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martes, 9 de diciembre de 2025

06/12/2025 - EL DÍA DE LA DISPEPSIA

Como no tengo otra cosa mejor que hacer, y mi pensión no da para puentes ni acueductos, hoy, día de la Constitución, día de la dispepsia (por no llamarlo día de la indigestión que suena a vomitera), me pongo a leer nuestra Carta Magna para sacarle los “colores” a algunos de sus puntos que más afecta a la ciudadanía. Reconozco que no la he leído íntegramente nunca, pero se dice por ahí, que es una Carta calcada de la de Alemania, que, como es de suponer, no es cosa de molestarse leyéndola, allá los alemanes con sus “populismos” y sus “desventuras” que a los demás poco nos interesan conociendo cómo se las gastan y un poco su historia más reciente.

Aunque, eso sí, nuestra dispepsia, se nutre con los matices necesarios para introducir el capítulo de la Monarquía, que, obviamente, no tiene la alemana al ser una República Federal… y otros que, si allí son cumplidos a rajatabla, aquí se sabía de sobra que no se iban a cumplir, pero se introdujeron para que colara. En una palabra, el “plagio” resultante, según los que conocen bien la de Alemania, es patente y notorio. A los “Länder” (singular: Land) de Alemania (13 Estados territoriales y 3 Ciudades-Estado, Berlín, Hamburgo y Bremen), aquí los llamaron Comunidades Autónomas (CCAA) y asunto arreglado, sobre todo para Cataluña y el País Vasco, que todavía siguen demandando su independencia y poniendo el “cazo”, condicionando pues la formación de cualquier Gobierno, evidentemente. Se nos pasó la ocasión de crear una República y un Estado Federal -dada nuestra plurinacionalidad- por miedo a un nuevo “levantamiento militar” de los nostálgicos del Régimen de Franco, que incluso lo intentaron el 23F., al parecer, con la complacencia del Rey Juan Carlos I, pero que no resultó porque los españoles ya no admitíamos otra Dictadura, aunque fuera “blanda”. Pero claro, tuvimos que aceptar la Monarquía Parlamentaria y dejar lo de la República para un futuro que, posiblemente, será el futuro del futuro, o sea, nunca.    

Los llamados “Padres de la Constitución” tuvieron a bien que no se les escapara nada que no pudiera ser “discutido” o “interpretado” al gusto de las minorías elitistas y latifundistas, grandes Corporaciones bancaria, grandes Trust empresariales y una Justicia muy apropiada para los “robagallinas” y muy “ligerita” para los de siempre (políticos de altura, familias adineradas, millonarios y demás “personal” de siempre enriquecidos), incluidos, cómo no, los Altos Cargos de la Judicatura (aunque ahora se peleen entre ellos por un puesto de relevancia en el entramado judicial, con “fallos” muy discutibles  antes de la sentencia, algo, totalmente, poco  o nada habitual). Sin olvidarse de la muy discutible LOREG para que no podamos elegir a nuestros representantes en el Congresos de los Diputados y sean los partidos políticos quienes pongan o quiten a quienes ellos les dé la gana, apoyados en la Ley de D´Hondt matizada con respecto a la aplicada -en parte- en Alemania a la hora de hacer las divisiones. Del Senado, mejor no decir nada, sólo que es el “cementerio” de los elefantes, de los que ya no sirven ni para estar “escondidos”, políticamente, por descontado.

Quiero recordar los datos de cuando se aprobó nuestra Carta Magna y cuántos dijeron no o se abstuvieron: El proyecto fue aprobado por el 87,78% de votantes, que representaba el 58,97% del censo electoral. Es decir, que el 41,03% dijo no, se abstuvo o hizo voto nulo. Para entendernos: de los 26.632.180 con derecho a voto, lo hizo el 67,11% (17.873.271), con estos resultados: 17.106.583 válidos; 632.902 en blanco y 133.786 nulos. Y de los válidos, 15.706.078 dijeron sí (el 91,81%) y 1.400.505 (el 8,19%) dijo no. A destacar: el PSOE estuvo a favor, ERC en contra y AP (el actual PP) y el PNV a favor de la abstención.

De tal modo que, La Constitución Española de 1978 -una gran indigestión para el futuro en mi opinión-, aprobada en referéndum, quedó como el marco de un Estado social y democrático de Derecho en el que la soberanía nacional reside en el pueblo español y una Monarquía Parlamentaria, garantizando derechos fundamentales, libertades y la organización territorial en CCAA, siendo la base de todo el ordenamiento jurídico español. ¡Y punto!

