Comentario: Una vez más, “El Muñeco Luciano” a la carga. Sin haberse arrepentido todavía de haber llevado a los españoles a una guerra que, de manera indirecta, nos costó más de 200 muertos inocentes, sólo por hacerse una foto con un inglés y un yanqui. Este “Muñeco” permitió que un “loco” dictador libio pusiera una jaima en medio de España y negoció un tanto por ciento de comisión con él, por lo que debería estar procesado y en la trena (por la guerra de Irak y por la comisión) y no diciendo chorradas por ahí.
Da mucha pena que la derecha española tenga por
un “héroe” a semejante personajillo. Suerte de que siga existiendo esa “Audiencia
Nacional” sin haberse enterado de que España ya no es una dictadura, que
estamos en el siglo XXI y ellos se quedaron estancados en el año 1936 del siglo
pasado fieles a los “Principios Fundamentales del Movimiento Nacional”.
El expresidente vuelve a arengar a los suyos con "el que pueda hacer que haga" para derrocar al Gobierno de Sánchez
Aznar ha vuelto a recuperar su manida frase, “el
que pueda hacer que haga”, para instar a los españoles a desalojar del poder a
un Gobierno legítimo como el de Pedro Sánchez. Ya lo
hizo en 2023, cuando hizo un llamamiento a los jueces para que se movieran
contra el sanchismo. Hoy, en pleno terremoto por la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, el expresidente popular
cree que su sentencia “cobra más sentido que nunca”. Y hasta Felipe González le compra el discurso.
Tenemos ante nosotros al Aznar más inquietante, más duro, más trumpista que
nunca. El señor de la guerra está adoptando las maneras y estilos del presidente
norteamericano y, al igual que él, se ha aficionado a subir contenidos a su
cuenta de Instagram, como uno de esos influencers hipermotivados
de la secta MAGA. En realidad, estamos ante el
mismo manual de derrocamiento de gobiernos zurdo/wokes que hace tiempo patentó
el xenófobo, conspiracionista e iluminado magnate neoyorquino. Recuérdese que,
en plena vorágine electoral yanqui, Trump arengó a
su tropa de paramilitares, decadentes vaqueros y salvajes ultras disfrazados de
chamanes prehistóricos con cabeza de bisonte hasta lanzarlos contra el Capitolio. La imagen de los golpistas paseándose por
los pasillos del sagrado templo de la democracia fue la más penosa de la
historia de Estados Unidos. Ahora Aznar recurre
también a esos mismos métodos golpistas, solo que lo hace a la española,
sustituyendo el eslogan trumpista “America First” (América primero) por el de
“prioridad nacional” (copiado íntegramente de Vox) y “el que pueda
hacer que haga”, que es más cervantino y castizo. Pero en el fondo, el sistema
es el mismo. Aznar habla de una situación “insostenible” en España e insta a
“ciudadanos responsables, comprometidos, dispuestos a hacer, a actuar, a servir
a nuestro país”. Solo le ha faltado pedirle a sus acólitos y correligionarios
que den hasta la última gota de su sangre por la madre patria, recuperando el
lenguaje franquista que el PP está poniendo tan de moda por influencia del
partido de Abascal.
El pasado fin de semana tuvimos un último episodio de la febril aventura
golpista que ha emprendido Aznar contra un Gobierno legítimo. Al término de la
manifestación de Colón, decenas de exaltados (muchos de ellos con la bandera
del pollo y coreando cánticos fascistas) se dirigieron a Moncloa para tomar el palacio presidencial por la
fuerza. ¿Terminará Sánchez como Allende, refugiado
en la sede gubernamental tras un montón de sacos terreros y rodeado de unos
cuantos fieles defensores de la democracia? Ya no hay que descartar nada. Este
país enferma por momentos. La metástasis del fascismo se extiende rápidamente
por toda la sociedad, tal como se pudo comprobar durante el cálido recibimiento
que la Ertzaintza dispensó a los refugiados de la Flotilla de la Libertad (cálido porque los agentes
calentaron a los activistas contra el genocidio perpetrado por Netanyahu en Gaza con un
celo profesional similar al que demuestran los agentes del ICE en sus cacerías contra los inmigrantes
de Minesota).
“Sánchez es un peligro para la democracia constitucional española, y los
españoles nos tenemos que dar cuenta de esto, porque se ha puesto la Constitución y el Estado del Derecho al servicio
de los que la quieren romper”, dice Aznar. Y la pregunta no puede ser otra que:
¿acaso no es más peligroso para un país quitar y poner gobiernos desde la
calle, garrote en mano y al grito de Fulano hijo de fruta? Después de ese
retorno al 36, con Sánchez convertido ya en el mismísimo demonio rojo con rabo
y cuernos, con la antorcha del fascismo refulgiendo en medio de la noche de la
historia, solo nos queda la consternación, el miedo y la pena.
En el mundo de ayer, lo de Zapatero habría sido tomado como un asunto a
tratar con la máxima prudencia y ciencia judicial hasta ser aclarado (bajo el
foco de la presunción de inocencia). Hoy, ya en tiempos de la posverdad
fascista, al expresidente ya lo han condenado sin que le hayan dado siquiera la
opción de defenderse. Todo ello mientras la mayoría de los medios de
comunicación muerden el cebo y se entregan sin pudor al aznarista lema de “el
que pueda hacer que haga” (los periodistas pueden hacer y de hecho están
haciendo mucho en la hora crucial de la reinstauración del autoritarismo en
nuestro país). El trumpismo al que se entrega Aznar trabaja para reventar el
sistema desde dentro y a fe que lo está consiguiendo en todas partes. Al
exalcalde de Barcelona Trías le
inventaron una cuenta en Suiza (todo era falso); a Podemos y Pablo Iglesias le
inventaron otra cuenta en el paraíso fiscal de las Granadinas (falso también, aunque sirvió para
destruir el partido); y al diputado podemita Urban le
inventaron cuarenta kilos de cocaína (más falso que una moneda de dos caras).
Hay más ejemplos de hasta dónde estamos llegando en el descenso a la cloaca y
en el retroceso al Estado de derecho, como la reciente sentencia contra todo un
fiscal general del Estado con la única mera sospecha de que una filtración tuvo
que partir de su entorno personal. A tomar viento la Constitución, el Código
Penal y las leyes procesales.
El fascismo está más fuerte y desacomplejado que nunca. Ha metido cabeza en
las instituciones para convertirlas en organismos pseudofranquistas; ha tomado
la judicatura; y ha conseguido convencer a buena parte del pueblo de que todo
vale y de que todo es legítimo para derrocar un gobierno socialista. Se hace
realidad el sueño húmedo de que una España sin rojos, limpia, católica y pura
de sangre y de ideas, es posible. Aznar agita el fantasma de la revolución
falangista posmoderna mientras la gente de bien calla por miedo, en la falsa
creencia de que todo pasará como una mala pesadilla. El problema es que la
pesadilla no pasará. Y ya nada será igual que antes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario