Comentario: ¿Cómo estaría España
sino hubieran aparecido los privatizadores de nuestros mejores entes? Cuánto
tenemos los españoles que agradecer a D. Felipe González Márquez y al “señoro”
Aznar (“el muñeco Luciano”). Especialmente nuestros jóvenes.
Para los jóvenes chinos comprar una vivienda es una etapa normal de la vida adulta.Freepik
Uno de los contrastes más llamativos entre China y muchos países europeos
aparece cuando se analiza el acceso de los jóvenes a la vivienda. En China, más
del 70 % de los jóvenes vive en una vivienda de su propiedad. En España, en
cambio, la mayoría de los menores de 35 años tiene que alquilar a precios
abusivos o sigue viviendo con sus padres, y la compra de la vivienda se retrasa
cada vez más.
Esta diferencia no se explica solo por factores culturales o demográficos.
Tiene mucho que ver con el modelo económico, el papel del Estado y, en el caso
chino, con una concepción humana de su base socialista donde el derecho a una
vivienda digna ocupa un lugar central.
Aunque China es hoy una gran potencia económica, no por ello ha dejado
todavía de ser un país en desarrollo que ha salido de la pobreza extrema
recientemente. A pesar de ello, el objetivo principal, lejos de tratar de
maximizar los beneficios privados, es garantizar el bienestar social y
satisfacer las necesidades básicas de la población.
Aquí entra en juego la orientación social china hacia el bienestar, donde,
dentro de la libertad de mercado, el Estado mantiene la dirección de los
sectores estratégicos y orienta la economía hacia objetivos sociales. La
vivienda es uno de esos sectores estratégicos.
La idea defendida por Xi Jinping, de que "las
viviendas son para vivir, no para especular", resume bien
este enfoque. El mercado libre existe, pero el Estado interviene para evitar
que la vivienda se convierta en un activo financiero desconectado de los
salarios y del trabajo.

Amplia oferta frente a escasez estructural
Uno de los mayores contrastes con España es la oferta de vivienda. En
China, cuando una ciudad crece o atrae población joven, la respuesta habitual
es construir. Nuevos barrios, distritos completos y grandes promociones
residenciales aparecen con rapidez porque el suelo es público y el Estado
dirige la planificación urbana.
En España, el suelo está en gran medida en manos privadas y la construcción
depende casi por completo de incentivos de mercado. Esto genera una oferta
rígida, especialmente en las grandes ciudades. El resultado es desastroso:
pocos pisos disponibles, con precios muy altos y una competencia feroz entre
compradores y arrendatarios.
Para un joven chino, la probabilidad de encontrar vivienda nueva en su
ciudad es alta. Para un joven español, el acceso depende de un mercado
limitado, caro y dominado por la especulación.
Trabajo, salarios y capacidad real de endeudamiento
Otro punto clave es la relación entre empleo y vivienda. En China, la
política económica ha priorizado la creación de empleo urbano estable. Sectores
como la industria avanzada, la tecnología, la logística o los servicios
modernos absorben a millones de jóvenes cada año.
Esto se traduce en ingresos regulares y previsibles, lo que facilita el
acceso a hipotecas. Aunque existe una diversidad de salarios, también existe
diversidad de viviendas lo que favorece una relación más directa entre sueldo y
precio de la vivienda, facilitando el acceso universal.
En España, el problema no es solo el precio de la vivienda, sino la
precariedad laboral. Contratos temporales, salarios bajos y carreras laborales
inestables dificultan que los jóvenes puedan endeudarse a largo plazo, incluso
cuando el pago mensual de una hipoteca podría ser similar al de un alquiler.
En la práctica, se dá el caso de jóvenes españoles que pueden pagar un
alquiler elevado, pero no cumplen los requisitos para comprar. En China ocurre
lo contrario y con un empleo estable, lo razonable es aceder a una hipoteca.
Hipotecas y regulación financiera
El sistema financiero chino también refleja su orientación social. El
crédito hipotecario está fuertemente regulado y enfocado principalmente a la
vivienda habitual. Las condiciones suelen ser claras, con plazos largos y
cuotas que no desbordan el salario medio urbano. La deuda está vinculada al
trabajo y a ingresos reales, no a expectativas especulativas de revalorización
infinita.
En España, por el contrario, el recuerdo de la burbuja inmobiliaria ha
endurecido el crédito, pero sin resolver el problema de fondo de unos salarios
bajos frente a unos precios de la vivienda disparatados. El resultado es un
bloqueo del acceso a la propiedad para los jóvenes.
El fondo del problema
La diferencia de fondo entre ambos países es tristemente tan sólo
ideológica. En China, la orientación social hacia el bienestar humano no se
limita al discurso oficial. Se expresa en la planificación, en el control del
suelo, en la orientación del crédito y en la prioridad otorgada a la vivienda
como bien de uso.
En España, la vivienda funciona mayoritariamente como un activo de mercado.
La lógica dominante es la rentabilidad, tanto para propietarios como para
inversores. El Estado interviene poco y tarde, y casi siempre cuando el
problema ya es grave.
Que más del 70 % de los jóvenes en China sean propietarios de su vivienda
no es una casualidad ni fruto de supuestas diferencias culturales. Es el
resultado de un modelo social que respeta las reglas del mercado, pero donde el
Estado favorece al acceso a la vivienda garantizando el empleo de los jóvenes,
regulando el crédito e impulsando una oferta amplia de viviendas.
La comparación con España pone en evidencia que el problema que tenemos de
la vivienda no es inevitable. Depende de decisiones políticas. Mientras en
China la vivienda se concibe como un derecho de los jóvenes, en España sigue
tratándose, en gran medida, como un producto financiero. Esa diferencia explica
por qué para los jóvenes chinos comprar una vivienda es una etapa normal de la
vida adulta, y para muchos jóvenes españoles, un objetivo cada vez más lejano.
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