Wikipedia

Resultados de la búsqueda

domingo, 29 de diciembre de 2024

28/12/2024 - ADIÓS, MALDITO 2024

JUAN CARLOS MONEDERO 28/12/2024

Los ciclos de la tierra, esos que nos invitan a pensar pegados a la naturaleza, dando vueltas sobre algunas rutinas, sabiendo que dormimos y amanecemos, que llegamos y nos vamos. Que nos permiten otear certeza duras, como que apenas nos recordarán, si acaso alguien nos recuerda, un puñado de años, igual que es muy probable que nuestras bibliotecas terminen en una tienda de segunda mano -donde alguien sabrá que teníamos libros que nunca abrimos-. Que los amores y los desamores los repetirán en su misma gloria y su mismo drama los que lleguen (seguro que con menos torpezas), que otros se marcharán y otros regresarán al gran invento de dioses y paraísos, de apellidos y revoluciones donde todo seguirá su rueda infinita. O no, y entonces ¿será mejor o peor?

Un día -en verdad, unos cuantos cientos de miles de años- se desarrolló nuestra capacidad de entender. E igual que entendemos, aprendimos a olvidar. Es muy intuitivo vislumbrar que, durante millones de años, nuestros antepasados solventaron los retos de la vida con el cuerpo que tenían. No les fue mal porque sobrevivieron. Cuando el cerebro evolucionó -hace nada en el viaje de la humanidad- ese cuerpo, acostumbrado a mandar, no le entregó los mandos a la compleja arquitectura de neuronas recién llegada, esa capaz de asombrarse a sí misma. Descartes se equivocó, nos dijo el neurobiólogo Antonio Damasio sobre los hombros de Spinoza. Para ser, primero sentimos y luego, solo luego, pensamos. Siento luego existo. Sentimos más deprisa que pensamos y luego, el pensamiento evalúa lo sentido, a menudo para justificar lo que ya sabemos. Puedes pensar mucho y pensar mal.

La noche invita a la reflexión esperando que al día siguiente amanezca, y nos despedimos del ciclo de las estaciones sabiendo que hay un día, el solsticio de invierno, en el que los días del hemisferio norte empiezan de nuevo a hacerse más largos. Las religiones con su gran teatro vinieron después. Desde las culturas megalíticas, hace más de 5000 años, hacemos planes para el nuevo ciclo. Un rayo de sol se cuela entre las piedras y soñamos.

Los años se despiden con promesas de futuro. Unos, como Trump, aprovechan para amenazar con las siete plagas al planeta; la gente más normal se promete mejorar, en lo físico, en los conocimientos o, lo que siempre es más consolador, intentando ser mejores personas. No es verdad que seamos constantes haciendo deporte después de enero, ni que le dediquemos a los idiomas el tiempo que reclaman. ¿Cuánto nos dura la voluntad de ser menos egoístas?

2024, con algunas salvedades, ha sido un mal año para la bondad. Es verdad que la indignación es una señal de que no se nos ha anestesiado la capacidad de asombrarnos con la maldad. Pero sabe a poco. No estamos a la altura. Ni en lo individual -yo, lo tengo bastante claro, no lo estoy-, ni como sociedades. En España, intentamos corregir el rumbo con el 15M y los cinco millones de votos de Podemos. Pero nos doblaron el brazo. Hoy, todo aquello está en guerra fratricida. Una amplia mayoría andamos alejados del fragor -como en mi caso, aunque lo vivo como una derrota-, Pablo Iglesias se ha reinventado como empresario mediático y hostelero que se divierte categórico en las televisiones y pone nombres atrevidos a los cocktails en tanto en cuanto resucita Emiliano ZapataAlberto Garzón celebra la llegada de un ISIS maquillado a Siria; Errejón creyó que bastaba calcular, ser frío como el mármol y tener aliados en La Sexta y PRISA para que pusieran su nombre a una calle; la Ministra de Sanidad, Mónica García, renuncia a ser la Juana de Arco de la sanidad pública cerrando Muface (un privilegio antiguo para los funcionarios); y Yolanda Díaz volvió a demostrar que los dioses primero ciegan a quienes quiere perder. Mientras el PSOE sufre lo que no le pasaría si no hubiera mirado a otro lado cuando los jueces destrozaban a Podemos.

EEUU camina al matadero arrasando todo en su camino de balcanización del mundo. Europa le sigue sin rechistar, China puede dar un zarpazo si se le incomoda en exceso, Rusia hace de tapón, África se desangra, en Asia ha empezado el incendio y América Latina tiene demasiado cerca al decadente y desesperado imperio. En América Latina, por lo menos, han aprendido a resistir y a veces les sale. Los que venden armas están ganando más dinero que en la Segunda Guerra Mundial.

2024 se marcha y que los dioses lo confundan. Deja muchos escombros. Ni las desigualdades de clase -la pobreza, el riesgo de exclusión, la falta de sanidad y de educación-, ni las de género -todo lo que acompaña a la violencia contra las mujeres, a las desigualdades laborales, a los privilegios de nosotros, los hombres-, ni las de raza -el mundo del Sur, que se hunde y se ahoga lentamente, que sufre la extensión de las guerras y que emigra-, ni la devastación medioambiental, ni el crecimiento de los monopolios tecnológicos -con la Inteligencia Artificial (IA) como una amenaza inminente- ayudan a mejorar el paisaje. Maldito 2024.

El genocidio en Gaza, que se está extendiendo por Oriente Medio, inaugura la era de la hegemonía de Israel en la región, que es otra manera de decir que la hegemonía de EEUU en la zona la va a garantizar un capataz sin escrúpulos al que ya no le queda una célula de humanidad. Demasiadas escuelas, hospitales, centros de refugiados, colas de alimentos, niños y niñas reducidos a cenizas significan haber quemado las naves de cualquier compasión. En los campos de exterminio, suicidarse era una opción de humanidad. Enfrente de esa gente decente que no quería sobrevivir sobre nadie, estaban los judíos de la zona gris, los que colaboraron con el exterminio de los suyos, los kapos que colaboraban con los nazis. Hoy, el Israel de Netanyahu es el Kapo de los EEUU. ¿Cuánta gente se estará suicidando en el ejército israelí? Los nazis tienen buenos alumnos en sus antiguas víctimas.

La ruta atlántica de la emigración camino de las islas Canarias ya tiene el palmarés de muerte. La Unión Europea ha subcontratado el control de la frontera sur a países donde los derechos humanos son inexistentes. Esas películas de sicarios, mafias, policías migratorias, bandas, violaciones, abusos, secuestros, centros de prostitución que han poblado el cine de frontera en EEUU hoy tienen lugar en la ruta de Canarias. La bestia, esos trenes de la muerte camino de la frontera norte, son hoy las pateras que han llevado a la muerte este año a más de diez mil personas, 30 cada día -cada día-. 30 seres humanos que se han montado en esas cáscaras de nuez porque en sus países se pensaban ya muertos.