Los puntos claves de nuestra Carta Magna, de nuestra Dispepsia, aunque, seguro que todos los que leen los conocen, los voy a reiterar:  

Origen: Fruto de la Transición Española, fue redactada por siete representantes de distintos partidos y ratificada por los españoles. Los llamados padres de la Carta Magna fueron: Gabriel Cisneros Laborda (UCD), Manuel Fraga Iribarne (AP), Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), Gregorio Peces Barba (PSOE), José Pedro Pérez-Llorca (UCD), Miguel Roca i Junyen (PDPC) y Jordi Solé Tura (PSUC). Una mayoría de derechas bastante clara, pero…  

Estructura: Incluye un Preámbulo, un Título Preliminar y diez Títulos, con Artículos (actualmente 169) y Disposiciones.  

Valores Fundamentales: Libertad, justicia, igualdad y pluralismo político. Muy buenos valores… para que se cumplieran, claro.

Forma de Estado: Monarquía Parlamentaria, donde el Rey es Jefe del Estado y la soberanía reside en el pueblo. Bien, como lucía un Diputado en su camiseta, no recuerdo su nombre, “Yo no he elegido a ningún Rey”. Pero, así es nuestra Dispepsia, si nos gusta cómo sino. La jefatura del Estado nos fue impuesta, no se votó en referéndum como hubiera sido lo lógico y lo normal tras la muerte del Dictador.

Organización Territorial: Reconoce la autonomía de las Nacionalidades y Regiones, creando las 17 CCAA y 2 Ciudades Autónomas. Prácticamente, una “federación” encubierta, pues algunas CCAA tienen más autonomía que muchos Länder.

Derechos y Deberes: Garantiza derechos (expresión, educación, sanidad) y deberes (respeto, protección del medio ambiente) para los ciudadanos. Todo relativamente, porque sólo basta echar un vistazo a la actualidad y comprobar cómo “se nos caen los palos del candelecho”.

Lengua: El castellano es la lengua oficial, pero otras lenguas son cooficiales en sus respectivas CCAA (catalán, gallego, euskera… incluso el “castúo”).

Reforma: Ha sido reformada puntualmente (ejemplo, Artículo 13 en 1992; Artículo 135 en 2011 y Artículo 49 en 2024) para adaptarse a nuevas realidades. Vamos, que se reforman los artículos cuando a Sus Señorías (de derechas, claro está) les viene bien para sus “devenires” económicos y de otros “tipos”. No para mejorar el bienestar de la ciudadanía y la justicia de la calle, obviamente.

En resumen, es la Ley Fundamental que organiza el Estado español, define los poderes y los derechos de sus ciudadanos, consolidando la democracia tras la dictadura.

Bueno, más bien lo que se está consolidando es una auténtica “plutocracia” que resta cada día más los pocos derechos de los ciudadanos, sobre todo, en el mundo laboral; en la necesidad de una vivienda digna; en una justicia sin quitarse la venda; en una sanidad universal (y no la “merde” de las Comunidades de Madrid, Valencia, Andalucía, Extremadura, etc., etc., y etc.); en una educación igual para todos y no la de los de cada CCAA que sólo ha traído más y más analfabetos funcionales y más “ceporros” que rayan en la más absoluta necedad, hasta el punto de hacer bueno eso de Machado de que “uno de cada diez españoles piensa, mientras los otros nueve trompan”; en unos servicios sociales que no dejen morirse a 100 personas cada día por falta de asistencia, incluso teniéndola concedida; en definitiva, en una eficaz administración de los recursos públicos y los impuestos para que sean los que paren la, cada día, más en aumento, pobreza relativa y pobreza extrema (la Extremadura del PSOE antes y la de la Sta. Guardiola ahora a la cabeza siempre) y el riesgo máximo de exclusión social que nos ha hecho “campeones” de los países más desarrollados (la OCDE).

Hasta aquí, para no agobiar demasiado, la primera parte de este escrito sobre el día de la Constitución, sobre el día, con perdón, de la dispepsia. Hay muchos artículos que examinar, será en el próximo escrito, y quizás en alguno siguiente si no hay suficiente espacio, pues merece la pena que se sepan ciertas “cosas” que muchos no quieren que se sepan y que, obviamente, mucha gente ignora, porque no todo el mundo nos hemos “leído” algo que debería ser de obligado cumplimiento y saber con quién o quiénes nos gastamos nuestros “cuartos”.

  

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