Comentario: Está más que claro: los contratos fijos discontinuos son la moda actual. Quizás España no tenga, de momento, otro remedio mejor para el empleo. Pero, deberíamos pensar no sólo en la economía del turismo de temporada y tratar del empleo industrial y de infraestructuras trasnochadas. Sólo con ver cómo están los saneamientos de los pueblos y ciertas industrias, sin contar en olvidar la industria de ensamblaje y crear la propia, se da uno cuenta de la mala solución que tiene la cosa. Amén de una Reforma Laboral completa y no la que las Sra. Yolanda Díaz nos encasquilló, que, como es bien visible, no ha servido nada más que para que la Gran Empresa se siga poniendo las “botas” mientras las clases más desfavorecidas y los jóvenes caminen a un muy buen paso hacia la exclusión social.
Y vendrán los del diccionario de los bulos y las falsedades, VOX, y los
reyes de la abulia, PP, y todo seguirá igual. Aún hay tiempo de cambiarlo todo,
sólo es cuestión de entereza y decisión política de los que se tienen por
izquierda en este país.
La España de Sánchez crea empleo, pero no trabajo real: 24% de paro juvenil, contratos temporales disfrazados de indefinidos y jóvenes obligados a sobrevivir con sueldos insuficientes
José Antonio Gómez
31/12/2025
La Encuesta de Población Activa (EPA) y los datos
del SEPE presentan un escenario que, a primera vista,
parece alentador: la tasa de paro cae al 10,3%, la afiliación a la Seguridad
Social supera los 22 millones y los contratos indefinidos marcan récord
histórico. Ese es el discurso de Moncloa. Sin
embargo, los mismos informes oficiales muestran un mercado laboral
fragmentado, precario y profundamente desigual, donde la estabilidad
y la calidad del empleo siguen siendo privilegios para unos pocos.
Más contratos, menos seguridad
El aumento de ocupados en 2025, con más de medio millón de nuevas
incorporaciones, ha servido al gobierno como argumento propagandístico. Pero el
análisis profundo de los datos oficiales revela un patrón preocupante: la mayoría de los empleos son parciales, discontinuos o
estacionales, y no garantizan ingresos suficientes ni cotización
completa. En la práctica, España crea empleo estadístico, no
empleo real, y los trabajadores viven atrapados en contratos
fragmentados que ocultan la precariedad estructural.
La brecha de género laboral es alarmante. Aunque los
datos brutos muestran disminución del paro femenino, la realidad es que el 73% de los contratos a tiempo parcial están ocupados por
mujeres, quienes acceden con mayor frecuencia a empleos inestables y
peor remunerados. Esta desigualdad perpetúa la vulnerabilidad económica, limita
la promoción profesional y amenaza la futura pensión de millones de
trabajadoras.
Contratos “indefinidos” que engañan a la
estadística
La reforma laboral de 2021 pretendía reducir la temporalidad, pero los
datos demuestran que el 60% de los contratos
indefinidos son fijos discontinuos o parciales, activándose solo
durante picos turísticos o estacionales.
El resultado es un mercado donde los “indefinidos” funcionan como una estrategia para maquillar cifras, mientras los
trabajadores viven bajo la constante incertidumbre de la rotación laboral.
Juventud atrapada
El paro juvenil alcanza el 24% en España, casi el
doble de la media europea, y los ingresos de los menores de 35 años son
inferiores a los de los jubilados.
El país ha convertido a la juventud en un “impuesto social” no remunerado,
mientras los mayores disfrutan de seguridad económica y acumulación de riqueza.
La fractura intergeneracional no es un dato menor: simboliza la ruptura del contrato social que alguna vez
prometía progreso y estabilidad a las nuevas generaciones.
Estacionalidad y empleo fragmentado
La temporalidad marcada por el turismo y la hostelería demuestra que firmar contratos no equivale a generar empleo estable.
Cada otoño, miles de trabajadores pierden su ocupación, y los contratos
firmados se fragmentan en jornadas parciales o discontinuas, afectando a la
calidad de vida y al consumo de millones de familias.
El sueldo no alcanza ni para sobrevivir
Mientras el gobierno celebra cifras macroeconómicas, los hogares sufren un
incremento sostenido en alimentos, vivienda y energía.
La inflación selectiva erosiona los salarios y limita el consumo básico,
demostrando que el crecimiento estadístico no se traduce en bienestar real.
El relato oficial sobre el “mercado laboral recuperado” no resiste un
análisis profundo de las mismas estadísticas e informes de los que presume el
gobierno de Pedro Sánchez. La España de 2025 muestra
una paradoja: más contratos, más afiliaciones, más datos positivos, pero menos estabilidad, menos calidad y desigualdad estructural
persistente. La precarización y la fragmentación laboral son ahora
norma, y los indicadores macroeconómicos solo ocultan la realidad cotidiana de
millones de trabajadores.
Para revertir esta situación, España necesita una reforma laboral integral, que priorice empleos
estables, cotización plena, igualdad de género y acceso real de la juventud a
trabajos de valor añadido. Solo medidas estructurales que Sánchez no se atrevió
a acometer podrán transformar el mercado laboral de apariencia estadística a realidad tangible,
garantizando que el empleo deje de ser un espejismo y se convierta en progreso
social y económico.
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