MANUEL RICO 20/11/2025
El juicio al fiscal general ha sido uno de los espectáculos políticos más
interesantes de los últimos tiempos. Políticos, sí, porque cualquier observador
imparcial sabe que han sentado a Álvaro García Ortiz en
el banquillo no solo sin pruebas, sino también sin un solo
indicio mínimamente sólido de haber filtrado el ya famoso correo con la confesión del ciudadano particular que tiene a su servicio a
medio Gobierno autonómico. Es decir, lo han juzgado sin razón
jurídica alguna. Pero, en su dimensión de espectáculo político, el juicio ha
sido revelador porque ha dejado retratados a unos cuantos.
Ha
dejado retratado al tribunal, que prohibió a los medios de
comunicación retransmitir el juicio, en un acto de censura impropio de una democracia.
Claro que ahora ya se entiende la prohibición: querían evitar el bochorno de
que toda España pudiera ver en directo un juicio sin pruebas.
Ha
dejado retratado al mandamás de la UCO Antonio Balas, quien al parecer se
perdió la clase de Barrio Sésamo donde
explican la diferencia entre casualidad y causalidad. "Todo lo que ha sido
filtrado ha sido después de estar en poder de la Fiscalía General del
Estado", declaró Balas, y se quedó tan ancho. Pero que B ocurra después de A, no significa que A sea la causa de
B. Si los señores del tricornio no saben esto, es para echarnos
a temblar. Balas no encontró "pruebas" contra el fiscal general, pero
maneja todo un catálogo de "inferencias". Fíjate tú, como Rappel, que
también infiere cosas.
Ha
dejado retratado al instructor Hurtado, aunque en este caso no es noticia,
porque estamos hablando de un señor que puso por escrito en una sentencia que
vincular la trama Gürtel con
la dirección del PP era "dar un salto al vacío". Así que disculpen mi
acto de caridad cristiana de no hablar de la instrucción de Hurtado, que no
dicta autos, escribe cuentos.
Ha
dejado retratado al jefe de gabinete de la pareja del ciudadano particular. Tampoco es novedad.
MAR fabrica bulos con la misma cadencia que una
persona normal respira. Y sus correveidiles publican los bulos con la misma
cadencia que van llegando los euros públicos a las cuentas bancarias de sus
medios.
Un alma torturada
Pero
mi retratada favorita, qué duda cabe, es Almudena Lastra, quien cobra como
fiscal superior de la Comunidad de Madrid. Suya es la frase más celebre del
juicio. Cuando el fiscal general le dijo que no tocaba hablar de la filtración
del correo sino de la difusión de una nota para desmentir a
los buleros, a la pobre Almudena casi hay que ingresarla en
Urgencias (de algún hospital de Quirón) del tremendo sofoco.
–
"A mí eso se me quedó clavado en el alma porque a mí sí me
importaba que se hubieran filtrado los correos", declaró Lastra en el
juicio, un año, siete meses y veinte días después de la conversación con Álvaro
Ortiz que dejó marcada el alma de esta mujer por los siglos de los siglos.
El
alma de Almudena Lastra. ¡Qué gran tema! Déjenme que les cuente un poco sobre
la materia.
Almudena
Lastra, en la Memoria de la Fiscalía Superior de la Comunidad de Madrid
correspondiente al año 2020, mintió con saña sobre lo que había
ocurrido en las residencias de personas mayores. Las falsedades son
muchas, pero hay tres que son de talla XXL: sostiene que el
Protocolo del Gobierno Ayuso que impedía trasladar al hospital a
residentes con alta dependencia física o grave deterioro cognitivo "no
funcionó como impedimento" para las derivaciones, afirma que los pacientes
recibían en los geriátricos "un tratamiento hospitalario similar al
que habrían recibido caso de ser derivados", y asegura que las
bajas de personal durante la pandemia "se fueron
solventando" con "medidas de diversa índole".
