Cuando en la III Internacional, en 1935, Iósif Stalin llamó a los
comunistas del mundo a pactar con socialdemócratas y pequeñoburgueses para
crear frentes antifascistas, el líder del PCUS pensaba
sobre todo en España y Francia. Había que frenar el proyecto nazi de Adolf
Hitler que había ganado las elecciones en Alemania en 1933. El fascismo era un
fantasma que recorría Europa y ya estaba plácidamente asentado también en la
Italia de Benito Mussolini. La amenaza ya no era tal, pues ya era una sangrante
realidad, como ahora.
En España, tras una agria discusión en el PSOE entre los seguidores
de Indalecio Prieto, que logró que su partido aceptara el
acuerdo con partidos republicanos que no eran de matriz obrera, y Francisco Largo Caballero, que obligó a que se aceptara
al PCE en la coalición, en enero de 1936 se firmó la creación del Frente
Popular que concurriría a las elecciones el 16 de febrero de 1936. Este próximo
lunes se cumplirán 90 años. Este 2026 se cumplirán también 90
años del golpe de estado militar contra la legalidad republicana. Este año se
cumplirán 90 de muchos hitos de gran relevancia política para nuestro
país.
El Frente Popular incluía a la Izquierda Republicana de Manuel Azaña, la Unión Republicana, el Partido
Sindicalista, el PSOE, el PCE de Pepe Díaz y La Pasionaria, y el POUM de Andreu Nin. Además, participaban algunos partidos
territoriales de diferentes lugares. En Catalunya entró en la coalición
antifascista la ERC de Lluís Companys, y
la candidatura tomó el nombre de Front d'Esquerres de Catalunya. También
formaba parte de este el PSUC de Joan Comorera.
Las izquierdas ganaron las elecciones en el 36 con unos resultados
ajustados, pero la ley electoral les permitió obtener una amplia mayoría
parlamentaria y formaron gobierno muy rápidamente esa misma semana. La unidad
en aquel momento, como en este, era una herramienta útil para aprovechar la
normativa electoral y lograr imponerse en las Cortes. La experiencia se vería
truncada con el golpe de Estado franquista de unos meses después, del 18 de
julio de 1936, aunque la institución del Gobierno de la República operara
durante la guerra civil e invernara en el exilio. Durante la contienda bélica
entraron al Ejecutivo ministros comunistas y,
también, anarquistas.
No volvió a haber ministros de formaciones a la izquierda del PSOE en un
ejecutivo español hasta enero de 2020, tras el acuerdo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que
dio lugar al Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos. En noviembre de 2023 se
conformó la segunda coalición gubernamental, en esta ocasión entre PSOE y
Sumar, Sánchez con Yolanda Díaz. Para
que ambos proyectos tomaran posesión, hicieron falta mayorías parlamentarias
que aglutinaron a formaciones muy diversas entre sí, respondiendo a dos
tendencias: el carácter progresista y el plurinacional.
Los independentistas y soberanistas catalanes (ERC y Junts), vascos (EH Bildu
y PNV) y gallegos (BNG) entraban en lo que el propio Pablo Iglesias llamó
"la dirección del Estado". Jugar en la gobernabilidad de un Estado
del que quieren desligarse políticamente. La moción de censura a Mariano Rajoy de 2018 fue el inicio de un experimento
político que, uniendo voluntades muy distantes entre sí, ha permitido que
España haya sido durante estos casi ocho años referente internacional del
espectro progresista. Mientras la ultraderecha ha ido avanzando rápidamente en
todo el mundo hasta instalarse en la mismísima Casa Blanca y las cancillerías
europeas han virado hacia posiciones cada vez más conservadoras, el Gobierno
español ha resistido como una rara avis en
Occidente.
Aun así, la izquierda en general, y en concreto la izquierda alternativa,
lleva años perdiendo apoyo popular entre el electorado español. El desgaste de
formar parte del Gobierno y, además, ser el socio minoritario; los embistes de
una derecha española que combina sus formas política, mediática y judicial para
derrotar, si no humillar, al adversario; la atávica pelea de patio del colegio
interna en este espacio político que aburre a propios y ajenos; las disputas
personales que adquieren el rango de políticas; la imposibilidad de avanzar en
temas cruciales, como el derecho a la vivienda, por la moderación del PSOE y
por el boicot de las derechas en el Parlamento y comunidades autónomas...
