Cada día que pasa entra en mi consideración con más fuerza el auspicio de que ciertas vergüenzas políticas se enquistan. Llegaron para quedarse también con la democracia y vaya si se han quedado. Es el caso de la corrupción política, que cada vez que uno ojea algo en algún medio se encuentra una nueva podredumbre que añadir al innumerable listado de sumarios conocidos. Muy poca gente de la política se escapa en España de algo que esconder. De tal manera que si no ha metido la mano en la caja (algo ya muy común), ha usado su influencia, el nepotismo, para con amigos o familiares. El tema está demasiado tratado y no voy a insistir porque ya lo hacen unos políticos contra otros y unos medios de información también contra otros para defender sus ideales editoriales, que, dicho sea de paso, en muchas ocasiones dejan bastante que desear por sus malintencionados propósitos de catequizar el adoctrinamiento.
Parece ser que todos los partidos políticos
necesitan de algo más de lo que les corresponde por su representatividad para
mantenerse, y, curiosamente, en este país, mantener un enjambre de personas
viviendo de la política, cerca de ¡500.000! según las estimaciones fiables,
unas cuatro veces más que Alemania, por ejemplo, que nos dobla en número de
habitantes y tiene 16 Länder (Estados Federales, el equivalente a nuestras
Comunidades Autónomas), o sea, casi las mismas entidades políticas.
Pero, amén de lo dicho, lo que a mí más me llama la
atención, es lo que ocurre en el Partido Popular en lo referente a los muertos
por distintas causas no siempre imprevisibles. Para el PP, da la impresión de
que “sus culpas” en los casos en los que hemos tenido que soportar tantos
fallecimientos, es algo que consideran como chilindrinas, cosas de poca
importancia. En el PP, da la impresión de que eso de la necrofilia (la
atracción por la muerte y lo relacionado con ella) es algo irrelevante. Algo
que no les preocupa en absoluto, se supone que, porque están convencidos de que
“no hay delito, absolutamente ninguno, que no pueda ser tolerado cuando nuestro
lado lo comete”, que dijo Orwell. Además, de que como también señaló Orwell,
“el nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio
lado, sino que tiene una extraordinaria capacidad para ni siquiera oír hablar
de ellas”. Dan por bueno el oxímoron “silencio atronador”.
Voy a detallar los múltiples casos que me vienen a
la memoria (discúlpenme sino lo hago cronológicamente) en los que los populares
se han visto involucrados, pero que ellos consideran como algo sin importancia,
y los medios afines tratan de que, de alguna forma, no les suponga el menor
deterioro electoralista a pesar de la gravedad que una muerte sin motivo
suceda, y más cientos de muertes:
El “caso de las bombas en los trenes de Madrid”. El
11M.
Se refiere a los atentados terroristas del 11 de
marzo de 2004, perpetrado por una célula yihadista que detonó diez bombas en
cuatro trenes de cercanía en horas punta, resultando 192 muertos (luego se
añadiría uno más, un policía de élite) y casi 2.000 heridos (1.893, que luego
serían 2.057), siendo el mayor ataque terrorista en la historia de España y de
la UE, y provocando un gran impacto social y político en el país.
Jueves 11 de marzo de 2004, cuatro trenes de
cercanías en Madrid (estaciones de Atocha, El Pozo, Santa Eugenia y Chamartín)
recibieron la detonación de diez bombas en vagones abarrotados, y dos más
fueron desactivadas. La autoría, una célula terrorista vinculada a Al Qaeda sin
vínculos con ETA. El motivo, se cree que la participación de España en la
guerra de Irak (2003) fue un factor clave. Semanas más tarde, una operación
antiterrorista localizó a los autores en un piso franco en la localidad de
Leganés, que acorralados se inmolaron matando en la explosión a la víctima 193
antes reseñada de un policía de élite.