Esas tres mentiras extragrandes tienen como objetivo exculpar al Gobierno de Ayuso de las dos
principales acusaciones recibidas por su gestión durante la pandemia: que no
medicalizó los geriátricos y que aprobó un Protocolo que impidió el traslado a
los hospitales de los residentes más vulnerables. 7.291 personas fallecieron
en las residencias sin ser trasladadas a un hospital en marzo y
abril de 2020. Y Lastra no movió un dedo para investigar seriamente los hechos.
El
19 de octubre de 2022, este humilde periodista le envió a Almudena Lastra 38
preguntas sobre lo ocurrido en las residencias de Madrid. La mujer aún no ha
tenido tiempo para contestar. "Soy una persona que, cuanto más
presión, más despacio voy", indicó en el juicio. Escuchar esa frase me
llenó de esperanza: quizá no ha respondido aún porque va despacio. Toda mi
comprensión. A ver si hay suerte y contesta en 2026 [mientras tanto, quien
tenga interés en conocer las 38 preguntas que no ha respondido, las puede consultar aquí].
Un
alma marcada por la filtración de un correo del ciudadano particular y que
miente con alevosía sobre la violación masiva de derechos humanos en las
residencias que estaban a cargo de la pareja del ciudadano particular, qué
quieren que les diga, a mí me parece que es un alma que está negra.
Muy negra. Podrida.
La
fiscal superior tuvo otros momentos brillantes durante el juicio. Tengo dos
favoritos. "Soy fiscal, yo trabajo por las mañanas", aseguró
para explicar por qué le molestaban las prisas del fiscal general para
desmentir un bulo que se había publicado por la noche. "Creí que
este es un señor particular", afirmó para aclarar por qué no se
planteó elaborar ella una nota de prensa sobre el presunto defraudador
fiscal. ¡Qué feliz coincidencia! Allí donde Ayuso ve a un
"ciudadano particular", Lastra detecta a un "señor
particular". Almas gemelas.
¿Dónde está la bolita, Álvaro?
Vayamos,
por último, a otro asunto mucho más mundano. Todos ustedes conocen el juego del
trile, donde el estafado cree que va a adivinar en qué cubilete se esconde una
bolita. El trilero enseña y retira la bolita a conveniencia, pero cuando al
incauto le toca averiguar dónde está, ninguno de los tres cubiletes esconde una. El
Tribunal Supremo lleva jugando al trile con Álvaro García Ortiz desde el minuto
uno. La bolita, en este caso, se llama "nota informativa".
No
es sencillo explicar este trile, pero vamos a intentarlo. Todo el procedimiento
contra el fiscal general, en sus diversas instancias, ha girado sobre dos
cuestiones:
– El correo electrónico donde el
ciudadano particular confesaba su fraude fiscal. Tuvieron acceso al mismo
cientos de personas y no hay ni pruebas ni indicios de que García Ortiz lo
filtrase.
– La nota informativa publicada
después de que los medios difundiesen el contenido del correo. La autoría la
asumió el fiscal general.
El
Juzgado de Instrucción 28, donde se inició la causa, y el Tribunal Superior de
Justicia de Madrid (TSJM), donde continuó al afectar entonces a la fiscal
provincial, investigaron única y exclusivamente la nota informativa al
entender que su difusión constituía un posible delito de revelación de
secretos. Cuando García Ortiz asumió la responsabilidad de dicha nota, el TSJM
elevó el asunto al Tribunal Supremo, ante el que está aforado el fiscal
general.
