de defensa de la OTAN (20%). De hecho, está por delante de EEUU (29,9%),
Dinamarca (29,8%), Alemania (28,7%), Francia (28,4%) e Italia (22,1%)”. A su
vez, el incremento del gasto militar no ha hecho más que crecer durante la última
década. Entre 2014 y 2024, España aumentó su gasto un 107%. Sin embargo, este
incremento se hace menos visible por el crecimiento del PIB en estos años. El
investigador del Instituto ve, en consecuencia, imposible que se alcance el 2%
del PIB prometido bajo el actual contexto, ya que implicaría un aumento
sustancial respecto a la senda trazada en pasados presupuestos. Algo que parece
difícil ante la imposibilidad de tener una mayoría que lleve adelante unos
nuevos Presupuestos Generales del Estado para este año o el siguiente.
El presupuesto militar del Estado muestra un crecimiento y una
concentración de empresas a su alrededor. El principal beneficiario de este
sería el conglomerado europeo Airbus (49,6%), seguido por Navantia (14,2%), e
Indra (5,8%). Como marca el Ministerio de Defensa en su informe anual, el
objetivo del incremento en el presupuesto de defensa es potenciar la inversión
en programas militares. Esto supone el “lanzamiento de nuevos programas como
los buques hidrográficos, la radio táctica SCRT, el RPAS Sirtap, sistemas de
mando y control, misiles Patriot o sustitución de aviones y helicópteros. Estos
nuevos programas se unirán a los que están actualmente en desarrollo, entre los
que destacan el vehículo 8x8, las fragatas F-110, el submarino S-80, el
helicóptero NH-90, el caza de nueva generación NGWS/FCAS, los EF2000, el A400M
o los satélites HISDESAT”.
Estos proyectos de I+D cuadran con los movimientos de Sánchez en el campo
económico. Por un lado, el nombramiento del expresidente de Indra Marc Murtra
en Telefónica –un 10% de sus acciones está en manos de la SEPI–, así como la
adquisición de Hispasat por parte de Indra. Ambos movimientos han puesto sobre
el tablero la apuesta del gobierno por un sector, el de las telecomunicaciones,
como ámbito clave en el esquema de seguridad nacional y defensa.
Por otro lado, Indra, controlada por el Estado (y bajo los mandos de los
hermanos Escribano, que controlan el 15%, con
el beneplácito de Moncloa), está dispuesta a aprovechar las nuevas inversiones
para adquirir otras compañías que amplíen su competencia. Es el ejemplo de la
empresa norteamericana fabricante de blindados Santa Bárbara. Indra pretende
hacerse con ella para controlar la fabricación de los vehículos blindados 8x8
(ahora participa en la parte electrónica). O la ya mencionada adquisición de la
empresa de satélites y telecomunicaciones, Hispasat. Una operación que el
ministro de Economía, Carlos Cuerpo, bautizaba como “muy
buena noticia para España”, pues refuerza a “una empresa estratégica en un
sector clave”, refiriéndose al ámbito aeroespacial y las comunicaciones.
Todo ello dibuja un futuro que debe conjugar la necesidad operativa de los
Estados europeos de controlar los proyectos de la industria militar
Tras el anunciado plan de rearme de Von der Leyen, y con una opinión
pública española tradicionalmente reacia a aumentar el gasto militar, Sánchez
quiere reformular el
programa Rearmar Europa y dirigirlo hacia la seguridad, y no sólo a las armas.
Unos movimientos que muestran la apuesta del Gobierno español por disputar el
terreno de la I+D al resto de socios, y optar, con un conglomerado
público-privado, a los nuevos fondos pactados en Bruselas. Estas iniciativas
enlazan bien con la idea francoalemana de ligar el aumento del gasto en defensa
con el empleo y el crecimiento. En ese sentido, la secretaria de Estado de
Defensa, Amparo Valcarce, defendió el crecimiento del gasto militar prometido a
Bruselas por Sánchez con el argumento de que “solo en 2023, más de 120.000
personas estaban empleadas en el sector de la defensa y de la seguridad”.
Algo que, a priori, no parece chocar con el conglomerado
financiero-militar estadounidense, que participa prácticamente en la totalidad
de empresas europeas como importante accionista, o incluso como el mayoritario.
En la propia Indra, la estadounidense Goldman Sachs supera a los hermanos
Escribano en participación. También lo hacían en Telefónica antes de la entrada
del Estado en el accionariado.
En resumen, la industria de armamento europea vive su mejor momento desde
la Segunda Guerra Mundial, gracias al apoyo de la Comisión Europea y el impulso
del eje franco-alemán, que ve en este sector una tabla de salvación al declive
de sus economías y a la legitimidad de sus gobiernos. Todo ello dibuja un
futuro que, según esos gobiernos, debe conjugar la necesidad operativa de los
Estados europeos de controlar los proyectos de la industria militar, con los
beneficios en un sector en auge que compite con compañías norteamericanas cada
vez más poderosas.


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