Lo digo en latín y con signos de admiración porque “salario” proviene de “salarium”, que hacía referencia a la paga o ración de sal que los soldados y funcionarios públicos recibían en la antigua Roma, ya que, la sal era un producto muy valioso por su uso en la conservación de alimentos, la sazón y como conservante, e incluso funcionaba como moneda de cambio, por lo que esta paga en sal se generalizó para indicar cualquier tipo de remuneración por un servicio o trabajo. En España, el salario es algo que ya se sale de lo vulgarmente dicho “horripilante”, que es como llamaba mi sabio abuelo, Antonio Triviño, a algo que sobrepasaba la palabra “horrible”.
Para abrir boca -con perdón- les voy a referenciar
algunas frases célebres sobre el salario, simplemente, para que vean y conozcan
las miserias que engloba:
“Ya los barcos negreros no cruzan el océano. Ahora
los traficantes de esclavos operan desde el Ministerio de Trabajo. Salarios
africanos, precios europeos”. De José Luis López Aranguren.
“Si el emperador me quiere, que me pague, pues sólo
el honor de estar con él no me alcanza”. De Mozart.
“El buen salario, la comida abundante, el buen
vestir y la libertad educan a un adulto como la escuela a un niño”. De Domingo
Sarmiento.
“Dale al trabajador su salario antes de que se haya
secado el sudor de su frente”. De Mahoma.
“Lo difícil no es ganar dinero sin más. Lo difícil
es ganarlo haciendo algo a lo que valga la pena dedicarle la vida”. De Carlos
Ruíz Zafón.
“No es el patrón el que paga los sueldos, él sólo
tiene el dinero. Es el producto el que paga los sueldos”. De Henry Ford.
“El salario mínimo impide a muchas personas obtener
un empleo”. De Milton Friedman.
“Mientras opere una lógica capitalista de producción
e intercambio, basta decretar la máxima libertad para garantizar salarios de
miseria y jornadas de esclavitud”. De Carlos Fernández Liria.
“Los precios suben por ascensor, los sueldos por
escalera”. De Juan Domingo Perón.
“Solamente en los sueños
somos libres. El resto del tiempo necesitamos el sueldo”.
De Sir Terry Pratchett.
“Cuando los directivos argumentan que
es necesario reducir
los salarios, o
que tiene que haber despidos para que las grandes empresas puedan competir, pero al mismo tiempo esos directivos se aumentan sus
propios sueldos, los trabajadores consideran, con toda la razón, que lo que está ocurriendo es
injusto.”
De Joseph Eugene Stiglitz.
“Prefiero ganar un 1% del esfuerzo de
100 personas que el 100% de mi propio esfuerzo”. De John D. Rockefeller.
“El verdadero nacionalismo es la defensa
del salario del pueblo”. De Alán García.
“Salarios justos, viviendas
dignas y techo para todos; derecho a la salud firmemente”. De Arturo Umberto
Illia.
“Un aumento de sueldo es
como un Martini: sube el ánimo, pero sólo por un rato”. De Dan Seligman,
columnista de la revista Forbes. Y, por último, una de las muchas frases
célebres de El Roto: “Si no nos pagáis a quiénes les vais a vender lo que
fabricáis”.
Antes de entrar en datos,
pienso que el salario en España es, simplemente, una de esas muchas vergüenzas
que arrastramos los españoles. Hay gente que supera con creces en sus
remuneraciones a sus homólogos de toda la UE, el Reino Unido, etc., mientras el
mundo del trabajo (el de los trabajadores llanos, se entiende) jamás llegará a
esa convergencia con lo que reciben franceses, alemanes, ingleses, belgas,
holandeses, etc., por realizar el mismo tipo de trabajo. Y no digamos ya si
hablamos del salario de las mujeres, donde, obviamente, la cosa se agudiza aún
más, donde la desvergüenza ya clama al cielo.
Trabajar en España -el que
lo consigue- es algo inaudito, hasta el punto de que al bajo salario hay que añadir
que las horas extras no se cobran (cerca de 10 millones semanales, según alguno
de esos sindicatos desaparecidos en combate). ¡Vaya!, como he dicho antes, una
de las muchas vergüenzas que tenemos que soportar, que si hay alguna que lo
supera sólo se puede hablar de fútbol y del Real Madrid y el Barça y sus
arbitrajes “comprados”, que no sólo alcanzan a sus partidos, sino que
“retuercen” los demás por si acaso algún otro se les acerca, caso del Atlético
de Madrid en Vigo (con un tal Soto Grado de árbitro que ya viene de llover
sobre mojado) por citar uno de los últimos ocurridos cuando empiezo a escribir
este escrito, pero que estará olvidado cuando se publique. Les invito a que
lean mi escrito de hace unos días titulado “Por la senda de Szymon Marciniak”
sobre la arbitrariedad en el fútbol.
