Reconozco que pasar por los quioscos este mes recién acabado y ver cada
mañana las primeras páginas de los periódicos ha sido desolador. Las sesiones
del juicio contra el fiscal general del Estado, el fallo exprés condenatorio a
la espera de la sentencia, la entrada en la cárcel de Ábalos y Koldo, la salida
de Cerdán… Extenuante.
Quieren acabar con Sánchez, es
verdad, pero el presidente no es el objetivo sino solo el instrumento, porque
si consiguen acabar con él será solo el comienzo de la pesadilla. El objetivo
último somos quienes en el verano de 2023 decidimos que no queríamos que nos
gobernara la derecha ultra. Apostamos porque gestionara el país una apuesta
política que alejara de las instituciones del Estado el fascismo que empezaba a
ensuciar las autonomías y, desesperado al ver que no lo conseguía, el
neoliberalismo decidió ir a por nosotros a calzón quitado con otro tonto útil a
la cabeza bramando "quien pueda hacer que haga".
Tenían sus planes para estos años, dinero fresquito de Europa, privatizar a
mansalva para enriquecer sin freno a sus amigos y protectores, recortar avances
laborales y acabar con los derechos sociales y, cuando más felices se las
prometían, descubrieron que los números no daban. Desde entonces vienen
dejándose una pasta gansa en medios de comunicación desestabilizadores,
invierten en mentirosos expertos en redes que consiguen que los fake se reproduzcan por esporas, jalean a los
parlamentarios para que hagan irrespirable la atmósfera en el Congreso y
cuentan con un porcentaje de la judicatura eficaz a la hora de realizar la
parte del trabajo que les corresponde.
Lo que nunca entenderé es cómo, sabiendo todo esto, en el entorno del
presidente se movían personajes dispuestos a ponérselo fácil a quienes quieren
acabar con ellos y, de paso, con nosotros. Ahí es donde me pierdo y me
desanimo. La izquierda sabe de siempre que no puede proporcionar ni un solo
motivo que otorgue autoridad moral a la derecha para entrar a saco. Entonces,
¿por qué lo hacen? Quienes recurren al "y tú más" se equivocan. Ni
somos como ellos ni podemos compararnos con ellos. La verdadera izquierda ha de
plantear batalla desde la decencia, no hay más. Aquello de ser honesto pero
también parecerlo.
Los socialistas aquí han fallado una vez más. Falta de controles por un
lado e ingenuidad por otro, porque espero que sea ingenuidad y no prepotencia
lo que les llevó, por ejemplo, a pactar en su día un Consejo del Poder Judicial
que les/nos está llevando a la ruina. Las portadas de noviembre han sido
demoledoras. Los desestabilizadores salivando, y quienes vemos peligrar la
democracia sin entender cómo es posible que quien tenía poder y medios para
hacerlo no haya puesto pie en pared antes de permitir que las cosas llegaran
hasta aquí.
Lo intentaron a la portuguesa y no les salió, Sánchez resistió y no dimitió
como hizo Antonio Costa en Portugal,
cuya "coherencia" desembocó en la llegada de las derechas al poder
para que meses después quedara demostrado que la acusación contra el primer
ministro carecía de fundamento. Pues si haciéndole un Costa el tío aguanta, habrá que hacerle un Lula. Y en ello
están. Ya hay bocazas y agoreros ultras abogando no solo por echar al
presidente sino por meterlo en la cárcel.
Se les ha escapado Televisión Española, un verso suelto que por sí solo no
puede hacer todo el trabajo de contrapeso, pero a cuyos responsables hay que
agradecer que peleen por ofrecer una programación decente a pesar de los
ataques sin piedad que reciben a diario. Todo esto en un contexto, no lo
olvidemos, de buen momento económico en el país y de reconocimiento
internacional a la figura del presidente del Gobierno. Pero les da igual, el
Rasputín de las canas que ejerce de portavoz de la desestabilización lo dejó
claro con aquel premonitorio "irán p'alante". Y
es verdad, o espabilan, o acabarán yendo p'alante. No nos olvidemos de que el
Gobierno puede empezar a hacer cosas mañana mismo, por ejemplo, renovar el
Poder Judicial como se renovó TVE, con una mayoría absoluta que no necesita
tener en cuenta para nada a las derechas.
Vuelvo al principio: no perdamos la perspectiva porque no van solo contra
Sánchez, van contra todos nosotros. El Gobierno no ha gestionado bien sus
posibilidades y esa es parte de la razón por la que estamos como estamos, pero
que exigirle responsabilidades al presidente, a su entorno y a su partido no
nos despiste: el verdadero objetivo de los depredadores somos los pensionistas,
los dependientes, las mujeres, los inmigrantes, la educación y la sanidad
públicas, las políticas de igualdad, la memoria histórica… Vienen a por
nosotros. Ese es el auténtico propósito de quienes, de momento, cierran un mes de
noviembre en el que resulta indiscutible que han ganado terreno de cara a
acabar con las conquistas democráticas que tanto tiempo nos costó conseguir.
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