Pocos días después, se celebraron elecciones
generales en España, que resultaron en un cambio de gobierno. El PSOE ganó las
elecciones del 2004 al PP y el gobierno pasó de Aznar a Zapatero (en la
Wikipedia se puede ver con más detalles todo lo ocurrido). El PP no aceptaba lo
del ataque terrorista y siguió inculpando a ETA para intentar sacar rédito
político durante mucho tiempo, sin importarle en absoluto los muertos, es
decir, mostrando una gran irrelevancia por ellos al estar demostrado que Aznar
fue el que dio lugar a esta masacre con haber metido a España en una guerra (en
la que hay que añadir dos soldados muertos) sólo por motivos personales de su
egocentrismo desmesurado y absoluta sumisión al Imperio Yanqui. Quiero recordar
que Zapatero retiró a las tropas españolas, y que la manifestación contra la
guerra es la mayor que se ha celebrado en nuestro país. Resumen para empezar:
193 muertos irrelevantes
EL Yack-42 o Yak-42.
Se refiere principalmente a un avión de transporte
trimotor soviético y, más tristemente, a la tragedia del 26 de mayo de 2003 en
Turquía, donde 62 militares españoles que regresaban de Afganistán fallecieron
en un accidente aéreo, el mayor de las Fuerzas Armadas españolas en tiempos de
paz. El avión, un modelo Yakovlev Yak-42, era de fabricación soviética y
subcontratado, y el accidente generó gran controversia por fallos en la
contratación y la identificación de las víctimas. Se investigaron errores en la
contratación del avión y fallos en la identificación de los restos de los
fallecidos, lo que causó gran dolor a las familias durante años (la Audiencia
Nacional condenó a tres años de prisión al general médico Vicente Navarro y a
18 meses a los dos comandantes que repartieron a voleo las identidades. Navarro
falleció antes de entrar en prisión y los dos comandantes fueron indultados a
los cuatro meses de llegar el PP al poder, a finales de 2011). Mientras,
Federico Trillo, ministro de Defensa, siguió en su escaño en el Congreso hasta
2012. Después, con el PP en el gobierno, se fue como embajador de España a
Reino Unido, donde estuvo hasta 2017, cuando le censaron tras el informe
demoledor del Consejo de Estado que le responsabilizaba directamente del accidente
del Yak-42.
En Resumen, Yack-42 es un nombre que evoca tanto una
pieza de la aviación soviética como una de las páginas más dolorosas para el
ejército y las familias españolas. Para el Partido Popular una más que añadir a
su historial de falta de sensibilidad para con las víctimas. Seguimos sumando:
193+62=255 muertos irrelevante.
El metro de Valencia.
Lo más relevante que ha pasado en el metro de
Valencia fue el trágico accidente del 3 de julio de 2006, cuando un tren de la
línea 1 descarriló cerca de la estación de Jesús por exceso de velocidad (80
km/h, el doble del límite), causando 43 muertos y 47 heridos, en un suceso que
las víctimas y sus familias denunciaron como evitable, criticando la gestión
política y la falta de responsabilidades. La causa se atribuyó al exceso de velocidad del
maquinista, quien falleció, pero las víctimas denunciaron falta de
transparencia y la ausencia de responsabilidades políticas por fallos en la
señalización y mantenimiento, que nunca se reconocieron oficialmente, a pesar
de las investigaciones y la lucha de los familiares.
El partido político que gobernaba la Comunidad
Valenciana en 2006 era el Partido Popular de
la Comunidad Valenciana (PPCV).
Francisco Camps Ortiz ejercía como presidente de la Generalidad Valenciana,
habiendo asumido el cargo en junio de 2003 y revalidándolo en las elecciones de
2007, manteniéndose en el poder durante todo ese periodo, y ahora quiere volver.
La alcaldesa de Valencia cuando ocurrieron los hechos, Rita Barberá (ya
fallecida), era también del Partido Popular. Vaya suerte tienen los
valencianos, más adelante hablaremos de la Dana. Seguimos sumando:193+62+43=298.
Debido a la importancia y la amplitud de lo que estoy
tratando (recordándoselo a todos) he decidido -para dar un respiro- dividir el
escrito. En unos días, la segunda parte, que iniciaré con “Los ancianos de Madrid”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario