"Hay
que hacer algo, hay que hacer algo ya, que vienen los fachas. Unámonos, o si no
esto será el apocalipsis. Unidad, unidad, unidad", braman por las
esquinas rufianes, yolandas, maíllos y compañía. Pero les preguntas unidad para
qué y empiezan a silbar. Quieren la unidad, pero no saben cómo demonios
sustanciarla ni tampoco explican en qué va a consistir. Y claro, andan tan
nerviosos que a quienes no están por la labor los demonizan, los amenazan y les
advierten de que serán los responsables de la catástrofe que se avecina.
Tenemos que estar todos unidos, proclaman sin descanso. Vascos, catalanes,
gallegos, compañeros todos, venid con nosotros, inquieren Rufián y Delgado, el
miércoles 18 vamos a hablar de cosas. Y vascos, catalanes y gallegos les dan
calabazas a las primeras de cambio. Os queremos mucho, amigos, pero ese no es
nuestro campo de juego, les precisan para que se dejen de monsergas.
Voy
a ser muy clara, esto va de la gente, repite cansina una Yolanda Díaz que no sabe salir
de ahí y que se propone este fin de semana contraprogramar junto a Izquierda Unida y algún que otro desesperado,
todos más perdidos que un pulpo en un garaje. Por supuesto que, en todo este
baile de palos de ciego, nadie cuenta con Podemos. Para
qué, dicen, si son Galapagar y cuatro gatos más. ¡Qué error, qué inmenso error!
Marginan justo a quienes fueron el motor del terremoto que hace once años
consiguió poner de los nervios a la institucionalidad de este país. Al motor de
la verdadera izquierda posible, sí, porque fueron ellas y ellos quienes
aportaron las ideas, quienes acertaron, quienes pusieron el dedo en la llaga
hasta el punto de que el sistema se conjuró para laminarlos. No lo han
conseguido, a pesar de que muchos de los que hicieron carrera bajo su cobijo
los traicionaron después, y ahora se empeñan en continuar ninguneándolos.
Enric
Juliana,
colega nada sospechoso de ser de izquierdas, lo advirtió entonces y lo vuelve a
hacer ahora. Dejar fuera a Podemos es la peor de las ocurrencias.
Pues bien, continúan empeñados en ello. Las izquierdas rufianescas, las mismas
que lo intentaron con Yolanda y antes con Errejón vuelven
erre que erre envueltos en la misma equivocación. Hablan de "alianza
común, compartida y abierta, de momento de apertura, generosidad,
pluralidad…". Parole, parole, parole.
El
sistema no quiere una izquierda que tenga razón. Pretende una izquierda
asustada, acongojada, que apuntale a los socialistas y deje al margen a quienes
ponen en cuestión la dinámica en la que todos se encuentran cómodos. No quieren
a nadie que les marque el terreno con personalidad propia, con determinación y
contundencia, señas de identidad de un partido como Podemos, propietario del
pozo intelectual y político que les falta a los componentes de una izquierda
malmenorista cuya prioridad es mantener su chiringuito, sus exiguos sillones y
la posibilidad de ir pagando las muchas deudas que mantienen con los mismos
bancos que los machacan.
Cuando
les dices estas cosas, te vienen enseguida con la petulancia, cuando no con las
amenazas o el miedo a los ultras: "Quien no vea que hay que
hacer algo, o no ve bien o ya le va bien que no lo haya, ¿de qué sirve que te
vaya mejor si te van a ilegalizar?", ha
escrito Rufián en X. Pero
vamos a ver, ¿queréis dejaros de amenazas, de chantajes, de apelar al miedo de
siempre y empezar a poner propuestas sobre la mesa? ¿dónde están las ideas, qué
sistema vais a adoptar para ofrecer a la ciudadanía un proyecto común concreto
y claro, cómo vais a organizaros a la hora de repartiros los puestos? Porque
eso sí que os interesa, ¿verdad?
El
malmenorismo es un chantaje. El espíritu de Magariños es historia,
intentar resucitar un muerto como aquel es la peor de las ideas. Como se puede
leer en un reciente editorial de Diario Red, "cada
minuto que la izquierda dedica a hablar de sí misma, de sus coaliciones, de sus
marcas, de sus confluencias, de sus frentes amplios, de sus procesos de
escucha, es un minuto que la izquierda no dedica a hablar de la vivienda, de la
inflación, de la precariedad laboral, del deterioro de los servicios públicos o
de la injusta distribución de la riqueza. El bloque de poder sabe perfectamente
que no hay nada que desconecte más a la izquierda de sus potenciales votantes
que estar todo el rato hablando de los políticos en vez de hablar de la
política y, por eso, lo fomenta, lo celebra, lo propulsa y lo amplifica".
Yo
creo que en el PSOE saben que la única solución es tener
a alguien a su izquierda con las ideas claras, no alguien sumiso dispuesto a
olvidarse de cuestionar la OTAN, la monarquía o el gasto armamentístico, por
poner solo tres ejemplos. Los socialistas desprecian a los manejables y saben
que el apoyo de una izquierda light es pan para
hoy y hambre para mañana. Les fue bien con unos socios como Unidas Podemos, que,
aunque les tocaban las narices, sabían lo que tenían enfrente, discutían y se peleaban,
pero los respetaban.
Hasta
que pensaron que no les eran necesarios. Los socialistas se equivocaron y ahora
lo saben. Por eso me extraña que les interesen las aventuras que un Rufián cada
vez más pagado de sí mismo y los restos de un Sumar descolocado y
desesperado pretenden llevar a cabo estos días. Ellos saben que tarde o
temprano necesitarán a Podemos. Y saben también que más les vale que eso se
sustancie cuanto antes si de verdad se quiere evitar la irrupción del
cataclismo fascista.
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