Todos los años -o casi todos- por estas fechas suelo escribir algo sobre la Navidad. Especialmente para algunos, son unas fechas muy señaladas en el calendario. Pero no para todo el mundo; para mucha gente estas Navidades serán como han sido todas las anteriores: otros días más de penalidades que añadir a los demás del año. Aun así, en cualquier caso, todas las gentes no dejan de centrarse en el nacimiento de Jesús.
Jesús de Nazaret nació pobre y vivió pobre, pero su
iglesia -más bien la de sus discípulos Pedro y Pablo- no tiene nada de pobre,
ya que, es el mayor conglomerado del mundo en riqueza. El Estado Vaticano tiene
más oro que el resto del mundo junto, con infinidad de Iglesias y Catedrales en
todos los rincones del planeta por un valor, sencillamente, incalculable. En el
mundo civilizado, no hay un pueblo que no tenga una iglesia, y muchos más de
una. Y entre las ciudades más destacadas de medio mundo no deja de haber alguna
Catedral imponente, un montón de ellas en España... todas a cuál más populosa y
con mayor riqueza. Sin olvidar los mil y un convento esparcidos por todos
sitios que también tienen sus riquezas almacenadas.
Esa Iglesia que fundaron Pedro y Pablo -la católica,
apostólica y romana- está plagada de curas, obispos, cardenales, y demás
miembros de la curia (monjes y monjas incluidos), que, precisamente, no viven
en la pobreza como Jesús vivió, viven en la opulencia sin, prácticamente, darle
palo al agua. Un “rato” de trabajo al día y luego a leer, a charlar, a comer
(la curia es muy glotona) y a ver cómo se las ingenian para recaudar fondos y
mantener su magnífico vivir del “cuento” a costa de los impuestos que
sufragamos los ciudadanos que ninguno de ellos paga. Incluso se permiten el
lujo de intentar dar lecciones de política como es el caso de ahora pidiendo
Elecciones Generales porque el Gobierno, dicen, no da la talla y contempla
escándalos y despropósitos. Olvidando, ¡Dios nos valga!, los suyos, que si
Jesús viviera no permitiría y mandaría a toda la clerigalla enriquecida a hacer
puñetas. Según la memoria anual de la
Conferencia Episcopal, pertenecen a la Iglesia española ¡3.161! bienes de
interés cultural, que es de suponer, dejan sus buenos dineritos a la curia.
La Iglesia católica, la de todo el mundo, para colmo
del desatino, alberga una cantidad ingente de pederastas. Destacando, sobre
todo, la Iglesia española, donde no paran de salir casos entre todo el clero,
al que más bien podríamos llamar, como he señalado más arriba, “clerigalla”. Y
en muchos caso -demasiados casos, por cierto- tratando de hacer bueno de la
manera con más echacantos posible (como diría Quevedo), eso que, al parecer,
dijo Jesús de “dejar que los niños se acerquen a mí”. Aunque, está más que
claro, que Jesús no fue un pederasta como estos que tanto aprovechan su nombre
para llenar las alforjas, además. Jesús, si la historia no miente, fue un
hombre estrenuo, un gladiador de la palabra, y estos pederastas de ahora, son
muy merecedores de ir a la ergástula si todavía existiera y quizás de ser
emasculados.
Quiero terminar este escrito recordando unos
párrafos de otro escrito mío de enero del pasado año 2024 titulado “Jesús:
el “gladiador” de la palabra”. Dice así: “Lo de Jesús en la cruz significa
el sacrificio de una persona por mantener su palabra ante los que sólo
pretendían el avasallamiento de un pueblo milenario por la fuerza -como suele
ocurrir- sin la razón”.
“Para mí, como dice Sabina, “Jesucristo el primer
comunista”. Cada vez que leo algo sobre las Navidades pienso que si
verdaderamente existió Jesús como nos lo cuentan, no era sino un auténtico
“Gladiador” de la palabra. Alguien que se enfrentó a los abusos romanos sobre
su pueblo y lo hizo, no luchando en ningún circo romano contra otros
Gladiadores (nadie olvide la considerada mejor película de romanos “Espartaco”
con Kirk Douglas de actor principal inigualable) e incitándolos a la rebelión,
sino levantando a su pueblo contra el Imperio mediante la transmisión de la
palabra reclamando justicia para los suyos”. “Algo que las huestes de
imperialistas de todas las épocas jamás han permitido: la palabra siempre ha
estado perseguida más si cabe que las propias insurrecciones”.
“Como olvidar que los nazis lo primero que hicieron
fue quemar todos los libros que les podían hacer más daño que cualquier
levantamiento. Y así ha sido desde tiempos inmemoriales, lo cual demuestra que Jesús
hace ya más de 2.000 años (si como parece está demostrado que existió, aunque
no como nos lo quieren imbuir los cristianos), fue un predicador que lucía un
gran intelecto para convencer a quienes lo escuchaban, de ahí que los romanos
decidieran crucificarlo por “rojo” (o como se dijera en aquellos tiempos)”. “Su
lucha, como un gran “Gladiador” de la palabra, era un gran peligro para el
Imperio y, cuando las cosas se ponen así, ya se sabe a dónde conducen”.
Feliz Navidad a pesar de todo lo que nos está
ocurriendo. Y a ver si el próximo año 2026 es un poco mejor para los más
desfavorecidos, aunque tengo poca confianza en que las “cosas” de los de
siempre se arreglen sólo un poquito con quienes nos gobiernan ahora, y menos
con quienes vendrán después, que, evidentemente, son los mismos. Perros de la
misma camada.
Hasta el próximo año, donde quizás hablaremos para
empezar del “día de la Dispepsia”.
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