El verdadero combate se libra en la primera trinchera; si esa cede, el resto del frente jurídico se desmoronaría con rapidez. No se trata solo de dinero, sino de preservar un modelo histórico de funcionamiento
José Antonio
Gómez 27/11/2025
En los grandes litigios financieros suele esconderse una radiografía del
poder. En España, el conflicto en torno al IRPH —y, por
extensión, los litigios relativos a las Hipotecas REDAL, Cuotas Crecientes y
Anticipación— funciona como una de esas radiografías. El matemático y perito
judicial Guillem Bou, una de las voces más autorizadas y que más
ha analizado estas prácticas, lo resume con crudeza: “IRPH, Redal, Crecientes y
Anticipación van todos en el mismo saco. Y la banca lo sabe: si cae el IRPH,
caen todos los demás”.
El sector financiero es plenamente consciente del riesgo sistémico. Por
eso, explica Bou, “la banca ha movido todos sus hilos para evitar que caiga el
primero”. El verdadero combate se libra en la primera trinchera; si esa cede,
el resto del frente jurídico se desmoronaría con rapidez. No se trata solo de
dinero, sino de preservar un modelo histórico de funcionamiento.
Días antes de que el Supremo publicara sus resoluciones del 11 de
noviembre, Guillem Bou ya intuía el desenlace. “No quise desanimar a nadie,
pero avisé a algunas personas de lo que iba a pasar. No era futurología: era
matemática”. Para Bou, la lógica interna del sistema bancario, unida a la
arquitectura doctrinal que el Supremo venía consolidando, permitía anticipar lo
que muchos no querían ver.
Tras las sentencias, la reacción de algunos despachos de abogados, que se
apresuraron a anunciar que aún había recorrido judicial suficiente, sorprendió
a Bou: “No entendí cómo se decía que no todo estaba perdido. La pregunta es
obvia: ¿vamos a creer que los que firmaron cláusulas 8/90 fueron engañados y
los que firmaron 5/94 no?”. Era, en su opinión, un espejismo comunicativo para
mantener viva la expectativa de litigación, aunque las resoluciones abrían un
camino muy estrecho.
Pero el punto crítico llegó con la lectura detallada de la Sentencia 1591/25, la clave de toda la arquitectura.
Bou lo sintetiza sin rodeos: “El Supremo se encontró con cuatro métodos de
cálculo que mostraban de forma rotunda que la contratación era abusiva. No
esperaban ese escrito de alegaciones. Y por eso optaron por ignorarlos”. Uno de
esos métodos, recuerda, calculaba un sobreprecio de 50.000 euros en el momento
mismo de la firma.
Ese es el núcleo de su crítica: “Lo inquietante es que el Supremo no rebate
nada. No entra en los cálculos, no los discute, los evita”. Para un matemático
habituado a la lógica formal, el vacío argumental es más elocuente que
cualquier razonamiento.
Criterio matemáticamente imposible
Bou va un paso más allá: “Usaron datos que no existían para justificar un
método que, desde el punto de vista científico, es matemáticamente incorrecto”.
La sentencia, afirma, construye un razonamiento circular que desemboca
inevitablemente en un resultado: ningún IRPH puede ser abusivo.
La conclusión es devastadora: “Con ese criterio, ningún contrato IRPH será
nunca abusivo. El IRPH no es nulo y la Tierra es plana”. Bou no recurre a la
ironía para provocar, sino para ilustrar la imposibilidad lógica de la doctrina
establecida: una fórmula pensada para blindar el índice, no para evaluarlo.
Además, denuncia una estrategia deliberada: “Es la táctica de la rana
caliente. Primero descartan unos IRPH, luego otros, luego los siguientes. Y al
final te cambian el IRPH Cajas Fijo por el IRPH Entidades. Todo muy gradual,
muy discreto”.
La banca ya ha ejecutado desahucios masivos vinculados al IRPH congelado.
La doctrina del Supremo, a su juicio, no solo no corrige esas distorsiones,
sino que legitima su continuidad.
La cuestión, insiste Bou, no se limita a las hipotecas: “La anticipación
afecta a todos los productos financieros. Sale a una media de 1.000 euros por
español”. Es una cifra suficientemente significativa como para explicar el
férreo cierre de filas del sector.
En este contexto, la resistencia judicial no es solo un asunto técnico,
sino estructural: evitar una litigación masiva que podría golpear a todo el
sistema financiero español en un momento de transición económica delicada. No
sería la primera vez: Europa ya vivió episodios similares con las cláusulas
suelo o las preferentes.
Pero Bou tiene claro que la solución no vendrá de arriba: “No esperes lo
que harán otros por ti, porque quizás esos otros necesiten ahora, más que
nunca, tu ayuda”. Su llamamiento no es retórico, es la constatación de que las
conquistas en materia de transparencia financiera en España han sido siempre
reactivas, nunca proactivas.
Dilema estructural
El futuro del IRPH es, en realidad, un referéndum silencioso sobre
el modelo de relación entre banca, justicia y ciudadanía en España. Si el
índice cae, se abrirá un nuevo ciclo de reclamaciones que podría transformar el
sector. Si resiste, lo hará a costa de profundizar la desconfianza en los
tribunales.
Bou lo sintetiza con un interrogante que trasciende el caso concreto:
“¿Puede un país moderno sostener un sistema financiero que necesita de
criterios acientíficos para seguir en pie?”.
Es una pregunta que golpea no tanto a la banca como a la arquitectura
institucional que la rodea. Porque, como en todo sismo profundo, la cuestión no
es dónde tiembla el suelo, sino qué edificios estaban mal construidos desde el
principio.
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