La diputada del PP, una admiradora del nuevo trumpismo pseudofascista, volvió a dar lecciones de democracia tras acusar a Pedro Sánchez de blanquear la dictadura en Venezuela
José Antequera
16/01/2026
Cayetana Álvarez de Toledo, “Cachetana”, verso
suelto del PP, marca su propia política internacional en el partido. Feijóo no
puede con ella. Ayer, en sede parlamentaria, durante el Pleno extraordinario en
el que el ministro de Exteriores, José Manuel Albares,
expuso la grave situación internacional –anticipando el posible envío de tropas
españolas a Groenlandia para hacer frente
a una invasión de Estados Unidos–, la diputada
popular se permitió acusar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero de “blanquear la
dictadura” de Nicolás Maduro. Una lección más de
democracia a cargo de una señora que no tiene reparos en elogiar el
expansionismo fascista de Trump y
su operación militar para secuestrar al presidente venezolano.
“Cachetana” tiene la triple nacionalidad: argentina, francesa y española,
que ostenta desde 2007. Es decir, es un poco de todas partes. Una patriota de
muchas patrias. Cuando está en España, se convierte en martillo y azote del
socialismo. Cuando visita Francia, es más lepenista del gobierno de Vichy que nadie. Y a la madre Argentina la lleva
en lo más profundo del corazón, más ahora, que gobierna uno de sus ídolos, el
loco de la motosierra Milei. Ambos
coinciden en la visión ultraliberal de la economía y la política; en el
diagnóstico sobre los males del país; en la necesidad de llevar a cabo reformas
profundas en la línea del nuevo trumpismo totalitario. “Cachetana” Álvarez de
Toledo ha llegado a decir que Milei “está trabajando para poner fin a la
decadencia argentina”. Admira su programa económico consistente en que el
dinero fluya en total libertad, sin control, sin que el Estado ni nadie ponga
coto a la especulación, al abuso y a las injusticias del capital. Tú a
“Cachetana” le hablas del ingreso mínimo vital para las clases más vulnerables
de la sociedad, que ella considera una paguita de vagos y subvencionados, y le
da el soponcio.
“Cachetana” dice admirar a Milei, que quiere acabar con el Estado de
bienestar a base de recortar presupuestos, cerrar ministerios y mucha guerra
cultural. A los dos les va la marcha de las políticas duras, el acratismo sin
complejos, la crueldad sádica de la extrema derecha. Álvarez de Toledo escucha
los discursos de Milei contra el zurdo socialista, contra el intervencionismo
estatal, contra el despilfarro de lo público y la privatización de todo para
seguir enriqueciendo a las élites, a las dinastías y aristocracias financieras,
y se derrite de gusto. Sin embargo, paradójica y sorprendentemente, “Cachetana”
no vive allí, en la Argentina de la ley de la jungla, sino aquí, en la
intervencionista España. No al otro lado del Charco, en la Pampa sin ley, sino
aquí, en la plácida Europa del Estado de derecho. ¿Por qué? Si tanto le gusta
el modelo supremacista de Milei, si tanto admira el caos mileiurista que
pretende acabar con la socialdemocracia y el socialismo, ¿por qué no se va a
vivir allí, entre los suyos ideológica y políticamente hablando?
Doña “Cachetana” juega a un patriotismo a tres bandas. Cuando la ves subir
a la tribuna de oradores de las Cortes, se le hincha la vena del cuello
hablando del ignominioso sanchismo comunista. Y cada frase que suelta es una
oda más a la contradicción. No debería quedarse en esta autocracia dictatorial
y bolchevique ni un minuto más. Si no le gusta que los ricos paguen más
impuestos que los pobres, si no le gusta la Sanidad pública soviética, si no le
gusta la escuela gratuita y universal, las becas universitarias, las prestaciones
por desempleo, las pensiones y las ayudas sociales, ¿qué demonios hace en este
país? Nadie la retiene aquí, nadie la tiene secuestrada como si se tratara de
una María Corina Machado a la española, nadie la
obliga a tragar con un sistema político dictatorial, bolivariano y bolchevique.
Puede irse a Barajas en cualquier momento y
tranquilamente, tomar el primer avión e irse al edén ultraliberal argentino, al
ruidoso paraíso del odio, donde sin duda se sentirá reconfortada, realizada,
feliz. “Cachetana” lo tiene fácil ahora que el trumpismo avanza en todo el
mundo. Seis horitas de vuelo, y el infierno quedará atrás para siempre,
abriéndose ante ella el exuberante cielo ultraliberal. Tiene para elegir un
largo listado de destinos que ella considerará la utopía política perfecta
hecha realidad. Puede mudarse a la América de su idolatrado Trump (siempre con
los papeles en regla, no vaya a ser que los “hombres de hielo” del ICE la tomen por una sudaca ilegal y se la lleven
esposada y a rastras para ponerla de patitas en la frontera); o con el
carcelero medieval Bukele, que ha
convertido El Salvador en una inmensa y
sórdida prisión sin ningún derecho; o al Chile de José Antonio Kast, el hijo del nazi, según los
reportajes de investigación de Associated Press.
“Cachetana” tiene un amplio abanico de posibilidades y de balnearios del
nuevo populismo ultraderechista donde instalarse y ser dichosa ya para siempre
lejos de la pesadilla española socialdemócrata. Pero no, prefiere vivir en la
pérfida Unión Europea, donde los estados siguen recaudando impuestos para
mantener unos servicios públicos de calidad; prefiere seguir empadronada en
España, un país repleto de piojosos sindicalistas que defienden los derechos de
los trabajadores; prefiere sufrir en un lugar todavía rebosante de rojos que
lucharán hasta el final para defender las conquistas sociales tras medio siglo
de democracia. No aguante más, doña “Cachetana”, no esté por estar entre
nosotros, que esta España moderna, avanzada, plural y en libertad no es para
usted. Deje de dar la matraca patriotera y váyase con Milei, que la recibirá
con los brazos abiertos y la motosierra a todo gas.
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