En España, este 2024, hay 1000 mujeres bajo protección por amenazas de violencia de género.. Y han sido asesinadas 45 mujeres, además de nueve menores, muertos como la forma más extrema de hacer daño a las parejas o antiguas parejas. Hay hombres que -perdonen- parece que tuvieran declarada una guerra civil a las mujeres (es la imagen de crueldad descarnada que muestran los testimonios de la página de Instagram de Cristina Fallarás, tantas dentro de las propias familias, tantas a menores, donde no solo se habla de violencia física, sino también de violencia psicológica, esa que ejerces y no siempre reconoces cuando hay situaciones de poder). La derecha desprecia esa violencia y dice que no existe. En la izquierda -masculina- nos sabemos la teoría, pero no siempre nos sabemos la práctica. Vivir en el privilegio no nos hace ser siempre conscientes del daño que causamos. Una parte importante de la democracia pendiente vendrá del feminismo. A los hombres nos queda mucho que aprender -siguiendo la reflexión en primera persona, a mí me queda mucho que aprender-, y mientras se reajusta la sociedad, lo que sin duda generará grietas de asentamiento que tendremos que evaluar, pongámosle toda la inteligencia y la sensibilidad de la que seamos capaces (ha habido casos recientes que han ayudado al debate), también pensando más allá de nuestras fronteras.

El drama de la DANA en València y las evitables 231 víctimas, han demostrado varias cosas (como si no bastara la experiencia de tantos otros sitios). Que renta tener políticos de altura y no chisgarabís elegidos más por el odio a los otros que por sus cualidades; que solo lo público puede dar respuestas a los grandes desafíos; que el calentamiento global no se solventa con indemnizaciones sino cambiando el modelo; que la derecha va a utilizar cualquier crisis para mentir y barrer para casa; y que la gente siempre es la que saca las castañas del fuego cuando la cosa está caliente. 2024 no ha avanzado nada para evitar el calentamiento global. Ya no caben más discursos huecos. Si los políticos no tienen claros los datos, la ciudadanía tampoco -Sánchez ha hablado, como si fuera factible, de subidas de la temperatura de 3º, ignorando que eso implicaría temperaturas en España de 60º, incompatibles con la vida-. Vamos a tener que acostumbrarnos a otro tipo de vida. Y la Inteligencia Artificial debiera ayudarnos a ello, no a que locos como Elon Musk terminen de reventar el planeta.

2024 ha sido el último año antes de que la IA extienda sus tentáculos inaugurando un nuevo mundo. La IA sabe todo lo que hemos aprendido los seres humanos desde que existen registros. Lo ha leído todo, visto todo, escuchado todo. Y al igual que ya no nos sabemos apenas números de teléfono ni los conductores las calles, la forma en que hemos conocido hasta ahora va a cambiar. La lectura sosegada, el conocimiento detenido, la reflexión profunda van a ser sustituidas por alguien que sabe todo lo que se puede saber de manera pública hasta 2024. Pero que no se ha detenido a pensar cómo vamos a conocer a partir de ahora. Nunca van a hacer más falta las humanidades. ¿Les haremos caso en 2025?

"Y si ya no puedo creer que nada sea verdadero ¿por qué sigue viniendo la luz de la luna a rielar sobre la hierba?", escribía Pessoa. Feliz 2025 y que ustedes, pese a todo, puedan ver cada noche la luz de la luna batir la hierba.

 

23/11/2024 - LAS SORPRESAS QUE SE VA LLEVAR DONALD TRUMP

MOISÉS NAÍM 23/11/2024

¡Cuando al primer ministro Británico Harold Macmillan un periodista le preguntó qué podría descarrilar su naciente Gobierno, se dice que respondió “events, dear boy, events!”. Tenía razón. Los presidentes recién electos llegan al poder cargados de planes y promesas, pero lo usual es que su agenda se desvíe para responder a eventos que nadie había anticipado. Donald Trump y su Gobierno no son inmunes a esta tendencia. Sin duda, el enorme poder político que le han dado los votantes al presidente Trump y los vastos recursos del sector público estadounidense, le darán al Gobierno un amplio margen de maniobra. Aun así, es probable que una variedad de crisis, tanto internas como internacionales, sacudirán a la nación y requerirán del Gobierno respuestas y reacciones que no estaban en sus planes.

La más obvia de estas es la emergencia climática. Ya es normal que los medios reporten de alguna parte del mundo —de Siberia a Nueva York— acerca de los catastróficos efectos de incendios incontenibles y feroces huracanes. También nos informan del número de fatalidades, de los enormes costos materiales de estos accidentes climáticos e, inevitablemente, de lo inadecuadas que son las instituciones a cargo de responder a estas tragedias. La incompetencia gubernamental en este ámbito es un fenómeno global. Esta incompetencia es en parte debida a lo novedosos que son los retos que se le plantean a las burocracias públicas que están a cargo de responder a las emergencias. En todas partes, las organizaciones, leyes, tecnologías y presupuestos con los que cuentan los organismos públicos que se ocupan de esto son obsoletos. Además, la repuesta gubernamental se complica debido a la polarización del debate acerca del cambio climático. Según Donald Trump, por ejemplo, la alarma por el calentamiento global y sus efectos son fraudes inventados por China para quitarle competitividad a las empresas estadounidenses. La columnista del diario Financial Times Gillian Tett escribe que, durante la reciente campaña electoral, Trump desdeñó la emergencia y les dijo a sus seguidores que no se preocuparan, que el cambio del clima “solo serviría para crear más propiedades frente al mar”.

Esta postura de Trump contrasta con el hecho de que cerca de la mitad de las viviendas en Estados Unidos están ahora expuestas a eventos climáticos extremos, según reporta Tett.

Las investigaciones sobre el calentamiento global concuerdan en que la frecuencia y costos de estos eventos irá en aumento. Estas tendencias no se van a revertir y cabe esperar que en los próximos años Trump se verá obligado a dedicar ingentes recursos públicos, no en apoyo a su agenda, sino a responder a emergencias climáticas.

Otra distracción para la Administración Trump podría ser una pandemia como la que produjo la covid-19. “La próxima pandemia: No sí, sino cuando” es el título de portada de una reciente publicación de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. Los expertos no saben cuándo va a ocurrir, ni cuál es el virus que la podría desencadenar, pero concuerdan en que los gobiernos no están preparados para responder con la velocidad y los recursos necesarios. El nombramiento de Robert F. Kennedy Jr. como secretario de Salud de la Administración Trump es muy reveladora: es conocido por sus denuncias contra las vacunas y su promoción de medicinas sin respaldo científico. Que sea él quien quizás dirija los esfuerzos del Gobierno en caso de que ocurra una pandemia sería una letal distracción.

La economía también puede sorprender al mundo y al Gobierno de Trump. Ya nos hemos acostumbrado a que, periódicamente, un país o un sector específico, como la construcción, por ejemplo, entre en crisis. Las vulnerabilidades económicas preexistentes tales como los enormes y crecientes déficits fiscales, las frágiles redes de suministro, la azarosa economía china o los anémicos mercados europeos y los costos de la guerra de Rusia en Ucrania, así como la de Oriente Próximo, señalan algunas de las principales fuentes de inestabilidad. A estas amenazas hay que añadir la guerra comercial entre Estados Unidos y China que Trump anuncia reiteradamente, el recorte de los impuestos que pagan los más ricos, la drástica reducción del tamaño del Gobierno y la eliminación de ciertas regulaciones al sector privado. Todos estos cambios crean un ambiente lleno de consecuencias no anticipadas que limitarán la acción gubernamental.