Y para colmo, en este país,
son muy pocos los medios que denuncian las desvergüenzas salariales, pues no es
que ya no lo hagan El Mundo, La Razón, ABC, El Confidencial, El Español, incluso
El País, sino que esa otra prensa que se autodenomina independiente (El Diario
Es, Público, Infolibre, El Plural, y un sinfín de diarios digitales) sigue el
mismo camino y rara vez hablan de salarios. Sólo Diario 16 (ahora Diario
Sabemos), Siglo XXI, Extremadura 7 días, y en ocasiones -muy contadas- el
Diario Hoy y el Periódico Extremadura de mi región se atreven a decir lo que es
de dominio público cada día que pasa más delictivo referido al salario. Por
supuesto, mejor no hablar de emisoras de radio y de las televisiones privadas,
y hasta hace muy poco de la TVE. Gracias a la SER socialista, a Jesús Cintora y
a Javier Ruiz se está igualando un poco el combate entre pesos pesados de la
información (y mucha más desinformación) y los “plumas” boxísticos de la
verdad. Ni que decir tiene, que todos los medios de la derecha, que son la
mayoría -dinero llama a dinero-, están al servicio de Dña. Israel Díaz Ayuso,
la promotora del Genocidio de Gaza, que dejó morir por falta de atención
hospitalaria a 7.291 ancianos y se quedó tan pancha; y, evidentemente, al
servicio del Sr. Feijóo, que, por cierto, también tiene donde trillar con sus
familiares en su Galicia natal (contratos a dedo, playa particular y no sé
cuántos “asuntos” más de presunta índole judicial).
En fin, que si los de la
izquierda, que por desgracia no son de izquierda, aunque lleven en sus siglas
la “O” de obrero, fueran de izquierda realmente, este país no estaría ahora
sumido en una desvergüenza salarial inigualable que tan solo Podemos ha tratado
de aliviar… sin conseguirlo totalmente, claro, pues es muy difícil luchar
contra los “elementos”.
Decía Thomas Piketty -en su
libro “Capital e Ideología”- lo siguiente sobre el salario de los trabajadores:
“Una sociedad justa debe basarse en una lógica de acceso universal a los bienes
fundamentales: la salud, la educación, el empleo, las relaciones sociales y los
salarios diferidos (para las personas mayores -en forma de pensiones de
jubilación- y para los que no tienen trabajo -en forma de prestaciones de
desempleo-). La ambición debe ser la de una sociedad basada en una remuneración
justa del trabajo. Y la renta básica puede contribuir a ello, mejorando los
ingresos de las personas con salarios demasiado bajos”.
Decía también Piketty: “Se
trata, sobre todo, del sistema educativo. Para que todo el mundo tenga la
oportunidad de acceder a un trabajo bien remunerado, debemos dejar atrás la
hipocresía de invertir más recursos en los itinerarios elitistas que en los
itinerarios que más frecuentan los estudiantes socialmente desfavorecidos.
Se trata también del sistema
fiscal. Conviene no olvidar que el impuesto progresivo sobre la renta
contribuye al establecimiento de salarios más justos mediante la reducción de las
diferencias de rentas propias de una sociedad justa.
En concreto, la experiencia
histórica muestra que los tipos marginales del orden del 70-90 por ciento sobre
las rentas más altas han permitido poner fin a remuneraciones astronómicas e
innecesarias, en beneficio, sobre todo, de los salarios más bajos y de la
eficiencia económica y social del conjunto”. Y concluye Piketty: “Es importante
pensar en la renta básica como parte de un paquete más ambicioso que incluye la
fiscalidad progresiva sobre la propiedad y la renta, la dotación de capital y
el Estado social”.
Creo que los españoles, yo,
por lo menos, sí, tenemos claro que las explicaciones de Thomas Piketty no van
con lo que piensan nuestros gobiernos (habiendo domado ya a los sindicatos,
como todos sabemos) sobre la progresividad de la Renta y las remuneraciones de
UNOS y de otros, escandalosamente desproporcionadas. En esta España de hoy día,
nadie tiene -ni lo mienta- intención de modificar la declaración de la Renta
para hacerla más progresiva y más justa sin bonificaciones empresariales y
otros menesteres que la convierten en algo -como en una ocasión me dijo un
“retorcido” fascistoide- creado para que paguen los pobres. Pobreza que ya está
alcanzando a las clases medias tras haber pulverizado a los más desfavorecidos.
Hasta aquí por hoy, pero hay
mucho más que decir sobre salarios y muchos datos que aportar. Será otro día
que me pille con ganas de seguir, aunque hablar de salarios entristece en este
país más de lo deseado y se pierden con frecuencia las ganas de continuar
disertando, aún a pesar de las ayudas de tantos profesionales de la información
que siempre dan la talla.
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