Comentario: Pedro Sánchez es, sin la menor duda, el mejor presidente que ha tenido hasta ahora la democracia española. Y sino, que la derecha extrema y la extrema derecha (llenas de fanáticos y de odio) nos expliquen quién, además de él, ha tenido los suficientes cojones para enfrentarse a ese yanqui fascista de Elon Musk.
Sánchez ha dejado claro en la India que si lo que se rompe es la democracia, el precio de la innovación es sencillamente inasumible
Pedro
Sánchez en la ceremonia inaugural de la Global AI Impact Summit 2026 | Foto: Pool
Moncloa
La Inteligencia Artificial no es ya una
cuestión de ciencia ficción, sino de soberanía y supervivencia institucional.
Durante la IV Cumbre de Impacto de la Inteligencia
Artificial en la India, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha buscado posicionar a España no solo
como un adoptante entusiasta, sino como el arquitecto moral de un nuevo orden
digital. Su mensaje fue nítido: el progreso sin ética no es más que una ruta
acelerada hacia el fracaso democrático.
La tesis de Sánchez descansa sobre una premisa de humanismo tecnológico. Para el presidente del Gobierno,
la IA posee un potencial "sin precedentes" para expandir el
bienestar, pero advierte que las salvaguardias actuales son apenas diques de
arena ante un tsunami. La preocupación central no es el código en sí, sino su
propiedad. El riesgo de una concentración extrema de poder en
manos de un puñado de gigantes tecnológicos amenaza con desplazar el interés
general en favor de agendas privadas opacas.
Doble respuesta
La estrategia propuesta por España para mitigar estos riesgos es bifronte.
En el plano doméstico, el Gobierno saca pecho de su Carta de Derechos Digitales y de la creación de la
primera agencia supervisora de IA en suelo europeo, hitos que le han valido el
reconocimiento de la OCDE como líder en administración pública digital. Sin
embargo, Sánchez es consciente de que un algoritmo no reconoce fronteras.
Por ello, el llamamiento hacia una gobernanza global liderada por
la ONU es el eje de su doctrina exterior. Al aplaudir la
creación del Panel de Expertos de Naciones Unidas, cuya reunión inaugural
aspira a acoger España, el Ejecutivo busca institucionalizar la vigilancia
sobre la IA. El temor al desplazamiento masivo de
puestos de trabajo, que según estimaciones oficiales podría afectar
al 50 % de los roles administrativos básicos, exige una respuesta que ningún
Estado puede articular en solitario.
Ética del algoritmo
La ambición de España por ocupar la vanguardia tecnológica no
se limita a la burocracia eficiente. La reciente cumbre sobre IA Responsable en
el Ámbito Militar, celebrada en suelo español, subraya una realidad incómoda:
la tecnología de combate autónoma ha llegado para quedarse. Aquí, el desafío es
asegurar que el uso de algoritmos en el campo de batalla cumpla estrictamente
con el derecho internacional. La apuesta es por una
"soberanía tecnológica" que no renuncie a la seguridad, pero que se
niegue a ceder el control humano sobre las decisiones de vida o muerte.
Silicon Valley contra la Moncloa
Este esfuerzo regulador ha colocado a Sánchez en una trayectoria de
colisión directa con los barones de Silicon Valley, personificada en su
agrio enfrentamiento con Elon Musk. El propietario de X ha
escalado su retórica, calificando al presidente español con epítetos que rozan
lo incendiario tras las medidas de Madrid para exigir responsabilidad editorial
a las redes sociales y restringir el acceso a menores.
Sánchez, lejos de retroceder, ha calificado las respuestas de Musk como "zafias y amenazantes". El fondo de la
disputa es ideológico y sistémico. La reciente petición al Ministerio Fiscal
para investigar a plataformas como X, Meta y TikTok por la difusión de pornografía infantil generada por IA eleva el tono
de una batalla que ya no es solo dialéctica, sino judicial.
En última instancia, la posición de España en el sexto lugar mundial en
competitividad de IA es un activo que el Gobierno pretende canjear por
influencia política. El objetivo es una IA que sea "segura, transparente y
en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible". En este gran
tablero geopolítico, Madrid ha elegido su bando: el de la regulación estricta
bajo el paraguas multilateral, desafiando la máxima de Silicon Valley de
"moverse rápido y romper cosas". Para Sánchez, si lo que se rompe es
la democracia, el precio de la innovación es sencillamente inasumible.
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