Trump también podría ser sorprendido por la capacidad de sus adversarios para usar el sistema judicial para atrasar o hasta bloquear algunas de sus iniciativas. Si bien el éxito electoral del presidente le abre posibilidades que sus predecesores recientes no tuvieron, cabe recordar que el sistema judicial estadounidense es altamente descentralizado y que los jueces gozan de gran autonomía. Algunos de ellos podrían sorprender a Trump con decisiones que afectan negativamente la agenda del presidente.

Y, finalmente, está la geopolítica: desde un Oriente Próximo ya en ebullición hasta un estrecho de Taiwán cada vez más estrecho, la seguridad del planeta es precaria. Trump cree que desestimar a la OTAN y alardear de su admiración por Putin es un pasatiempo sin consecuencias. Pero ¿y si no lo fuese?

Los entusiastas admiradores de Donald Trump suelen suponer que su líder es inmune a los vaivenes de la política y de la historia. Esa ilusión les durará poco.

 

12/10/2024 - LA LOCURA ARMAMENTÍSTA

MOISÉS NAÍM 12/10/2024

En un mundo plagado de amenazas que van desde el cambio climático y las pandemias hasta el auge del crimen organizado y de guerras que pueden cambiar nuestra civilización, una cifra destaca por su magnitud y sus implicaciones: 2,4 billones de dólares (unos 2,2 billones de euros). Este es el monto que el mundo gastó en armamento y preparativos militares en 2023, una suma tan astronómica que desafía la comprensión inmediata. El gasto militar creció casi un 7%, el mayor aumento en los últimos 15 años, según el SIPRI, un respetado think tanksueco especializado en asuntos militares.

Esto va más allá del aumento natural de la producción y el comercio internacional de armas, estimulado por las guerras en curso en Ucrania y Oriente Próximo. Y no es solo el armamentismo sin precedentes del mercado de armas convencionales. El desatado gasto militar también tiene una componente nuclear. De acuerdo con un preocupante reportaje de The New York Times, Estados Unidos está invirtiendo montos inéditos de su presupuesto para remplazar sus misiles Minuteman, que han llegado al final de su vida operativa. El Pentágono invierte sumas enormes en nuevas armas, incluyendo el bombardero B-21, y en sofisticados sistemas de comando y control. Rusia está desarrollando misiles hipersónicos, como el llamado Avangard, y novedosos sistemas de torpedos nucleares. El Kremlin ha anunciado que el año próximo planea aumentar su gasto militar en un 25%. En tanto, China está desarrollando nuevos sistemas de misiles intercontinentales, e India invierte en el Agni V, un misil balístico con alcance de miles de kilómetros, y otras armas nucleares transportadas en submarinos.

América Latina no se queda atrás, lo que hace pensar que no se trata sencillamente de un reajuste ante las guerras en curso. Chile y Brasil están comprando buques rompehielos y fragatas. Brasil se ha impuesto como meta desarrollar un submarino nuclear antes de 2030, y está comprando obuses de 155 mm. Brasil, Paraguay y Perú están gastando millones para poner al día sus unidades blindadas. Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú han estado comprando helicópteros a Rusia.

Cada segundo que pasa, el mundo gasta más de 77.400 dólares en armas y ejércitos; con cada tic del reloj, el gasto en la mejora o el aumento de los servicios públicos es recortado y aplastado por la locura armamentista que estamos viviendo.

Este gasto colosal no es un fenómeno aislado. Desde hace años, la tendencia en el gasto militar es al alza: de 1,98 billones de dólares en 2020 a 2,44 billones cuatro años después, según el SIPRI. Este incremento persistió incluso durante la pandemia de la covid-19, un periodo en el que los sistemas de salud de todo el mundo operaban al borde de la insolvencia.

Las consecuencias de este gasto se hacen evidentes cuando consideramos lo que se hubiese podido lograr con esos recursos. Con el gasto militar de un solo día (6,13 millones de dólares) se podrían construir más de 60.000 escuelas en países en desarrollo, según los datos de la UNESCO. El gasto militar global en 2022 fue casi nueve veces la cifra que se necesitaría cada año para erradicar el hambre en el mundo en 2030, de acuerdo con los cálculos de la FAO. Y es que el simple aumento del gasto de 2022 a 2023 (203.000 millones de dólares) supera el producto interno bruto de más de 130 países.

El impacto de esta locura armamentista va más allá de lo militar o financiero. Las fuerzas armadas son responsables de aproximadamente el 5,5% de las emisiones globales que contribuyen al cambio climático, superando las emisiones anuales de países como Japón o Alemania, según un estudio publicado por el grupo Scientists for Global Responsibility.

Mientras los líderes mundiales justifican ese gasto citando las amenazas a la seguridad nacional y la necesidad de modernización de sus arsenales, cabe preguntarse si estamos realmente más seguros. ¿Qué tan confundidas tienen que estar nuestras prioridades para creer que la solución a los conflictos entre países es el aumento del gasto militar?

El argumento según el cual gastar más en defensa contribuye a la paz, ya que disuade a potenciales países agresores, es débil. La historia está llena de ejemplos de guerras que estallaron independientemente de las asimetrías que había en el gasto militar de los contrincantes.

En un mundo donde cada centavo cuenta, cada dólar gastado en armas es un dólar que no es invertido en el futuro de la humanidad. Es hora de repensar nuestras prioridades. La paz y la seguridad no se logran solo con gastos de defensa.

Ningún país que obre solo puede actuar eficazmente para contener el desbocado gasto militar. Se necesita de la colaboración internacional. Lograr que esta colaboración ocurra no es fácil. Pero los estadistas de altura saben que tampoco es imposible.

 

27/10/2024 - LA GLOBALIZACIÓN EN RETIRADA

MOISÉS NAÍM 27/10/2024

Los ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales de más de 191 países se han reunido en Washington estos días. Esta reunión la organizan anualmente el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Como siempre, mucho más interesantes que los discursos públicos fueron las conversaciones en los pasillos.

Este año, un fantasma recorrió esos pasillos: el fantasma de la desglobalización. La ola global de populismo, las fricciones comerciales, las restricciones a la inversión extranjera y la hostilidad hacia la inmigración han venido ganando terreno. El proteccionismo está en auge.

Esto hay que lamentarlo, porque a pesar de las frecuentes denuncias contra el comercio internacional, la experiencia con el proteccionismo es mucho peor: es el empobrecimiento de todos, sobre todo de los más vulnerables.

Esto no quiere decir que la globalización carezca de defectos. Entre sus principales fallas están el haber contribuido a la desigualdad en la distribución de la riqueza y los ingresos y el no haber ofrecido, hasta ahora, respuestas a gran escala para contener la emergencia climática. Esto, sin embargo, no debe impulsar a los gobiernos a adoptar posturas proteccionistas y aislacionistas. Más bien hay que trabajar para corregir estos problemas sin perder los beneficios generados por el comercio entre naciones.

