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jueves, 19 de febrero de 2026

19/02/2026 - LA FÓRMULA RUFIÁN DARÍA ENTRE 8 Y 16 ESCAÑOS MÁS A LA IZQUIERDA

Comentario: El problema es quién encabezaría esas listas únicas de izquierda, porque, en muchas provincias, el cabeza de lista si podría obtener escaño. Y ahí estará la pelea, que, dicho sea de paso, la prensa de la caverna mediática y los medios propensos al fanatismo de la derecha extrema y la extrema derecha no pararán de sujetar cada día que pase. Que nadie olvide lo que hizo “Más País” presentándose en donde sabía que no iba a sacar nada y le ROBÓ unos 16 escaños a Podemos, que ahora muchos echan de menos. Y, en cualquier caso, todo depende de que la abstención sea alta y penalice al PSOE, porque en ese caso todo se va al carajo por la maldita ley de D´Hondt.

Los partidos del bloque progresista hacen cuentas y comprueban que las matemáticas no engañan: la división penaliza y una candidatura única mejoraría los resultados en unas generales

Marcos López

Entre 8 y 16 escaños más. Esa sería la mejoría de la izquierda en las próximas elecciones generales si se aplica la fórmula Rufián. “Quiero ganar provincia a provincia a Vox”. ¿Qué quiso decir el dirigente de Esquerra, ayer en la sala Galileo, donde se puso la primera piedra para refundar la nueva izquierda? Matemáticas, ingeniería electoral. La división/fragmentación penaliza. De ahí que Rufián haya propuesto una idea que empieza a ilusionar al votante: en cada territorio, la fuerza nacionalista o regionalista dominante concurre en solitario, pero todas ellas se coordinan políticamente como un bloque estatal. Con ese sistema, las fuerzas progresistas y de derechas se equipararían. 

¿Hablamos de una simple fórmula matemática o de un proyecto posible? Los datos cuadran. En Cataluña concurre ERC; en País Vasco EH Bildu; en Galicia el BNG; y en Aragón la Chunta Aragonesista (CHA). En el resto del Estado, una marca común. Esto generaría un grupo parlamentario estatal construido a partir de candidaturas territoriales independientes.

El sistema español (Ley D’Hondt más circunscripción provincial) premia la concentración territorial del voto; la coherencia de marca dentro de cada provincia; y la competencia interna reducida entre partidos afines. Pero el sistema penaliza a las minorías, de tal forma que en algunas circunscripciones es preciso obtener el 15 por ciento de los votos para obtener un diputado. La Constitución estableció esa fórmula para premiar al bipartidismo. Hoy el sistema no tiene sentido.

Una candidatura única por territorio tendría varios efectos, el primero una subida en el número de sufragios y escaños para el bloque progresista. El segundo, la consolidación del voto nacionalista/regionalista, algo que sin duda le interesa a Rufián. En provincias donde estas fuerzas compiten entre sí o con partidos ideológicamente cercanos, la unificación reduce la fragmentación; evita que votos se pierdan por no alcanzar el listón mínimo y aumenta la probabilidad de obtener el último escaño en disputa. En provincias de 3-6 escaños, donde la barrera real penaliza, una candidatura única puede convertir votos antes insuficientes en representación. Además, en las grandes circunscripciones como Madrid y Barcelona la izquierda podría mejorar mucho sus resultados. En la capital del país, Más Madrid podría robarle 2 escaños a Vox y uno al PP; ERC también aumentaría su granero en Cataluña.

Aunque cada partido mantenga su identidad territorial, el bloque resultante tendría más escaños agregados, mayor capacidad de condicionar investiduras y presupuestos y un perfil más homogéneo en el Congreso.

En Cataluña, la unificación del voto soberanista podría aumentar escaños en provincias como Tarragona o Lleida. En Barcelona, la competencia con PSC, Sumar y Junts seguiría siendo determinante, pero la concentración podría mejorar el rendimiento marginal. Sin embargo, Ada Colau, referente de los comunes, advierte de que es preciso sentarse y hacer números para que “no se pierda ni un solo voto”. La fórmula podría ser bajo el paraguas de la confluencia. En País Vasco, EH Bildu ya compite principalmente con PNV. Una candidatura única no se plantea aquí, pero la coordinación estatal podría reforzar su peso en Madrid. En Galicia, el BNG suele tener un rendimiento muy eficiente en A Coruña y Pontevedra. Una candidatura única consolidaría voto disperso y podría mejorar opciones en Lugo y Ourense. En Aragón el CHA tiene un voto más limitado. Una candidatura única podría permitirle recuperar representación en Zaragoza si se sumara voto afín que hoy se dispersa entre otras fuerzas.

¿Qué tipo de efectos cuantitativos cabría esperar? Sin entrar en predicciones numéricas, los efectos típicos de un bloque así serían: aumento neto de escaños por reducción de la competencia interna; mayor eficiencia del voto en provincias medianas y posible entrada en provincias donde hoy no se obtiene representación. Mayor visibilidad estatal y capacidad de negociación. En provincias medianas, la unificación puede traducirse en un 1 o 2 por ciento adicional de voto (hasta un escaño más). En provincias pequeñas, la unificación puede ser la diferencia entre entrar o no entrar.

En términos comparativos, experiencias similares (como coaliciones territoriales coordinadas) suelen ganar entre un 10 y un 30 por ciento más de escaños respecto a la suma por separado, dependiendo de la fragmentación previa y del tamaño de las circunscripciones. El rendimiento final dependería de la participación, la competencia con otras fuerzas progresistas o nacionalistas, la percepción pública de la alianza y la capacidad de mantener identidades territoriales sin diluir el mensaje común.

 

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