La denuncia de pucherazo de la candidata del PP a las elecciones extremeñas sigue al pie de la letra el manual trumpista
José Antequera
19/1/2025
María Guardiola se ha convertido en la principal
atracción de feria de la campaña a unas elecciones extremeñas tan
trascendentales como anodinas. Resulta que unos cacos robaron la caja de
caudales de la oficina de Correos en Fuente de Cantos,
apoderándose del dinero y de 124 papeletas ya emitidas para los
comicios del domingo, y ella vio la oportunidad pintiparada para erigirse
en la Juana de Arco extremeña defensora de la libertad.
“Están robando nuestra democracia delante de nuestros ojos”, dijo en una de las
afirmaciones más surrealistas, chuscas y esperpénticas de la historia reciente
de este país (lo cual ya es decir).
El robo de Fuente de Cantos, propio de un argumento de la España navideña
negra y hambrienta de Berlanga, nada tiene
que ver con una trama organizada, ni con la política, ni con la grave situación
que vive el país. Ni siquiera con Pedro Sánchez,
convertido por el conspiracionismo ultra en una especie de autócrata peor que Putin. Se trata, a buen seguro, de un delito
cometido por una banda de rateros comunes que arramplaron con todo lo que había
en la caja, incluidos los votos para las elecciones. Eso es lo que dice la
lógica y el atestado de la Guardia Civil, pero
nadie le iba a estropear a Guardiola un buen titular a las puertas de los
comicios. Ni corta ni perezosa, la señorona se plantó ante los periodistas,
haciéndose la indignada, y empezó a lanzar infundios y bulos sobre un posible
pucherazo.
Por desgracia, ya nos hemos acostumbrado a que los prebostes del PP se
abonen a las teorías y prácticas goebelsianas más delirantes, poniendo en
duda el buen funcionamiento del sistema electoral. Es el manual trumpista que Feijóo y los suyos han comprado sin complejos. El
PP lleva años degradando la democracia y este es un paso más. Si lo que
pretendía su excelencia era convencer a la opinión pública de que el robo de
Fuente de Cantos lo había perpetrado la banda del Peugeot, o sea Sánchez en el papel del Vaquilla, Ábalos como El Torete y Santos Cerdán como El Lute –todos ellos con antifaz, macuto y
herramientas de butroneros–, ha hecho el ridículo más espantoso. Nadie está
robando la democracia, como dice la marquesona extremeña, en todo caso se están
robando las migajas que deja el caciquismo de la derecha, como se ha hecho toda
la vida.
Nuestro sistema de libertades no está en riesgo. La propia ley electoral lo
tiene todo previsto, incluso el hurto en una oficina en Correos. Las papeletas
han quedado registradas con su correspondiente número de entrada y los votantes
ya han sido notificados sobre el suceso para que vuelvan a ejercer su derecho
al sufragio si lo desean. Punto pelota.
Lo del robo propio de un cómic de posguerra de Carpanta ocurrió por la mañana. Por la noche, la
demagógica y populachera presidenta tuvo la oportunidad de seguir manteniendo
su descabellada teoría sobre la “democracia amenazada” en el debate a cuatro
organizado por Xabier Fortes en TVE. No lo hizo, dio la espantada. Asistieron todos los
candidatos a la Presidencia de la Junta menos ella –por el PSOE, Miguel Ángel Gallardo; por Vox, Óscar Fernández; y por Unidas por Extremadura, Irene de Miguel–, lo cual fue revelador y un indicio
definitivo de que Guardiola no tiene claro el resultado de las elecciones del
domingo. La presidenta aspirante a revalidar el cargo sabe que su gestión de
los últimos años ha sido más bien pobre y que los extremeños empiezan a valorar
otras opciones políticas. Así que decidió quedarse en casa al calor de la
chimenea. Se ausentó, enmudeció, se escondió, de tal manera que sustrajo a los
espectadores la oportunidad de conocer su programa político y si piensa pactar
o no con la extrema derecha de Vox. Eso sí que fue un robo a la democracia en
toda regla y no el atraquillo de unos bandoleros de Sierra Morena. Inventando historias sobre pucherazos,
Guardiola es una crack, un hacha, pero organizando la Sanidad, los servicios
públicos y el Estado de bienestar ha demostrado su incompetencia supina. Por no
hablar de que se ha entregado miserablemente a los ultras pese a que llegó al
poder presumiendo de que era una especie de heroína frente a la ofensiva
fascista y que jamás vendería su tierra a los nostálgicos del régimen anterior.
Denunciar que alguien está tratando de dar un golpe de Estado en las urnas,
tal como sugiere Guardiola (lejos de rectificar sigue insistiendo en hacer el
ridículo hasta el final) solo puede tener una explicación: desviar la atención
del tremendo escándalo protagonizado horas antes por su primo, el chófer de la
Junta que la trae y la lleva a los actos oficiales y sobre el que pesa una
condena por violencia machista. Y luego va de feminista acusando a Abascal de machirulo. Normal que el líder ultra se
mofe de ella y le pregunte si es que se ha dado un golpe en la cabeza o qué.
Por cosas así se hunde la derecha convencional y emerge el monstruo de la
extrema derecha.
La última payasada de Guardiola no da más que para las pocas líneas de esta
modesta columna de opinión, pero conviene no perder de vista lo bajo que están
cayendo los prebostes del PP capaces de prostituir hasta límites insospechados
nuestra degradada y maltrecha democracia. Cuando a Donald Trump le va mal en las encuestas de
popularidad (más de un tercio de sus votantes reniegan ya de su gestión)
invade Venezuela. Cuando un político del PP pasa por horas
bajas demoscópicas se inventa un pucherazo que no se cree nadie. Cuánto daño
está haciendo el maquiavélico manual trumpista.
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