Las barreras comerciales, manifestación principal de la desglobalización económica en marcha, se presentan en forma de aranceles y regulaciones que entraban el comercio. En Estados Unidos, muchos de los aranceles impuestos por Donald Trump durante su presidencia fueron sigilosamente mantenidos por Joe Biden, prueba clara de que, en este ambiente político, nadie se atreve a enarbolar la bandera de la liberalización comercial. En estos tiempos, calificar a alguien de “globalista” es un insulto.

La desglobalización no solo afecta a la movilidad de bienes y capitales, sino también al de las personas. El cierre de fronteras y las políticas antinmigratorias reflejan otro aspecto de este retroceso. En Estados Unidos y en Europa se ha instalado un clima político en el que se demoniza la inmigración y se asocian los flujos migratorios con amenazas a la seguridad, y a la estabilidad económica. Esto se traduce en un trato más restrictivo hacia los migrantes, quienes a menudo son utilizados como chivos expiatorios de problemas económicos y sociales que nada tienen que ver con ellos. No se trata de tolerar fronteras sin control, aceptar continuas crisis migratorias o esperar que muros, cercas y agentes armados contengan las mareas de inmigrantes. Se trata de tener políticas migratorias realistas y más influidas por el análisis racional que por el oportunismo político.

Así, el intento de cerrar fronteras se convierte en un símbolo más de la desglobalización, y quienes más sufren son los más vulnerables, que huyen de crisis humanas y colapsos económicos solo para enfrentarse a nuevos obstáculos.

Por ejemplo, el Brexit, un desaforado acto de autolesión económica para Reino Unido, introdujo nuevos controles que impusieron barreras significativas a los exportadores británicos y europeos por igual. Los retrasos en aduanas y los costes adicionales afectan a empresas que alguna vez se beneficiaron del acceso fluido a un atractivo mercado común. En la misma línea, la creciente retórica nacionalista en Europa dificulta cada vez más las inversiones extranjeras, y los fracasos de las políticas migratorias nutren los resultados electorales de los partidos de la ultraderecha radical.

El proceso de desglobalización es gradual, e inicialmente no es fácil detectar cómo se va perdiendo el dinamismo económico y social. A medida que las barreras al comercio, la inversión y la movilidad de personas aumentan, las cadenas de suministro globales se fragmentan, los precios suben y las economías de los países en desarrollo se vuelven más vulnerables. Los trabajadores y las pequeñas empresas, que dependen de un flujo constante de bienes y capital, se ven atrapados en el fuego cruzado, enfrentando la incertidumbre de un sistema económico que se vuelve cada vez más cerrado y excluyente.

Quienes alguna vez prosperaron gracias al comercio internacional afrontarán el estancamiento, el desempleo y la falta de oportunidades. Los aumentos de costos que aparecen cuando se imposibilita el comercio y se restringe la movilidad humana irán socavando la prosperidad de familias trabajadoras que, muchas veces sin saberlo, dependen de la integración global para su bienestar.

Aún estamos a tiempo de cambiar de rumbo. Revertir estas tendencias y restaurar un enfoque de cooperación internacional, que incluya tanto el comercio como la inversión y la movilidad humana, podría evitar un empobrecimiento generalizado y devolver al mundo a un camino de prosperidad compartida. El reto es reconocer el error que estamos cometiendo antes de que sea demasiado tarde.

 

08/12/2024 - LA ANTIPOLÍTICA ES UN VENENO

MOISÉS NAÍM 08/12/2024

Estar en el poder —o cerca del mismo— siempre fue una ventaja para los candidatos en busca de votos. Ya no. Este 2024 fue el primer año en el cual el partido en el poder vio caer su porcentaje de votos en todas y cada una de las elecciones que se llevaron a cabo en los países desarrollados del mundo. Algo inaudito.

No se trata sencillamente del cambio pendular entre derechas e izquierdas que siempre ha marcado a las sociedades democráticas. Se trata de un cambio más profundo, en el cual cada vez más electores apoyan a partidos muy alejados de los consensos fundamentales que sustentan la estabilidad democrática. Se decantan por extremismos marcados no tanto por su tendencia ideológica sino por su rechazo visceral contra todos quienes hayan manejado —o manejan— el poder.

Se trata de la antipolítica: el desprecio generalizado no por este partido o aquel líder, sino por el sistema político como tal. Bajo la bandera de aquella pinta porteña —¡que se vayan todos! —, la antipolítica se convierte en un nihilismo politizado, una desconfianza férrea contra el poder que imposibilita la convivencia democrática.

Es un fenómeno global parecido a una pandemia política. En Europa, la extrema derecha ha pasado de ser un fenómeno marginal a ser una de las principales fuerzas políticas en Austria, Francia, Hungría, Italia, los Países Bajos, Polonia y Suecia. Figuras antisistema se han hecho con el poder en Argentina, Colombia, El Salvador y México.

El etnonacionalismo ha tomado el poder y socavado las instituciones democráticas en Israel, la India y Turquía. Hasta Canadá se apresta a elegir a un populista de derecha como primer ministro.

El analista norteamericano Martín Gurri describió claramente lo que venía en La rebelión del público, su libro de 2014. Gurri advertía que internet desestabilizaría las democracias de Occidente al visibilizar y energizar los descontentos que siempre habían existido en la sociedad. El resultado, advertía, sería una profunda crisis de autoridad producto de una esfera pública en la que todo el mundo está furioso con el Gobierno todo el tiempo, y mientras más extremo sea el discurso del outsider, más cala en el electorado.

Es así cómo debemos interpretar el triunfo político de Donald Trump. Lo que está pasando en Estados Unidos ocurre dentro de un contexto global en el que el más estridente siempre lleva la ventaja.

Martín Gurri argumenta que no es que la gente se haya enfadado repentinamente contra sus gobernantes, sino que las nuevas tecnologías digitales potencian la frustración que siempre ha existido y exacerban el conflicto. Además, en muchos casos, ya no hay vías de retorno al arreglo informativo de antaño. Antes, los pueblos solían aceptar pasivamente lo que las élites en control del Estado, del aparato informativo y de las fuerzas armadas decidían transmitirles. Ese mundo se fue y no volverá.

Lo que no ha desaparecido son las crecientes expectativas de los votantes. En todas partes estas están aumentando a una velocidad superior a la que crece la capacidad del Estado para satisfacerlas.

Así, los gobiernos se ven obligados a operar en sistemas políticos en los cuales cada vez hay más grupos y hasta líderes individuales que han adquirido la capacidad de bloquear las iniciativas de sus rivales. Estas vetocracias —como las llamó Francis Fukuyama— tienden a ser paralizantes, ya que actores políticos con poder de veto pueden bloquear las iniciativas de sus rivales a pesar de no contar con el poder necesario para imponer su propia agenda.

El resultado es el juego político estancado y un gran descontento de la población que se expresa a través del apoyo electoral a los candidatos que más agresivamente despotrican en contra del statu quo. En un mundo en el cual todo el que esté descontento tiene un megáfono, los electorados van dando tumbos ciegamente de extremo a extremo impulsados únicamente por el imperativo de adversar a quien gobierna.