Múltiples son los factores que hacen que la izquierda alternativa esté en un
mal momento según evidencian no solo las encuestas sino los resultados de las
distintas elecciones que se van celebrando. A esto se le suma una crisis del
propio PSOE, brutalmente atacado por la derecha y salpicado por escándalos de
corrupción y de denuncias de acoso sexual en sus filas, lo que hace que la
renovación del Gobierno de coalición parezca una tarea casi imposible en estos
momentos.
Mientras, Vox se hace con el tablero. No solo porque en cada encuesta o en
cada ocasión que se colocan las urnas deja claro que todavía no ha llegado a su
techo electoral, sino porque la ultraderecha ha conseguido copar el debate,
marcar el ritmo de la discusión pública, ayudada por los grandes capitales
invertidos en medios de comunicación y redes sociales. Cuando el estado de
ánimo progresista no podía ser más depresivo, el movimiento de Gabriel Rufián ha puesto todo patas arriba. De
repente había izquierda.
El simple anuncio de una charla compartida de Rufián con el portavoz
adjunto de Más Madrid en la Asamblea autonómica, Emilio Delgado, el próximo miércoles en la Sala Galileo
de Madrid ha volteado el debate político de la semana posterior a la derrota de
las izquierdas en las elecciones de Aragón. Y de repente había izquierda... Y
buena parte de su electorado se ha vuelto a ilusionar. Recuperar la energía y
el optimismo es clave si la izquierda quiere disputar la difícil partida a unas
derechas envalentonadas.
Esta misma semana conocíamos, tal y como avanzó Público, que será el próximo sábado, 21 de
febrero, cuando IU, Más Madrid, Comuns y Movimiento Sumar
presentarán el nuevo sujeto político que aspira a aglutinar a las izquierdas
alternativas de cara al próximo ciclo electoral. Que cuatro partidos diferentes
lleven meses trabajando silenciosamente en una propuesta política en estos
tiempos de ruido y de dictadura de la inmediatez mediática es algo
sorprendente. Quizás por casualidad ambas iniciativas, la de Rufián y el
llamamiento Un paso al frente, han
coincidido en el tiempo. Y esa coincidencia profundiza en la sensación de que
se mueven cosas. De repente hay izquierda.
"O nos movemos, o nos comen", suele repetir el portavoz de ERC en
el Congreso, en referencia al avance del fascismo. Cada vez parece más claro
que el proyecto de Rufián sigue vinculado a ERC, a liderar su candidatura al
Congreso. Sin embargo, esa voluntad de punto de encuentro con otras izquierdas
catalanas y del Estado ha hecho que se mueva el avispero no solo en Catalunya o
en las filas de su partido, donde observan los movimientos del de Santa Coloma
de Gramanet con preocupación, sino en todo el Estado. La fórmula no está clara,
pero sí la energía que hay detrás.
El auge de Vox otorga trascendencia al momento histórico que vivimos. La
de Santiago Abascal es una fuerza política que no
oculta su intención de recortar derechos y libertades si llega al poder a
amplios sectores de la población. También se puede ver afectado el propio
pluralismo político si la ultraderecha entra con fuerza en el Consejo de
Ministros en un gobierno compartido con el PP. La emergencia democrática es
histórica.
La próxima semana será el punto de partida de un largo proceso en el que
las distintas izquierdas alternativas al PSOE se han de reconfigurar ante el
ciclo electoral que ya ha arrancado. De este proceso surgirán sujetos políticos
que adoptarán formas diversas a la hora de expresarse como candidaturas
electorales. Algunas formaciones son de ámbito estatal, otras de ámbito
regional y otras, representantes del soberanismo de una nación sin Estado.
Todas tienen en común la oposición a una vertiente política que quiere imponer
los métodos de Donald Trump en España. "Programa, programa,
programa", decía Julio Anguita. El abanico de acuerdos,
complicidades y compromisos que las izquierdas pueden suscribir entre sí va
mucho más allá que el de compartir una lista electoral. Pactos de no agresión,
foros compartidos para pensar estrategias políticas, puntos de encuentros de
militancias y electorados, listas electorales, acuerdos de coordinación
parlamentaria...
La función acaba de comenzar y ya queremos conocer el desenlace, pero
todavía faltan meses para adivinarlo. La semana que viene puede que se aclaren
algunas dudas, pero ya ha sido muy relevante esta semana que termina. El
momento en el que descubrimos que de repente había izquierda.
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