El expresidente del Gobierno aboga por que Pedro Sánchez convoque elecciones anticipadas y se abstenga en la investidura de Feijóo
José
Antequera 06/11/2025
Felipe González no pierde la oportunidad de
erosionar al sanchismo. En público y en privado, en corrillos con amigos
de Ferraz y en actos públicos como conferencias y
charlas, cualquier momento es bueno para verter su gota de cicuta en el
vaso y terminar de liquidar a un Gobierno de coalición que nunca le ha gustado
por excesivamente izquierdoso. “Yo soy de extremo centro”. Así se ha llegado a
definir él mismo, una afirmación que no deja de provocar sonrojo y vergüenza
entre los socialistas de verdad. Pero hay más síntomas del mal del
conservadurismo que corre sus venas, y no nos estamos refiriendo solo a los
piropos que últimamente recibe de los prebostes del Partido Popular.
Junts ha echado el cerrojo a la
legislatura. Se acabó, no habrá presupuestos ni votará a favor de las 24 leyes
en trámite, según ha anunciado Míriam Nogueras.
En Moncloa huele a muerto mientras FG va de acá
para allá, por los salones y tertulias madrileñas, con sus propios planos del
golpe. Aznar dijo aquello de “el que pueda hacer que
haga” contra el sanchismo y Felipe hace lo posible para que el PSOE
tire la toalla, dé un paso al lado y permita un Gobierno del PP. Es así como el expresidente va preparando el
terreno ante unas posibles elecciones anticipadas. Hay ambiente de comicios.
Con el caso Koldo dejando al descubierto las “lechugas y
chistorras” de la corrupción, con Begoña Gómez al
borde de un juicio con jurado, con el hermano del presidente acorralado por la
Justicia y el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz,
despedazado, triturado y hecho trizas en la caza de brujas que le ha
montado MAR, es más que probable que la legislatura no llegue a
su fin. Felipe lo sabe y está calentando el cotarro en petit comité y también ante la opinión pública
española. Se ha empeñado en que el PSOE rompa los pactos materiales y
sentimentales con la izquierda real. A Yolanda Díaz la
tiene entre ceja y ceja y de hipotéticos acuerdos con Podemos no quiere ni oír hablar. Le repugna todo
ese tipo de rojerío tanto como el ajo a un vampiro.
Según el patriarca del socialismo español, un frente común de izquierdas
para frenar al nuevo fascismo posmoderno tendría “poco futuro” y sería “lo peor
para España”. Una frase que podría rubricar el mismísimo Alvise Pérez. De modo que, si Feijóo no logra la mayoría absoluta con la muleta
de Vox, si tras la jornada electoral hay empate técnico y
no es posible la investidura del gallego, González lo tiene más que claro: que
gobierne la lista más votada, gran coalición bipartidista al canto, la salida
por la “vía moderada” para evitar la parálisis institucional, la repetición en
bucle de las elecciones y una crisis mucho más profunda y galopante. En esa
tesitura, Isidoro plantea diversas
alternativas y la que más le gusta es un Gobierno del PP con apoyos indirectos
o puntuales del PSOE. Para ello, según González, el partido socialista debería
abstenerse en una hipotética sesión de investidura del candidato popular. En
realidad, lo que está proponiendo Felipe es que el PSOE se suicide ya, que
traicione a sus principios fundacionales, que Pedro Sánchez se
acabe convirtiendo, de facto, en el colaboracionista de Feijóo. Su Puigdemont particular. Que el PSOE vuelva al redil
para seguir domesticándose (le parece poco todo lo que se ha prostituido ese
partido desde 1982), que se amanse, que entregue la cuchara y que se deje de
una vez por todas de aventuras y alegrías pseudomarxistas. Esto es, la
rendición final.