Frente a estos desafíos, la respuesta no es abandonar la democracia, sino actualizarla. Las instituciones deben evolucionar para ser más transparentes, competentes y participativas, rompiendo las distancias entre gobernantes y gobernados. Iniciativas como los presupuestos participativos, los referéndums locales y las asambleas ciudadanas pueden acercar la toma de decisiones a la gente, reduciendo la brecha de desconfianza ante estos grupos. Al mismo tiempo, hay que fortalecer los mecanismos de control y equilibrio para garantizar que incluso los líderes más populistas respeten los principios democráticos. El descontento no se va a acabar, ni se va a callar, pero sí se puede canalizar para generar una manera más efectiva de gobernar. No va a ser fácil, pero hay que intentarlo.

 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

25/12/2024 - UNA NOTA SIMPLE

Leyendo y releyendo artículos de unos cuantos periódicos independientes (de los otros: La Razón, ABC, El Mundo, El Español, Okdiario, Libertad Digital, etc., etc., lo mejor es no mirarlos) veo como esos grupos de extrema derecha -en España, Vox- no dejan de coger “carrendilla” (como decíamos de pequeños) hacia un futuro poco halagüeño para las “libertades” (las comillas son porque la libertad de que gozamos es más bien relativa, pero bueno…). De seguir así, países como Francia, Alemania, los del antiguo Benelux, los nórdicos y todos los del Este de Europa incorporados a las democracias occidentales, se verán pronto envueltos en esa maldita magnitud de una Dictadura al estilo de las de aquellos tiempos anteriores y posteriores a la II Guerra Mundial hasta no hace mucho. Hungría y Polonia son dos ejemplos de lo que se nos puede venir encima. Sinceramente, pienso que la solución para no tener que volver a tiempos pasados pasa por algunos motivos que todos conocemos como es el de implementar políticas verdaderas de izquierda por parte de los gobiernos de los países antes citados que traigan más bienestar a todas las clases sociales y no sólo -como hacen ahora- con las clases privilegiadas. La pobreza relativa y la pobreza extrema que tienen muchas personas de toda Europa -con España a la cabeza, al parecer- no es de recibo y, con total seguridad, alimenta a esos grupos neonazis como Vox, y no para de promocionarlos y hacerlos cada día más peligrosos para una normal convivencia en el futuro.

Pero, además, creo que hay algo que todos los gobiernos que se consideren democráticos -aunque la mayoría no lo sean del todo, como es bien sabido- deberían, sin pérdida de tiempo, abordar su imposición a los ciudadanos: la retirada de esa Red Social del fanático nazi americano Elon Musk (X) que sólo sirve para infundir bulos y mentiras, pero que tienen mucho que ver cuando hay Elecciones, sobre todo, entre los más ignorantes que, por cierto, en España y en otros países son, por desgracia mayoría. Hay mucho analfabeto funcional desgraciadamente, y eso lo aprovechan los neonazis todo lo que pueden como se está viendo en media Europa. Está más que claro que sin esa Red X, en USA no iría a gobernar, próximamente, un “loco fanático de extrema derecha millonario gracias a sus expolios” (con más de 30 delitos por juzgar que se quedarán en nada) que resulta un peligro muy presente para el mundo total, aun a pesar del declive que está viviendo el Imperio Yanqui, actualmente superado por China en lo económico y quién sabe si también en lo tecnológico. Y con los rusos superándolos también en el apartado armamentístico.

Lo reitero -aunque yo nunca he estado en esa Red- con toda mi fuerza y toda mi convicción: ¡¡¡Tienen que salirse de esa Red X ya!!! Y a los que no quieran salirse, pues que el Gobierno -que puede hacerlo- se encargue de prohibir en España esa mierda de Red Social. Otros ya lo han hecho.

Próspero 2025 para todos. Por supuesto, sin X y sin ninguna otra mierda de Red Social americana.

 Ángel Morillo Triviño 25/12/2024

   

25/12/2024 - EL ATAQUE DE MAGDEBURGO Y LA DESINFORMACIÓN DE LA EXTREMA DERECHA

MIQUEL RAMOS 25/12/2024

Melvin Schwede había acudido a la localidad alemana de Henstedt-Ulzburg, al norte de Hamburgo, donde el candidato de Alternativa por Alemania (AfD), Jörg Meuthen, ofrecía un mitin. Se topó con una protesta antifascista en las inmediaciones, y, tras varios intercambios de insultos, cogió su coche y arrolló a varios manifestantes. Sucedió en 2020 y el autor del atropello, que dejó varios heridos, fue juzgado hace justo un año, condenado a tan solo tres años de prisión, ya que la jueza consideró que no tenía intención de matar. Schwede imitó a James Alex Fields Jr., otro neonazi que, en 2017, usó su coche para arrollar una protesta antifascista en Charlottesville, Estados Unidos, matando a Heather Heyer. Este, sin embargo, fue condenado a cadena perpetua.  

Hace tan solo dos años, en 2022, la policía alemana realizó una macrooperación contra el terrorismo neonazi y detuvo a veinticinco personas, entre las que se encontraba una política del partido AfD y el tesorero de sus juventudes en Sajonia. La organización era conocida como Reichsbürger (Ciudadanos del Reich) y planeaba un golpe de Estado. Hace tan solo dos meses y medio, en noviembre de 2024, otra operación policial desmantelaba un nuevo grupo neonazi alemán que planeaba una revuelta armada para establecer un territorio nacionalsocialista en el este del país.

Desde hace ya varios años, las autoridades alemanas advierten de que la principal amenaza violenta en el país viene de la extrema derecha, y que las cifras de los delitos de odio relacionados aumentan considerablemente. Al mismo tiempo, los partidos ultraderechistas siguen cosechando éxitos a lo largo del planeta, también en Alemania, donde AfD no hace más que subir en las encuestas y se prevé que mejore sus resultados en las próximas elecciones el próximo mes de febrero. La violencia de extrema derecha es un fenómeno global, y el auge y la normalización de sus discursos no hacen más que empoderarla.

El terrible ataque perpetrado la pasada semana por un hombre contra un mercado navideño en Magdeburgo, Alemania, que se ha cobrado la vida de varias personas y decenas de heridos, ha sido de nuevo objeto de numerosas hipótesis y relatos enfrentados. Un hombre de origen saudí, ateo y autodefinido como ‘el crítico más agresivo de la historia contra el islam’ en una entrevista de 2019 al Frankfurter Allgemeine Zeitung, arrolló con un vehículo a varias personas que visitaban un mercadillo navideño. Al-Abdulmohsen había abandonado su país natal hacía años y ejercía como psiquiatra en Alemania. Se había dedicado, además, a facilitar la huida de ciudadanos de Oriente Medio apóstatas del islam a otros países, tal y como contó en una entrevista a la BBC en 2019.

