Comentario: Sin ánimo de contradecir a José Antequera, para mí que los del diccionario del insulto, los bulos y las noticias falsas (VOX) han tocado techo. Esperaban dar el conocido “sorpasso” y se han quedado a 18 escaños del PP, muchos escaños aun a pesar de la debacle socialista que por la ley de D´hont es posible que les haya favorecido. En cualquier caso: ¡qué Dios nos coja confesados a los extremeños! Toda la vida sufriendo la miseria más absoluta (incluso con los gobiernos socialistas) y la que se nos viene encima con un atajo de mandrias en las instituciones públicas.
La presidenta popular extremeña gana holgadamente y certifica el hundimiento del PSOE, pero a costa de vender su tierra a la secta trumpista de Abascal
José Antequera 22/12/2025
María Guardiola había convocado elecciones
anticipadas para tratar de lograr la mayoría absoluta y no tener que depender
de Vox para aprobar los Presupuestos. No lo ha
conseguido. Al contrario, pese a que sube un escaño (29), no ha hecho más que
engordar al partido ultraderechista, que pasa de 6 a 11 diputados. De esta
manera, la lideresa extremeña vuelve a la casilla de salida, pero más rehén que
nunca del partido neofascista. No solo es una maldición para la subsistencia
del Estado de bienestar, también para la salud de la democracia, amenazada por
un Santiago Abascal cuyas delirantes políticas de
retorno al pasado salen reforzadas del fiasco organizado por la señora
presidenta.
“Claro que ha merecido la pena”, se jactaba Guardiola, anoche, mientras
celebraba la victoria con sus militantes. Su ceguera política sigue siendo
pasmosa. Presume de haber dado el golpe de gracia al sanchismo, cuyo cabeza de
lista, Miguel Ángel Gallardo, pasará sin duda a la posteridad
como el enterrador que dilapidó el tradicional granero de votos socialista,
cosechando el peor resultado de la historia, un descalabro sin precedentes. Sin
embargo, se niega a ver la realidad, que no es otra que a partir de ahora será
rehén de los ultraderechistas. Que abandone toda esperanza de legislar según su
programa político. Si quiere conservar el poder, tendrá que pasar por
demasiados aros de ignominia, como blanquear el franquismo, acabar con el
feminismo, echar a miles de inmigrantes de la comunidad autónoma, privatizar la
Sanidad pública, liquidar las medidas de protección del medio ambiente y lucha
contra el cambio climático, cerrar el grifo de las ayudas a las asociaciones
cívicas que Vox considera “chiringuitos”, propalar el odio a Europa, hacer
suyas las ideologías conspiranoicas, anticientíficas y negacionistas y secundar
las querellas de Manos Limpias, el sindicato
nostálgico del régimen anterior que le hace el juego sucio a Abascal (su último
triunfo llevar al banquillo de los acusados al propio Gallardo por el caso de
la plaza de músico adjudicada al hermano de Pedro Sánchez en
la Diputación de Badajoz). O sea, más trumpismo nacionalista como ya está
ocurriendo en el resto del país y en buena parte de la UE. ¿Acaso no es eso una
victoria sin paliativos del nuevo fascismo tuneado? No es como para
brindar con champán, más bien para ir preparando el funeral de la democracia.
Extremadura es una comunidad autónoma atravesada por el mundo rural. No se
puede ganar elecciones allí sin seducir a las gentes del campo y ese olvido del
agro explica, entre otros factores demográficos y sociológicos, el brusco
viraje desde el socialismo hasta el nuevo populismo neofranquista. Esa
transformación vertiginosa tiene mucho que ver con el malestar de la España
vaciada, de la España profunda que duerme el sueño del pasado ajena a la
modernización, mejor dicho, una realidad que Pedro Sánchez no ha sabido
afrontar en los últimos años de Gobierno de coalición. Guardiola, una líder
populista que comparte buena parte de su ideario político con Vox, ha sabido
conectar con esa corriente subterránea de malestar popular. Su vodevil de
campaña –“nos están robando la democracia delante de nuestros ojos” tras la
sustracción de 124 papeletas emitidas por correo en el recóndito pueblo
extremeño de Fuente de Cantos–, define a la
perfección quién es esta mujer. Sembrar las sospechas de pucherazo en un
sistema electoral como el español, que figura entre los diez más limpios,
seguros y garantistas del mundo, rezuma trumpismo por los cuatro costados. Es
propio de golpistas que no respetan las reglas del juego democrático.
María Guardiola, una mala copia o clon de Isabel Díaz Ayuso,
llegó al poder prometiendo que jamás pactaría con Vox. Hoy ya negocia, a toda
prisa, su investidura con los de Abascal. Todo por la poltrona. Los extremeños
la han votado simplemente porque odian a Sánchez. Desde ese punto de vista,
sigue estando a prueba. Es solo cuestión de tiempo que Vox termine comiéndose
al PP, consumando el “sorpasso” y llenando las instituciones de toreros y
caciques, de catetos y señoros. El votante es soberano y lo que ha salido de
las urnas es la expresión más directa de la voluntad popular. Lo cual no
significa que el bifachito de derechas que emerge de la negra cita
electoral del domingo sea lo que más conviene al pueblo. El tiempo pondrá a
cada cual, en su lugar, como está ocurriendo en otras comunidades autónomas
gobernadas por el PP. Ya llegarán los escándalos en hospitales privatizados
como los de Madrid y los desmanes en la Sanidad pública como el caso de las
mamografías en la Andalucía de Moreno Bonilla; ya
llegará la próxima oleada de incendios para los que Extremadura no está
preparada por culpa de los recortes en los servicios de bomberos y Protección
Civil (como también ocurre en la Castilla de Mañueco); ya
llegarán las riadas y danas consecuencia del cambio climático negado por Vox
que se ha llevado por delante a Carlos Mazón en
Valencia.
Abascal va a hacer presidenta a la baronesa popular extremeña, pero al
mismo tiempo que le entrega la vara de mando le pondrá los grilletes de cautiva
y desarmada. Ella, que no tiene demasiadas luces ni bagaje intelectual (así son
las nuevas divas pop que salen de los laboratorios de FAES), seguirá zapateando alegres villancicos navideños
al ritmo de la zambomba flamenca. El odio a Sánchez está en plena efervescencia
y es tal que el pueblo se lo perdona todo a la presidenta, incluso la infamia
de que haya colocado a su primo el chófer condenado por violencia machista.
Pero el odio pasará y quedará la hermosa tierra quemada por las devastadoras
políticas del PP. A disfrutar de lo votado. Quedan algunos brotes verdes, como
el tímido resurgir de la izquierda real de Irene de Miguel y
el testimonial triunfo del PSOE en Jarilla, epicentro
de los incendios forestales de este verano. Allí ya huelen la chamusquina que
van dejando los ultras.
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