Felipe no le ve ningún futuro a Pedro Sánchez. Ni siquiera como bedel de
Ferraz. Lo quiere totalmente fuera de la organización. Y ya tiene sustituto. Lo
anunció durante un homenaje a Alfredo Pérez Rubalcaba,
donde afirmó: “Eduardo Madina fue mi
candidato y lo sigue siendo en mi cabeza y en mi corazón”. Lógicamente, los
sectores más progresistas del PSOE han visto todas estas propuestas como una
traición a los votantes y al socialismo, mientras Page (el quintacolumnista del felipismo) va arrojando leña al
fuego de la discordia.
Felipe intriga contra la actual Ejecutiva socialista. Proliferan los
cotilleos de pasillo, los chascarrillos y bromas hirientes contra el jefe; las
rencillas y los rencores. Hay una pugna fratricida en el partido de los 146
años de historia que va más allá de lo ideológico para entrar de lleno en el
terreno del odio personal. Una lucha que puede estallar en forma de cruenta
guerra civil con riesgo de escisión en cualquier momento. En los próximos meses
asistiremos a un recrudecimiento de ese navajeo a cara de perro. La detonación
controlada del PSOE, alentada por Felipe desde dentro, sería la peor
noticia para la democracia española, que se encuentra ante una encrucijada
histórica: o Estado de derecho o extrema derecha.
Todo lo que propone FG es propio de un conservador, de alguien que vive en
el pasado, de un estadista que hace tiempo perdió el olfato político hasta no
saber leer la realidad contemporánea de un país que nada tiene que ver con el
que él gobernó en los albores de la democracia. No debe haberse enterado Felipe
de que el rojeras de Mamdani se ha
alzado con la alcaldía de Nueva York, dándole
un revés histórico a Trump y
demostrando que no todo está perdido siempre que se mantenga viva la llama del
socialismo real. En plena ofensiva ultra en toda Europa y en todo el mundo, no
queda otra que sumar por la izquierda. Y cuantos más partidos se suban al carro
del frentismo, mucho mejor. El espacio de “extremo centro” al que apela el
expresidente es una quimera, cuando no una estafa al votante progresista. Las
mentiras del caudillo sevillí pudieron colar en el ciudadano temeroso, cándido
e inocente de la Transición –cuando puso en
marcha un cachondosocialismo financiero de feroces reconversiones industriales,
capital árabe y pelotazos inmobiliarios–, pero hoy la fórmula está más que
agotada. El libro del rey emérito, Reconciliación,
no es más que el epitafio con letras doradas de un régimen en descomposición.
Todo lo que no sea caminar hacia una nueva socialdemocracia fuerte y
robusta (mejores salarios y condiciones laborales, servicios públicos de
calidad, abolición de la desigualdad, vivienda digna para todos y derechos
cívicos) está abocado al fracaso. Las viejas recetas de González desangran al
PSOE por las entrañas y solo tienen un beneficiario: el nuevo franquismo en
ciernes de Abascal. El general Armada le
ofreció la vicepresidencia del Gobierno de concentración a Felipe cuando el
tejerazo. Hoy le invitan a sumarse a otro golpe en marcha. Es lo que tiene
estar siempre en el lado malo de la historia.
Comentario: Me estomaga y me avergüenza que este individuo traidor y mal
venido al mundo se haya puesto las botas con los votos de todos los que fuimos
engañados en 1982. Era más de izquierda que nadie y ahora hemos comprobado que
sólo era un bandido sinvergüenza que engañó a todos los pobres socialistas que
creímos en él. Más de 12 millones de españoles depositamos su papeleta como
pobres incautos y fíjense como nos paga el HP.
Pero, por mucho que raje contra los que eran los suyos hasta que llegó un
socialista con altura de jefe que no se rinde fácilmente, nada va conseguir,
porque los que sí creemos en el progresismo -que somos millones de españoles
decentes- seguiremos a su lado y no vamos a cambiar nuestro voto por el
“degenere” de la derecha extrema y la extrema derecha de semejantes “PIGS” como
el traidor y sinvergüenza de FG.
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