Y
aquí es donde se produjo la magia (o el trile). El Supremo
concluyó que la nota informativa no podía constituir una revelación de secretos
porque las informaciones que contenía "habían sido sacadas a la luz por
distintos medios", pero al mismo tiempo aseguró que sí podía ser delito la
filtración del correo electrónico. Eso generaba un enorme problema:
el Supremo era competente para quedarse con la causa si el delito estaba en la
nota informativa, porque el aforado García Ortiz había asumido su autoría,
pero tenía que devolver la causa al TSJM (o incluso al Juzgado
de Instrucción) si el delito estaba en la filtración del correo, porque no
había ni un solo indicio contra el fiscal general. Ni contra nadie de las
cientos de personas que habían tenido acceso al correo, por la sencilla razón
de que la investigación hasta entonces había sido sobre la nota informativa.
Pero el Supremo decide quedarse la causa con el argumento de que el correo
estaba en poder del fiscal general y de la fiscal provincial. Ya, y de otras
cientos de personas, incluida por cierto Almudena Lastra. Para más escarnio, en
el auto donde se queda con la causa, señala que el Supremo solo es competente
"cuando se comprueba que existen indicios sólidos de
responsabilidad frente a un aforado". Pero, oh casualidad, se le olvida
explicar cuáles son esos "indicios sólidos" en el caso de García
Ortiz. ¿Dónde está la bolita, Álvaro?
Uno
podría pensar que, si en ese auto de admisión de la causa por parte del
Supremo, se indica con claridad que la nota informativa no constituye delito,
desaparecería de la posterior instrucción. Pero no, como la bolita de los
trileros, la nota informativa aparece y desaparece según convenga.
Así,
el instructor Hurtado indicó en un par de autos que el correo y la nota
informativa formaban "una misma unidad de acto". Pero
hombre de dios, constituirán una "unidad de acto" si quien filtra los
datos es el mismo que elabora la nota; es decir, si es el fiscal general. Pero
resulta que no tenemos ni una sola prueba de que el fiscal general sea el autor
de la filtración. Eso sí que es un instructor-trapecista dando
saltos en el vacío. ¿Dónde está la bolita, Álvaro?
Antonio Balas, el que no hizo un doctorado en lógica aristotélica, entre
inferencia e inferencia, insistió durante su declaración en que "se ve un
dominio a todos los niveles del fiscal general". Pero hijo mío, el "dominio" será para la elaboración de la nota
informativa, que eso no lo discute nadie. No
hay "dominio" que atribuir a nadie, en cambio, sobre una
filtración de cuya autoría nada se sabe. ¿Dónde está la bolita,
Álvaro?
Y qué decir del presidente del tribunal, Andrés Martínez
Arrieta, tan raudo en cortar las preguntas de la abogada del Estado
que incomodaban a la fiscal del alma torturada,
tan sensible a la hora de detectar amenazas en la declaración intachable de un
periodista, pero que no tuvo problema alguno en permitir que se hablara sin
descanso sobre la nota informativa. Algo que no parece razonable si ya había
quedado establecido que la difusión de dicha nota no era delito. ¿Dónde está la bolita, Álvaro?
La
bolita ha estado durante todo el procedimiento en el Supremo apareciendo y
despareciendo a conveniencia del mago (o trilero) que dirige el juego. En su
alegato final, el abogado del Estado que defendió al fiscal general se quejó,
con razón: "Señorías, no sabemos de lo que nos estamos defendiendo;
no sé a estas alturas si tengo que defenderme solo de la filtración del correo
o si también de la nota".
La
bolita ha quedado botando de cara a la sentencia. Si no hay
mayoría para condenar, la bolita servirá para el voto particular de los más
intrépidos; si hay mayoría, ayudará a argumentar el fallo.
Ah,
se me olvidaba, de la autoría de la filtración que motivó el juicio seguimos
sin saber nada. Yo creo que fue Almudena Lastra. ¿Tengo pruebas?
Ninguna. Ni la más mínima. ¿Tengo indicios? El alma negra, que tenía el correo
antes de la filtración y que su despacho está en una tercera planta, y el
periodista de la SER que dio la exclusiva declaró que su fuente tiene el
despacho en una tercera planta. ¿Qué eso no parecen indicios sólidos? Puede
ser. Yo los considero inferencias.
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