Comentario: El problema no es este “lobo torpe”, sino los otros torpes que no son capaces de asimilar nada de nada. Por desgracia, España está llena de gente que, como dijo Antonio Machado, trompa.
El portavoz de Vox José María Figaredo vuelve a hacer el ridículo al negar el cambio climático, un fenómeno comprobado por los científicos y organismos más prestigiosos del mundo
Más del ochenta por ciento de los españoles cree que el cambio climático es
una realidad preocupante, según las últimas encuestas. Por fortuna, este sigue
siendo un país de gente cuerda y razonable que todavía confía en la ciencia.
Sin embargo, hay una minoría de negacionistas, supersticiosos y medievalistas
que cierran los ojos ante un fenómeno que empieza a causar estragos en todo el
planeta. Una minoría de incrédulos dispuestos al suicidio colectivo en lugar de
afrontar la verdad incómoda entre los que se encuentra él, el pequeño
lobezno de la ultraderecha, el niño redicho del parvulario parlamentario: José María Figaredo Álvarez-Sala.
En las últimas horas, el nene que vomita sus papillas de odio en las
Cortes, que reniega de “las paguitas”, que sueña con hundir el Open Arms y llama a entrar en Televisión Española, no con lanzallamas, sino con “una
bomba nuclear”, ha vuelto a dar muestras más que preocupantes de trastorno
negacionista grave (eso o vive bajo los efectos de una resaca permanente de
sidrina gijonesa). Tras ser interpelado por un periodista sobre los efectos
devastadores del calentamiento global, al sobrino de Rodrigo Rato le entró uno de sus habituales
ramalazos de cuñado soberbio y decidió abrir la boca para despejar
cualquier duda sobre su incompetencia para la política. “Claro, acabar con la
térmica, o sea demoler las chimeneas, va a hacer que cambie el tiempo aquí...
De repente va a hacer calor en invierno, va a hacer buen tiempo... ¿Es eso lo
que se cree? ¿Se creen ustedes que por prohibir la entrada de coches diésel en
Madrid de repente el tiempo en España va a cambiar? ¿De verdad se lo creen?”, replicó
tratando de ridiculizar al reportero.
Es evidente que este chico no ha entendido todavía de qué va la catástrofe
climática a la que nos enfrentamos. Y no solo le ocurre a él. Por lo que sea, a
la gente de la derecha en general, y de Vox en particular, le cuesta Dios y
ayuda entender el problema de la crisis medioambiental. Será que son de letras
más que de ciencias; de escolástica y teología más que de pensamiento racional.
Le ocurre a Espe Aguirre, que cada vez que sale
en la tele disertando sobre el tema da vergüenza ajena. Los científicos llevan
años explicándole, con palabras llanas para que las comprenda, lo que está
sucediendo en la atmósfera. Y la señora condesa erre que erre, dale Perico al
torno, vuelta la burra al trigo con que el calentamiento global no existe
porque en invierno sigue haciendo frío como siempre y no ve ella que sus
vecinas ricas del barrio de Salamanca vayan en pareo y pamela por la calle en
pleno mes de enero. Es dura de mollera. Y el caso es que no resulta tan difícil
de asimilar el fenómeno. Vamos a intentar explicarlo, una vez más, porque se ve
que son cortitos. Ahí va el enésimo breve manual para los
Torquemadas del movimiento anticientífico patrio (y confiemos en que
no nos quemen en la hoguera como hicieron sus antepasados ideológicos con Giordano Bruno).
El cambio climático es el aumento sostenido de la temperatura global
causado principalmente por las emisiones humanas de gases de efecto
invernadero. ¿Hasta ahí bien? ¿Sí? ¿Nos siguen? Okey, poco a poco, no vaya a
ser que les reviente la cabeza de tanto pensar. Siguiente paso: la subida en
grados va provocando paulatinas alteraciones en el clima. Olas de calor
extremo, sequías y macroincendios en verano; lluvias torrenciales, trenes de
borrascas, danas como la de Valencia,
inundaciones y nevadas históricas como Filomena en invierno. Todo ese pastel
además de otros efectos letales como el deshielo de los polos con subida del
nivel del mar –la imagen de la playa de Matalascañas comida
por las olas es más que demostrativa, no será preciso ahondar, basta con ver
las fotos–, así como la alteración de la biodiversidad y pérdida de
especies animales y vegetales (se calcula que para el año 2100 más del 60 por
ciento de la fauna y la flora habrá desaparecido de este planeta que va camino
de convertirse en el nuevo Marte del Sistema Solar). Por tanto, no se trata de que el
calentamiento global vaya a acabar convirtiendo el invierno en un verano
tropical, ni de que vayamos a ir por la calle con forro polar en pleno mes de
agosto (al menos de momento). Que no, doña Espe, que no, no sea usted tozuda y
necia. Hablamos de una serie de desórdenes climáticos de todo tipo que se irán
agudizando con el paso del tiempo. Lo que nos dicen los científicos es que, si
no ponemos remedio ya (y vamos tarde), si no cambiamos nuestro modelo
productivo altamente contaminante y depredador del medio ambiente, cada año
será peor. Hasta que la Tierra se
convierta en un lugar tan inhóspito que será imposible la vida (al menos para
los humanos; las cucarachas, ratas y oligarcas con refugios nucleares quizá
sobrevivan).
Estamos seguros de que este artículo es una pérdida de tiempo. Sabemos
perfectamente que toda esta somera exposición, que no hace sino repetir los estudios
e investigaciones de los más prestigiosos organismos internacionales,
universidades y mentes más brillantes, no servirá para nada. Ya lo dijo Einstein: “Es más fácil desintegrar un átomo que un
prejuicio”. Podemos entender que las mentes conservadoras van despacio,
lentitas, tardas. La gente de derechas necesita su tiempo para asimilar las
cosas del mundo. El problema, por desgracia, es que no tenemos ese tiempo hasta
que cale la verdad en sus seseras infantiles. Como tampoco tenemos un planeta B.
Cuando el exaltado Figaredo dice que la Agenda Verde (con sus respectivas
medidas contra el cambio climático) empobrece a los españoles, está engañando
al país. Lo que empobrece es el clima apocalíptico que se nos viene encima. Los
campos inundados, las empresas paralizadas, las infraestructuras destruidas y
el Estado en vías de irse a la quiebra (llegará un momento en que ya no quedará
dinero en las arcas públicas para indemnizar y reparar todo el daño
ocasionado por la ira de un planeta que se revuelve contra su amo y señor).
Mejor haría el señor Figaredo en buscar un hueco en su agenda, entre
ridículo y grito de “asesinos” en el Congreso, para ponerse a estudiar un poco,
porque algún día el agua también saldrá a chorros por los enchufes de su casa,
tal como está ocurriendo con los pobres andaluces de Grazalema afectados por el interminable tren de
borrascas. El cambio climático es un fenómeno global que requiere la reducción
drástica de emisiones y la adaptación a la nueva realidad mediante energías
limpias y renovables. Lo demás es demagogia barata y charlatanería para sacar
rédito político. Por desgracia, el discurso fanático vende mucho. Hoy Figaredo
es el rey del mambo entre mucha gente que tiene miedo y está dispuesta a creer
al primer cantamañanas que le dice lo que quiere escuchar. Mañana los mismos
que le votan lo echarán a gorrazos del poder por haber tramado el mayor y más
peligroso bulo de la historia.
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