Fèlix Alonso
Diputado de los Comuns y portavoz de Sumar en la
Comisión de Consumo del Congreso de los Diputados
Las consecuencias sociales de las últimas sentencias sobre el Índice de
Referencia de Préstamos Hipotecarios (IRPH) son devastadoras. No hay
humanidad.
En Barcelona, por poner un ejemplo, los propietarios con hipotecas
referenciadas al IRPH están perdiendo sus casas. No han podido pagar unos
intereses abusivos durante años y ahora se enfrentan a la ejecución de sus
hipotecas.
El año pasado, con mucho dolor, fuimos testigos de cómo echaban a la calle
a una pareja de 68 y 65 años. Les quitaron todo su patrimonio —dos viviendas— y
los dejaron pendientes de la caridad. Su único error fue firmar dos hipotecas
IRPH Cajas con disposiciones. Su "amigo" banquero no hacía más que,
año tras año, meterles en una deuda mayor, y ellos no entendían por qué su
cuota mensual nunca bajaba.
Ahora, algunos afectados todavía creen que se salvarán porque el Supremo ha
dicho que, si en su contrato pone la circular del Banco de España 8/90,
entonces puede ser nula. Y muchos abogados ya argumentan eso para futuras
demandas. Mientras, a los que su contrato pone otra circular distinta (la
5/94), que son la mayoría, se les queda la casa. ¿Qué significan estos números?
Simplemente son las referencias a dos modelos de cláusulas distintas que usaban
los bancos para incluir el IRPH. La diferencia práctica para las víctimas es
nula, pero para el Tribunal Supremo ha sido crucial para crear una lotería
jurídica.
¿De verdad alguien en su sano juicio cree que los clientes con la circular
del Banco de España 8/90 fueron engañados y los de la 5/94 no? ¿De verdad
alguien cree que un consumidor medio puede entender el complejo mecanismo de la
circular 5/94? Si conocen a este consumidor, preséntenmelo. Porque yo mismo,
desde mi experiencia como director general de Consumo de Baleares, encargué un
informe sobre el IRPH —el mismo que ha servido para resucitar la esperanza de
los afectados— y, a pesar de haberlo leído varias veces, todavía hoy no
entiendo la dichosa 5/94. Y no es por falta de intentos; negocio leyes y he
tenido que descifrar textos normativos muy complejos, pero esta cláusula se las
trae.
Unas sentencias con errores de bulto
Lo que sí tengo claro es que, en mi opinión, el Tribunal Supremo es el
primero que no entiende la 5/94. No hace falta darle más vueltas: basta con
mirar sus sentencias anteriores —donde hablan del IRPH como si fuera una media
distinta de la que es— y las actuales —de las que pronto saldrán a la luz sus
meteduras de pata—.
No hace falta ser profesor de matemáticas para, cuando hablas con tu hija,
saber si ha preparado el examen. Con dos preguntas sobre reglas de tres y
porcentajes, sabes si entiende lo que dice o no. Si fuese literatura, sería más
complicado, pero, amigo, son matemáticas. Y las matemáticas, como dijo un
periodista, están retratando al Tribunal Supremo —que, por lo visto, todavía
cree que Euribor e IRPH son dos gráficas paralelas, así que con un diferencial
menor se compensa la diferencia—. En fin, ¿qué vas a pensar de quien te juzga
si comete errores matemáticos de secundaria? ¿No hay presupuesto en el
Ministerio de Justicia para que un asesor les aclare que los índices no son
paralelos?
Como diputado por Tarragona de Comuns/IU en el grupo plurinacional de Sumar
y portavoz de Consumo, llevo esta lucha al Congreso cada día. Pero la cruda
realidad es que, con nuestros 26 diputados, la correlación de fuerzas en una
Cámara dominada por la derecha hace materialmente imposible aprobar leyes que
no sean del gusto de la banca, las energéticas o las grandes multinacionales.
Por eso esta batalla no se gana solo en el hemiciclo. La necesitamos ganar en
la calle. Es imprescindible el apoyo y la movilización unida de todos los
afectados de toda España. Sin una fuerza social imparable que exija justicia,
será muy difícil torcerle el brazo a un poder financiero que encuentra amplios
ecos en la mayoría parlamentaria actual.
Así las cosas, y hago ironía por no llorar, han empezado unos macabros
Juegos del Hambre: que cada uno mire si se queda sin casa o no, y que la ruleta
del Tribunal decida su suerte. Eso es lo que quiere el Supremo para los
españoles. No olvidemos mirar la composición y la tendencia mayoritaria del
Supremo que ha redactado estas sentencias, con una clara mayoría de magistrados
pertenecientes a una asociación judicial de carácter conservador.
Frente a esta situación, donde el Tribunal Supremo ha convertido la
justicia en una macabra ruleta que decide quién pierde su hogar, no nos
quedamos de brazos cruzados. La salida no puede ser la resignación, sino la
acción política, y en eso estamos.
Hay una esperanza concreta y en marcha. El Grupo Plurinacional Sumar ha
pactado con el Ministerio de Economía que, dentro de la Ley de la Autoridad
Independiente del Cliente Financiero que actualmente se debate en el Congreso,
se incluya una enmienda clave. Nuestro objetivo es que la nueva ley establezca
un comité de supervisión formado por expertos independientes con conocimientos
financieros y matemáticos —no solo juristas— cuya misión sea identificar la
falta de transparencia y el abuso en cláusulas como las del IRPH.
Este comité, fruto del acuerdo, establecería tablas claras e
interpretaciones técnicas para casos de extrema complejidad. Es la herramienta
precisa para evitar que anteriores y futuros fallos basados en malentendidos
técnicos, como los que estamos viendo ahora, sigan decidiendo el destino de las
familias. Es la forma de devolver la seguridad jurídica y el sentido común a un
sistema que el Supremo ha sumido en el caos.
El camino no está exento de obstáculos en una Cámara con la actual
correlación de fuerzas, pero haber logrado este pacto con el Ministerio de
Economía es un triunfo decisivo. Un triunfo que no hubiera sido posible sin la
acción política que tenemos las izquierdas de ser útiles a la gente. Ahora, la
fuerza de los afectados ha de ser el motor que nos permita, incluso con 26
diputados, seguir peleando para torcer el brazo al poder financiero y construir
una justicia que no dependa de una lotería, sino de la equidad.
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