Comentario: No voy a criticar a Rufián por su idea, pero me parece una utopía. Cada uno de esos partidos que están a la deriva lo único que quieren es pillar un sillón para sus líderes y luego que sea lo que Dios quiera. Aquí en este país, lo diga quien lo diga, la única izquierda real es la de Podemos, aunque se hayan encargado los buitres de esos que son tan izquierdosos de defenestrarlo dividiéndose. Ninguno de esos partidos “izquierdosos” logrará jamás conseguir los más de ¡6 millones de votos! que tuvo Podemos en unas Elecciones Generales ni juntos ni separados. Y que no olvide nadie que si suben las pensiones se lo debemos a Podemos, si hay IMV se lo debemos a Podemos, si ha subido el SMI se lo debemos a Podemos y si algo ha mejorado en el mundo del trabajo y en la sociedad en general se lo debemos a Podemos. Por lo tanto, porque todos esos partidos que sólo son “hijos de Podemos” no se aglutinan en la formación que los alumbró y se dejan de hacer el ganso por un maldito sillón de 4.000 euros al mes.
IU, Sumar, Más Madrid y Comunes ya han decidido promover su “alianza de las izquierdas” para las generales el 21 de febrero en un acto en Madrid
La arenga de Gabriel Rufián a la izquierda
para movilizarse e “inventar algo” para frenar a la extrema derecha no ha caído
en saco roto. Unos partidos anuncian que se suman ya al nuevo frente popular,
otros fijan ronda de contactos en sus agendas y también los hay que se han
tomado el SOS con más calma abriendo un período de reflexión o sencillamente enrocándose en un absurdo
individualismo, yoísmo u ombliguismo, como ha hecho Podemos. Se trataba de
sacudir conciencias en la acomodaticia izquierda española, romper con la
maldición de la fragmentación (el famoso Frente de Judea, esa parodia
de La vida de Brian) y eso al menos lo ha conseguido el
portavoz parlamentario de ERC.
IU, Sumar, Más Madrid y Comunes ya han decidido lanzar su “alianza de las
izquierdas” para las generales el 21 de febrero en un acto en
Madrid. Emilio Delgado, diputado de Más Madrid, ha hecho suya la
idea de Rufián y ambos empiezan a trabajar como dos cabezas de un solo
organismo. El encuentro entre los dos políticos despierta ilusión entre las
bases progresistas tras la dura noche en Aragón con el auge de Vox, que duplicó
resultados doblando el número de escaños. Antonio Maíllo ha calificado la
situación de auge del fascismo como de “emergencia nacional”.
Todos están de acuerdo en que algo hay que hacer, ahora bien, no todos
comparten estrategias. Unos quieren coalición, otros confluencia y los hay que
siguen apostando por seguir como hasta ahora, lo cual sería un suicidio para la
izquierda. Habrá una ardua negociación que podría prolongarse durante meses
(mientras Vox sigue creciendo en las encuestas) y con la madre del cordero
encima de la mesa: ¿concurrirá la izquierda a la izquierda del PSOE bajo unas
mismas siglas o irá cada cual con su seña de identidad?
El líder de ERC en el Congreso retoma la idea de una
unidad de la “izquierda plurinacional” que ya desconcertó a la cúpula de su
partido y a sus socios de EH Bildu y BNG en verano pasado. Rufián y Delgado
coinciden en el diagnóstico: es ahora o nunca. La izquierda tiene que salir de
sus trincheras y unirse para afrontar el mayor reto histórico que afronta
nuestro país desde 1975, cuando la muerte del dictador abrió el camino a la
democracia. Ambos desvinculan la ronda de contactos del 21 de febrero de
una futura candidatura de unidad de la izquierda, pero acuerdan que “el pueblo”
debe estar “por delante de las siglas”. Rufián cree que es preciso “potenciar”
los espacios a la izquierda del PSOE y tendrá más encuentros con otros
dirigentes: “Es casi negligente no hacerlo”, asegura. La toma de conciencia
ante el momento crítico que vivimos, la premura, el tesón y el celo profesional
que demuestra el líder de Esquerra resulta encomiable y conmovedor. Solo él
parece entender la gravedad del diabólico contexto histórico. Los demás parecen
mirarlo mientras piensan: ¿Tú crees que lo de los ultras es para tanto?
Según Infolibre, “Rufián tiene previsto
reunirse con otros dirigentes como el portavoz de EH Bildu, Óskar Matute, pero deja claro que no es
incompatible con su papel en la formación de Oriol Junqueras”. “Soy candidato
de mi partido. Estoy donde estoy representando a Esquerra Republicana y para mí
es un honor. Yo no voy a apuñalar a nadie ni voy a postularme para nada.
Simplemente estoy diciendo algo que está en la calle”, declaró Rufián.
En cualquier caso, todos coinciden en un punto: Sumar está superado. La plataforma de Yolanda Díaz languidece elección tras
elección. El proyecto no ha cuajado y solo sirvió para hacer
estallar una guerra con Podemos. Los morados siguen enrocados en el rencor y el
individualismo más absurdo. No quieren ni oír hablar de un frente amplio. Pero
entretanto su cerril posición se acaba convirtiendo en una lenta cicuta para la
izquierda española. Se comprobó el pasado domingo en las elecciones de Aragón,
donde se quedaron fuera del parlamento regional al no haber alcanzado el 5 por
ciento de los votos. Un buen puñado de votos terminaron en el cubo de la basura
en un momento en que la izquierda no está para desperdiciar ni una sola
papeleta. Y así ocurre en cada cita con las urnas. Hoy por hoy, Podemos es una máquina de división y de dilapidar
el escaso granero electoral que le queda ya al progresismo en España. El
votante ve lo que pasa, le da la bajona y cae en la desafección. La desmovilización del voto de izquierda con respecto a las
anteriores elecciones regionales es clara y lo dicen las cifras de Aragón:
aproximadamente 118.000 para Vox, la misma cantidad que obtuvieron las
candidaturas progresistas en 2019.
Mientras cada cual va tomando posiciones, Rufián sigue predicando la verdad
del barquero: “Si no nos ponemos de acuerdo, nos van a matar por separado
políticamente”. El problema es que el problema independentista se enfrenta no
solo a las dudas de los socios externos, sino a la tozudez del núcleo duro de
su partido. La secretaria general y portavoz de ERC, Elisenda Alamany, ha
cerrado la puerta al frente de izquierdas que propone el líder de los
republicanos en el Congreso de los Diputados: “ERC se presentará con las siglas
de ERC”. Y añade: “El mejor antídoto ante la derecha y la extrema derecha, lo
hemos visto también en las elecciones aragonesas, es apostar por proyectos de
izquierda nacional arraigada a nuestro país y no decidida desde Madrid”. El
éxito de la Chunta aragonesista (CHA), un proyecto renovador, regionalista e
ilusionante, está pesando en algunos dirigentes de la izquierda que, tentados,
siguen sopesando dar de lado a la propuesta aglutinadora de Rufián para seguir
como siempre en esa especie de atomización que a largo plazo resulta tan letal
para la izquierda española mientras sigue creciendo Vox.
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