Comentario: Estoy preparando unos escritos sobre el caso Montoro. En unos días los podrán leer.
Con toda probabilidad el Partido Popular ha sido (y es) el partido más
corrupto de Europa. Los casos más graves de corrupción en nuestro país han sido
protagonizados por sus dirigentes, empezando por Aznar que llegó a la
Presidencia de Castilla y León en julio de 1987, después de hacerle una campaña
detractora burda y miserable con acusaciones falsas a quien era presidente
Demetrio Madrid. Éste para no dañar a la institución, aun sabiendo de su
inocencia dimitió el 29 de octubre de 1986. Como se esperaba, fue absuelto por
el Tribunal Superior de Castilla y León en enero de 1990.
Así fue como Aznar empezó “su brillante carrera política”, que entre
otras cosas nos llevó de forma ilegal y con mentiras a participar España en la
Guerra de Irak. Por este motivo, nuestro país fue objetivo del atentado
terrorista del 11 de marzo del 2004, con el resultado de 192 fallecidos y 1.856
heridos. Sin embargo, con toda la gravedad de lo ocurrido, al respecto, no ha
sido juzgado y mucho menos condenado.
Su sucesor Mariano Rajoy, perdió la Presidencia del Gobierno, mediante una
moción de censura que le presentó, el Grupo Socialista el 31 de mayo del 2018.
Se votó al día siguiente y al obtener la mayoría absoluta, Pedro Sánchez pasó a
ser el presidente del gobierno. La referida moción, fue como consecuencia del
llamado caso Gürtel, en el que estuvo a nivel general implicado el Partido
Popular, demostrándose las muchas “mordidas” que de las empresas recibía, lo
que permitió al PP afrontar las campañas electorales, con mucha ventaja en modo
dopaje con el resto de las organizaciones políticas. Algo que electoralmente
debería estar penalizado, lo mismo que ocurre con los deportistas que realizan
este tipo de comportamientos, y son desposeídos de sus títulos y trofeos.
En los papeles del mencionado caso Gürtel, a título individual aparecen
varios dirigentes que, fraudulentamente, se beneficiaron de diversas cantidades
de dinero, entre otros un tal M. Rajoy. Pues bien, sorpresivamente aún “no se
sabe quién es este señor”.
Éste fue sustituido no como presidente del gobierno, pero si del Partido
Popular, por Alberto Núñez Feijóo, que tiene como “gran mérito”, haber sido
amigo del narcotraficante Marcial Dorado, que junto como otros de su misma
calaña, tantos daños causaron durante las décadas de los años 80 y 90 a muchos
jóvenes gallegos. Por ese motivo fue sentenciado y condenado a diez años de
presidio. Sería el colmo que el más que indecente Feijóo llegue a presidir el
Gobierno de nuestro país.
Son muchas (demasiadas) las indecencias cometidas por Feijóo, entre otras
la de apoyar a Carlos Mazón, responsable por su negligencia de gran parte de
las 230 víctimas, que se produjeron durante la DANA que asoló el 29 de
octubre a la Comunidad Valenciana con devastadoras lluvias torrenciales.
Inexplicablemente, le sigue manteniendo en su cargo de diputado de Las Cortes
Valencianas en el Grupo del Partido Popular, y como presidente del PP
Valenciano.
Igualmente viene apoyando al alcalde de Badalona Xavier García Albiol,
conocido por sus comportamientos y medidas reaccionarias en contra de la
población inmigrante de su municipio, llegando a expulsar de un instituto que
estaba abandonado a 400 sin darles la posibilidad de alojamiento habitacional.
Las conductas indecentes de Feijóo para llegar a la Moncloa no tiene
límites. En este sentido, no ha tenido reparos en compartir con el fascista
Vito Quiles, el acto de cierre de campaña de las pasadas elecciones autonómicas
de Aragón, con el pretexto de que Vox no le quitara votos al Partido Popular.
Para él todo le vale, no puso ninguna objeción a que el referido Vito Quiles,
expusiera que Pedro Sánchez debería ser colgado en un pino. Es muy inquietante
el ascenso de la fascista extrema derecha de Vox, pero, también lo es que, le
haga causa común, el reaccionario Partido Popular.
Son muchos más los casos de corrupción protagonizados por dirigentes del
Partido Popular, siendo de los más destacados el de Esperanza Aguirre que, para
lograr presidir la Comunidad de Madrid, en junio del 2003 se apoyó en dos
tránsfugas del PSOE, Eduardo Tamayo y María Teresa Saez.
Pero sin duda el caso de corrupción más grave (por ahora), ha sido el que
protagonizó el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro, cuando aprovechándose de
su cargo institucional, se dedicó a legislar y aprobar leyes a la carta que
beneficiaban a las empresas que, previamente acudían a recabar beneficios
fiscales a través del despacho de Equipo Económico que al respecto había
creado.
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