Sus redes sociales no dejan lugar a dudas sobre su obsesión con la supuesta islamización de Europa, el mantra global de la extrema derecha actual, con mensajes pidiendo ejecutar a Angela Merkel por considerarla cómplice. Su perfil en la red social X, cuya imagen de portada es un subfusil automático, está todavía activo y lleno de propaganda islamófoba, proisraelí y de extrema derecha. Al mismo tiempo que alerta obsesivamente sobre la islamización de Europa, critica que Alemania y otros países europeos no dan asilo a refugiados de Oriente Medio que huyen del islam. Uno de los perfiles que más promociona el atacante de Magdeburgo en su cuenta de X es el de Salwan Momika, activista islamófobo sueco que protagonizó la quema del Corán y que es un ferviente defensor de Israel. También hay mensajes de alabanza al partido AfD, a Elon Musk o al líder ultraderechista e islamófobo de los Países Bajos, Geert Wilders.

Aun así, su país de origen y el haber elegido un mercado navideño como objeto del ataque, ha servido a la extrema derecha para llevar a cabo una nueva campaña de desinformación que trata de vincular al islam y la migración con el terrorismo y relacionar este ataque con el yihadismo. Miles de cuentas se han lanzado a desmentir su apostasía y hasta su islamofobia, manifestada reiteradamente en sus apariciones en medios de comunicación y en sus redes sociales. Todo, dicen, es una tapadera, porque en realidad era un musulmán que se hacía pasar por ateo para infiltrarse en la sociedad occidental y cometer este atentado.

En el caso de Al-Abdulmohsen, sus posturas anti-islam, dice la extrema derecha, no eran más que un disfraz. Y para reafirmar esta teoría aluden a la Taqqiya, esto es, una licencia islámica para esconder la fe. Esto, que se promulgó para escapar de las persecuciones a las que eran sometidos los creyentes, es resignificado ahora por los ultraderechistas para atribuir una velada adscripción a la fe islámica a toda persona originaria de países árabes o de tradición musulmana, aunque su vida y sus propias declaraciones demuestren su lejanía de esta doctrina, e incluso, en el caso del atacante de Magdeburgo, su radical y obsesiva oposición. Esto no hace más que poner bajo sospecha a millones de personas, a nuestros vecinos y vecinas, que, según la extrema derecha, nunca serán de fiar por mucho que se alejen de la fe islámica. Ni siquiera los que les dan apoyo.

Otra de las supuestas pruebas que esgrimen los ultraderechistas para atribuir una velada adscripción al islam del atacante es la elección del objetivo, esto es, un mercado navideño. La intención sería entonces atacar un espacio cristiano, como si a estos mercadillos tan solo fuesen devotos, o como si las fiestas navideñas y los mercadillos no estuvieran prácticamente ya desacralizados, celebradas y concurridos por ateos y por todo tipo de personas independientemente de sus creencias. ¿Por qué no eligió una mezquita?, claman los islamófobos para reforzar su argumento. Primero, porque es posible que no pudiese entrar a toda velocidad con su coche al templo. Y segundo, y creo que lo más obvio, porque el objetivo era atacar un lugar masificado y causar el mayor daño posible.

El mismo autor de los hechos había manifestado en sus redes en diversas ocasiones su intención de hacer pagar a Alemania su supuesta laxa actitud con el islam y su maltrato a las personas que llegan al país huyendo de este. Sin embargo, su alusión a las personas refugiadas ha servido para que la ultraderecha use estos mensajes como una supuesta prueba de la vinculación del atacante con la defensa de las personas refugiadas, obviando que tan solo aludía a quienes abandonaban la fe islámica y huían de determinados países, y acusaba al gobierno de dar asilo únicamente a musulmanes, sirviendo a su plan de islamizar Europa.

En el conjunto de excusas que tratan de desvincular al perpetrador de las ideas de extrema derecha subyace una premisa: era refugiado, venía de un país islámico y, por lo tanto, lo lleva en la sangre. Es una cuestión racial, aunque lo disfracen de “cultural”. La idea es que no pueden escapar de ello. Es indesligable de su raza y de su religión. Aunque este atentado se ha cometido en nombre de las mismas ideas que defiende la extrema derecha: su odio al islam, a las personas musulmanas y a los políticos por permitir la supuesta islamización de Europa. Para la extrema derecha, el pecado y la maldad se llevan en la sangre.

Este relato sigue al dedillo las viejas teorías conspirativas que usaron los nazis contra los judíos, a quienes acusaban de traidores, mentirosos y artífices de un plan para conquistar, someter y destruir Europa. Exactamente lo mismo que hoy promulgan los principales propagandistas de la extrema derecha sobre las personas musulmanas, con la teoría del 'Gran Reemplazo' o del 'plan de Kalergi' como telón de fondo, como los nuevos 'Protocolos de los Sabios de Sion' que han encontrado un nuevo chivo expiatorio para su modelo de sociedad racista y excluyente. La islamofobia ocupa hoy el lugar que hace un siglo ocupó el antisemitismo, y usa exactamente las mismas tácticas y conspiraciones para deshumanizar, demonizar y excluir a una parte de la población. Esto no excluye el antisemitismo que, en el fondo, profesan todos estos ultras, pues detrás de todas sus conspiranoias siempre aparece, casualmente, un judío, como su token favorito, un George Soros, por ejemplo.

Sin embargo, el aval democrático con el que cuentan estos herederos ideológicos de los nazis y la normalidad con la que las democracias liberales han aceptado su inclusión, promoviendo su propia destrucción, no augura nada bueno. Este terrible suceso es uno más de los que instrumentaliza la extrema derecha, que se apresuró a salir a la calle y tratar de capitalizar el duelo y la rabia. Aunque se desmonten sus bulos, el sesgo de confirmación sigue funcionando. Es más, cuando la motivación del atacante coincide con las ideas de las extremas derechas, llegan las dudas, lo de hilar fino, el incisivo y correspondiente análisis psicológico que nunca se aplica cuando el autor es tildado de yihadista, viene de cualquier país no europeo y dice actuar en nombre del islam. Entonces no hay dudas. No hay problemas mentales ni confusión alguna.

Esta lluvia fina de odio y desinformación va calando en una sociedad cada vez más indolente frente a esta ofensiva neofascista que se empeña en poner dianas sobre determinadas personas. Los analistas que tan claro sentencian cuando el autor de cualquier ataque tiene determinadas características, hoy cogen con papel de fumar este nuevo caso. No sea que culpemos sin razón a la extrema derecha de promover el odio.

Al final dará igual que el autor sea un ultraderechista, que se sucedan las operaciones policiales contra el terrorismo neofascista y que sea hoy la principal amenaza para la seguridad. Al mismo tiempo, ganan elecciones. ¿Lo que digan hoy los medios convencionales y las autoridades? Pura conspiración, manipulación y ocultación de la verdad para que los ultraderechistas no lleguen al poder. Con tanta prudencia y tanta equidistancia ante el odio y sus consecuencias, cualquier opción, cualquier verdad, le será rentable a la ultraderecha

 

lunes, 23 de diciembre de 2024

TRES TENDENCIAS SUBTERRÁNEAS

MOISÉS NAÍM  

Las fuerzas que cambian al mundo no siempre son visibles. Algunas son producto de cambios graduales, subterráneos, que modifican todo sigilosamente hasta que, de repente, descubrimos que el mundo que conocíamos ya no existe. Actualmente, están proliferando eventos de alto impacto que no reciben la atención que merecen. De esta lista de inestabilidades, destacan tres: la despoblación global, la criminalización del Estado y la fragilidad de China.

Los países con mayores ingresos se están despoblando. Cada vez más, las tasas de fertilidad han caído muy por debajo de lo requerido para contener el declive poblacional. La ONU estima que en 2080 habrá más personas mayores de 65 años que jóvenes menores de 18. Además, un estudio de The Lancet proyecta que para el año 2100, 183 de 195 países tendrán tasas de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo. Esto tiene su lado positivo, pero cuando las tasas de natalidad son excesivamente bajas se generan presiones sociales y políticas difíciles de manejar. Un caso extremo es el de Corea del Sur, donde las mujeres tienen en promedio 0,78 hijos. Esto derivará en una sociedad desbalanceada, con un número ínfimo de trabajadores que deben sostener a una masa inmanejable de ancianos. Muchos otros países avanzados van por el mismo camino.

La segunda tendencia es el auge de gobiernos que adoptan estrategias, tácticas y modos de operar que son típicos del crimen organizado. La criminalización del sector público es una tendencia mundial y al alza.

Crecientemente, cuerpos policiales y de seguridad del Estado, militares, jueces, centros carcelarios, aduanas y controles fronterizos están bajo el control de bandas que manejan inmensos recursos financieros, poder político, redes internacionales y el uso de la violencia. Un significativo grupo de organizaciones criminales ha pasado de operar a nivel nacional a actuar regionalmente y, en algunos casos, mundialmente.

El aumento de la violencia suele acompañar el auge de la criminalidad organizada y enquistada dentro de los gobiernos. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo revela que América Latina pierde hasta el 3,44% de su PIB por crimen y violencia, más del doble de lo que se dedica a la asistencia social.

El crimen organizado —con frecuencia asociado con gobiernos autocráticos— tiene enorme presencia en África, Asia, Eurasia y los Balcanes.

Los carteles de la droga en México controlan grandes extensiones del territorio nacional y operan en Sudamérica, Norteamérica y Europa, al mismo tiempo que las bandas narcoguerrillas colombianas, y nuevas bandas criminales en Venezuela extienden sus operaciones por toda la región.

Los organismos públicos encargados de enfrentar esta amenaza se están viendo desbordados, mientras que los carteles criminales gozan de una influencia sin precedentes.

La tercera tendencia que merece más atención de la que ha tenido es la fragilidad de la economía china. Hasta hace pocos años, se discutía cuándo superaría la economía china a la estadounidense. Hoy, nadie habla de eso. La atención se ha desplazado hacia los desequilibrios fiscales y financieros de China, las impopulares medidas que el Gobierno deberá tomar para estabilizar su economía y la grave amenaza de una posible guerra comercial con Estados Unidos. La situación económica de China no es sólida. Su tasa de crecimiento del PIB ha caído significativamente, pasando de 9,5% entre 2000 y 2010 a 2,2% en 2020 y 3% en 2022, muy por debajo del objetivo oficial de alcanzar el 5,5% de crecimiento. El aumento de los aranceles de EE UU a los productos importados desde China asestaría un fuerte golpe a la economía del gigante asiático.

Inevitablemente, el malestar económico afecta la estabilidad política. Por más que China sea una férrea dictadura, con el poder altamente concentrado en su líder, Xi Jinping, el riesgo de inestabilidad existe. El descontento interno crece: tan solo en un mes, el pasado octubre, el grupo China Dissent Monitor registró 435 protestas públicas, la cifra más alta desde que se llevan registros. Poco después, el Gobierno obligó a maestros, a funcionarios públicos y a ejecutivos a depositar sus pasaportes en las oficinas de las autoridades locales. Esta es, claramente, una muestra del grado de preocupación que hay en los altos centros de poder. Nada temen más los líderes chinos que perder el control de calles y plazas y los centros urbanos.

A pesar de esta fragilidad, China mantiene fortalezas estratégicas muy importantes. Su enorme tamaño y más concretamente su mercado interno, su alta competitividad internacional, inmensa capacidad manufacturera y su control de minerales críticos para la economía digital le otorgan ventajas significativas. Los embargos impuestos por China a la exportación de estos minerales indispensables, por ejemplo, causarían estragos en la economía global.

China no necesita convertirse en la primera potencia mundial para generar inestabilidad en el resto del mundo. Este mundo también sufre de gran inestabilidad: entre otras cosas, por la despoblación y la criminalización de los Estados. Las tendencias subterráneas no ocurren de forma aislada: se influencian entre sí, potenciando sus efectos.

Y estos efectos no se pueden ignorar. Ya están con nosotros.

 

23/12/2024 - EL PROBLEMA DE SER FACHA

DAVID TORRES 23/12/2024

Ser facha nunca ha sido fácil, pero en estos tiempos resulta especialmente duro, ya que a menudo te toca comerte unas contradicciones como ruedas de molino. Por ejemplo, como buen facha, eres cheerleader de Franco, con tus pompones y tus banderitas, pero lo de Hitler da un poco de palo, por lo del Holocausto y tal. Entonces te inventas que Hitler era socialista pata roja, como si Franco hubiese ganado la guerra civil él solo y la Legión Cóndor le hubiese echado una mano a los aviones que Stalin envió en ayuda de la república en lugar de bombardear Guernica. Ser facha supone convivir a diario con estas gilipolleces sin que te estalle la cabeza, más que nada porque en la cabeza de un facha hay sitio para aparcar de sobra. 

Este fin de semana los fachas han tenido que echar mano de todas sus tragaderas intelectuales y morales para comerse un marrón del tamaño de Sebastopol y seguir adelante con los faroles. Sucedió cuando el viernes un vehículo atropelló a una multitud en Magdeburgo causando cinco muertos y más de doscientos heridos: el facherío se frotaba las manos al ver que tenían entre las manos otro atentado yihadista que apuntalaba su campaña para expulsar a los musulmanes de Europa. En principio soltaron que el terrorista era de origen sirio y difundieron varios videos de yihadistas aplaudiendo el atentado, cuando en realidad eran grabaciones antiguas de ciudadanos sirios celebrando la caída de Bashar al Assad.

La teoría yihadista cobró aliento al conocerse el nombre del autor del atentado, Taleb al-Abdulmoshen, un médico de origen saudí que emigró a Alemania en 2006, fue reconocido como refugiado diez años después y trabajaba de psicólogo en un correccional de Bernburg. Sin embargo, la teoría empezó a irse a pique cuando se supo que Taleb no sólo era un disidente saudí perseguido por el régimen sino un apóstata del islam absolutamente crítico con su antigua religión, contrario a la islamización de Europa y obsesionado con el desvergonzado apoyo que occidente presta a la dictadura de su país de nacimiento.

Para colmo, Taleb se declaraba simpatizante sionista, defensor del exterminio palestino y admirador de Netanyahu, vamos, que podían nombrarlo lugarteniente de Vox cualquier día de éstos para hacerle compañía a Bertrand Ndongo en su papel de Tío Tom, sólo que con kufiya. Cuando se publicaron los mensajes en los que Taleb repetía las consignas de Elon Musk, de Alex Jones, de la líder del AfD, Alice Weidel, y de otros cabecillas ultraderechistas, los fachas comprendieron aterrados que el asesino era uno de los suyos y que el bumerán islamófobo volvía para pegarles en toda la boca.

El propio Elon Musk, que aún no ha estrenado su sillón en la administración estadounidense, lanzaba un mensaje al gallinero de Twitter donde advertía que sólo el AfD (los neonazis de toda la vida) podía salvar a Alemania. "La izquierda está loca. Necesitamos a la AfD para proteger a la policía de sí misma", había escrito Taleb en su cuenta de Twitter. Una vez más la realidad enmendaba la plana a la paparrucha, un supuesto atentado yihadista tenía todas las etiquetas de la extrema derecha y los fachas corrían como pollos sin cabeza. ¿Qué hacer entonces?

Lo de siempre, es decir, negar la realidad, inventarse unos hechos alternativos con los que darle la vuelta a la verdad y seguir instalados en sus mierdas racistas. ¿Cómo iba a ir contra el islam un musulmán de nacimiento? ¿Cómo iba a haber abjurado del islam y a declararse neonazi un tipo nacido en Arabia Saudí que había matado a cinco personas y herido a otras doscientas y pico a golpe de automóvil? Muy sencillo, se trataba de un yihadista que llevaba fingiendo un personaje durante casi dos décadas, un maestro de la taqiyya, que es el término con que la doctrina islámica permite la simulación para llevar a cabo acciones terroristas.

En el embutido mental que alberga un facha en la cabeza no cabe la posibilidad de que los musulmanes sean nazis, pese a ejemplos históricos tan evidentes como el encuentro entre Hitler y el Gran Muftí de Jerusalén en 1941 o la 13ª División de Montaña SS Handschar, formada exclusivamente por voluntarios musulmanes bosnios y croatas para luchar contra los partisanos de Tito en Yugoslavia. Lo más sencillo es pensar que la Policía alemana y toda la prensa europea está encubriendo un atentado yihadista mediante el procedimiento habitual de Musk, Trump y Abascal: mentir con descaro y esperar que los tontos se lo traguen. Lo mejor es que este birlibirloque ideológico permite suponer, de paso, que Adolf Hitler también era un comunista disfrazado de nazi, otro maestro de la taqiyya a quien se le fue la mano con el teatrillo.

 

23/12/2024 -- PODEMOS IMPORTA. Y MUCHO

 JUAN TORTOSA 23/12/2024

Agoreros de toda clase y condición vienen anunciando la muerte de Podemos desde el mismo día, 17 de enero de 2014, en que este proyecto político se dio a conocer. El sistema se percató enseguida que lo que significaba esta iniciativa política no era precisamente una broma, que sus análisis eran profundos y sus propuestas ponían el dedo en la llaga. El bipartidismo y la monarquía corrupta, la banca y el empresariado supieron ver pronto que las reflexiones y diagnósticos de aquellos profesores universitarios calaban porque manifestaban exactamente lo que buena parte de la ciudadanía sentía y pensaba en aquellos momentos. Había que cargárselos pues, matarlos, acabar con ellos. Aquel maldito espejo de Blancanieves les estaba diciendo que existía alguien más guapo. Intolerable. 

Y a ello se pusieron. Casi once años después, los más de veinte casos judiciales abiertos contra diferentes miembros de la formación con cualquier pretexto, pero siempre sin fundamento, han quedado en agua de borrajas como no podía ser de otra manera. Los dos últimos, el caso Neurona y el caso Niñera, acaban de cerrarse por fin dejando claro que todo fue una patraña urdida para arruinarles la vida a quienes habían osado poner en solfa las inercias de la manoseada Transición, los acuerdos que durante décadas habían dejado vivos en las instituciones a buena parte de los herederos de la dictadura. Algunos nunca dejaron de asomar la patita y otros, desde que han decidido quitarse las caretas en los juzgados, la policía, el ejército o los periódicos, están consiguiendo acorralar a los miembros socialistas de un gobierno que nunca supo verlas venir hasta que no les ha tocado a ellos.

Como sigamos así, la jaula de grillos que es hoy el Parlamento podría convertirse más pronto que tarde en una bañera de pirañas. Recordaba el otro día Gabriel Rufián, recién elegido mejor orador del año, cómo hace ya doce, “una diputada del PP dijo en el Congreso “que se jodan” durante un debate en el que se hablaba del paro y de parados. Aquello fue un escándalo, se le sancionó y ella y su partido tuvieron que pedir perdón. Hoy se aplaudiría, se jalearía y hasta se harían camisetas con la frase”.

Aún así, las encuestas de estos días certifican una vez más que Podemos, ese muerto que tantos han querido matar tantas veces, goza de buena salud. Ahora solo disponen de cuatro diputados en el Congreso, es verdad, pero se trata de cuatro votos tan válidos como los siete de Junts o de Esquerra, los seis de EH Bildu o los cinco del PNV. Cuatro escaños sin los que no se puede hacer nada. Cuatro votos que Ione Belarra y sus compañeros usan para cumplir con lo que sus votantes esperan de ellos: conseguir avances sociales, luchar contra la desigualdad o poner pie en pared frente a las injusticias. Algo que en Sumar no han sabido hacer. O no han querido, vaya usted a saber.

La última humillación sufrida por la ministra de Sanidad, plegándose con el asunto Muface a una decisión contraria a su voluntad política, deja a Mónica García en muy mal lugar. Sumar nunca fue nada y ahora es mucho menos. Si mantiene alguna expectativa de voto es gracias a la incondicional militancia de Izquierda Unida, que sigue dentro porque no sabe qué hacer con su vida. Y mientras tanto en Podemos, cada vez que habla Irene Montero le tiemblan las piernas a más de uno, cada vez que Ione Belarra interviene en el parlamento deja más en evidencia la tibieza de un Gobierno de coalición algunos de cuyos miembros, empezando por el presidente, están empezando a sufrir el mismo tipo de ataques que soportaron tantos responsables de Podemos mientras los socialistas miraban para otro lado.

Y hete aquí el panorama actual, los mismos cañones que dispararon contra el partido morado andan ahora copando telediarios y primeras páginas con Ábalos, Aldama, Koldo, Begoña… los mismos que acosaron en su casa durante meses a un vicepresidente y a una ministra del gobierno están yendo ahora a por todas contra el entorno familiar y político del presidente. Puede que Pedro Sánchez se haya dado cuenta ya que se equivocó apostando por intentar hundir a Podemos. Sus cuatro diputados y los postulados políticos que estos defienden le son a día de hoy más necesarios que nunca, sobre todo desde que en Junts han decidido hacerle descarados ojitos al PP.

Más vale que nadie baje la guardia. Como sostiene mi admirado Javier Leizaola, “vienen curvas y toda alerta será poca”. Feliz Navidad.