CRISTINA FALLARÁS 03/01/2026
Nos cuesta decir que Estados Unidos es en este momento un régimen fascista
totalitario porque, en cierto modo, nos sentimos identificados con dicho país.
Esto es así por razones obvias. Europa ha acabado convirtiéndose en la triste
mascota del tirano. No un perro juguetón, no una gata independiente, sino la
triste rata en una jaula alimentada con restos de triperío y basura.
La rata europea que los EEUU de Trump mantienen a base de restos no juega
ningún papel. No se trata de un bicho de laboratorio, ni siquiera eso, no le
abrirán las tripas para jugar a científicos crueles. La rata apenas da vueltas
en su encierro, alimentada, dócil, adormecida.
Como rata mansa y cebada, no se ha percatado de la manera en la que sus
ahora dueños han ido apartando la jaula que habita hasta dejarla arrumbada en
un rincón por donde nadie pasa, a donde nadie mira. Si alguien se fijara —pero
¿quién lo haría y para qué? — podría comprobar que en realidad ya no tiene
forma de roedor. El lomo flácido, el hocico viejo, las orejas desaparecidas y
la cola carcomida conforman una masa gris amorfa con calvas y ronchas aquí y
allá.
Mientras asistimos a la nueva era de intervenciones de los Estados Unidos
en Latinoamérica, las palabras huecas de los “líderes europeos” van rebotando
de un medio de comunicación a otro. No se dice nada. Algunos aplauden sin
demasiada emoción, otros proponen “mediar” o nombran algo antiguo llamado
“derecho internacional”. Los líderes europeos son los piojos entre el pelo ralo
de la rata vieja. Nada que decir. Por su puesto, mucho menos que hacer. Desde
el rincón en el que no quieren reconocerse, como de costumbre, asisten al descalabro
con su onerosa mansedumbre a la que llaman bienestar.
Y ahí estamos nosotras, nosotros, sin saber si esperamos que maten a la
rata o que la rata muera de un empacho de ruindad. Algunas personas se
preguntan cómo hemos llegado hasta aquí, hasta el rincón más sucio y olvidado
de las posesiones del “imperio”. Otras, la mayoría, ni siquiera saben qué
tienen que celebrar cuando sus representantes sonríen ante el secuestro de un
presidente y la repetición de un crimen que creímos podría no repetirse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario